Las tuaregs Les Filles de Illighadad nos hipnotizaron

Las tres mujeres en el introito vocal étnico./CARLOS Gª AZPIAZU
Las tres mujeres en el introito vocal étnico. / CARLOS Gª AZPIAZU
El bafle

El Antxiki mixto y multiculti entró en trance y dio palmas y soltó irrintzis durante la actuación de la formación vocal femenina nigerina, que mutó del folk arcaico al blues absorbente y puso al personal en danza

ÓSCAR CUBILLO

El miércoles las mujeres tuaregs Les Filles de Illighadad arrancaron en el Kafe Antzokia su gira española de diez días sin descanso (Bilbao, Oviedo, Vigo, Zarautz, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Huesca, Barcelona y Madrid). Oficiaron ataviadas con velos y trajes de gala (verde, rojo y negro), no con turbantes del algunas de sus fotos de promoción (éste se lo reservó el cuarto miembro, un guitarrista masculino vestido de blanco), y tampoco con los vaqueros que lucen en su Facebook en las fotos de esta gira europea. Actuaron en el Antxiki, ante unas 80 personas que se acercaron y apretaron con más curiosidad que en los conciertos de rock y demás ritmos occidentales, gente de ambos sexos, de amplio abanico de edades y de bastantes razas, pues a menudo se echa de menos a los inmigrantes en los conciertos, pero aquí no faltaron.

Todos los presentes quedaron hipnotizados ante el sonido de las tuaregs, que arrancaron tímidas, retraídas, mirándonos con prevención, y que acabaron bailando, sonriendo, lanzando gritos bereberes tan similares a los irrintzis y arrastrando al respetable a la danza, las palmas y la alegría comunitaria. Eso a pesar de que el arranque pareció arqueológico, con cuatro temas vocales muy folklóricos entonados por ellas tres sentadas, una en el suelo y las otras dos en unos palos que completaban el ‘tende’, el arcaico tambor hecho con piel de cabra. 22 minutos para cuatro piezas monocordes se tiraron así, con una salmodia emparentable con los cantos de los indios en las películas del oeste. Con voces agudas en lengua vernácula tuareg y acompañadas por el tende, las palmas de la joven de rojo más el tambor de agua que golpeaba entonces la lideresa, Fatou Seidi Ghali, en este introito étnico, o prólogo documental a lo National Geographic o aperitivo atávico, Les Filles de Illighadad dieron vueltas a la misma fórmula y la jovezna de rojo se reía tanto a escondidas que se podía pensar que estaban cambiando la letra, improvisando humorísticas. Se reía tanto que a la cuarta canción la lideresa Seidi le dio un golpe y se acabó la parte folklorista.

En cuarteto, con el tuareg en segunda fila y con la lideresa Seidi a la guitarra.
En cuarteto, con el tuareg en segunda fila y con la lideresa Seidi a la guitarra. / CARLOS Gª AZPIAZU

El satisfactorio y creciente concierto de las nigerinas duró 79 minutos para 11 piezas: las cuatro acústico-vocales en trío del introito sentado, y siete más a dos guitarras eléctricas ya en pie y en cuarteto reforzado por Ahmoudou Madassane, el tuareg de blanco colocado en la segunda fila del tablado. Entonces todo creció y tornóse más absorbente hasta alcanzar lo hipnótico. La murga ruló más fluida, más engrasada (el tambor de agua salpicaba tanto que caían gotas sobre los enchufes con peligro de cortocircuito, Seidi se colgó una guitarra eléctrica que se sumó a la del hombre), persiguiendo el groove sahariano guitarrístico de Ali Farka Toure y de su hijo Vieux (ambos malianos, del país vecino, del mismo desierto), engarzándose con el blues arenoso pero sin contaminación occidental de Tinariwen (malianos que comenzaron su grupo en Argelia, escapando de las guerras en su país), evolucionando hacia el boogie de John Lee Hooker con reverberación desértica y con la mística hippie de Canned Heat (sí, el blues americano proviene de África), animándose, soltándose y desinhibiéndose ellas mismas quizá estimuladas por la reacción positivísima y participativa del respetable desde el principio de esa velada de miércoles (la risueña joven de rojo llegó a cantar y a tocar la guitarra), concediendo un bis tras mucho insistir el público, y mostrándose extremadamente lacónicas, pues solo dijeron unas pocas veces ‘merci’, gracias en francés, por la parte final. Una cita exótica que resultó mejor de lo que esperábamos y que superó la media lineal habitual de los tuaregs que nos han visitado (Bombino, Mdou Moctar…).

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