Las tablas y el descaro de Carminho

Carminho, transparente en la estética y el canto /SALA BBK
Carminho, transparente en la estética y el canto / SALA BBK

A la manera de una folklórica lusa, actual y transversal, la diva del fado moderno demostró que puede dominar tanto al fado más sentido como al público más exótico

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Hacía más de un mes que se habían agotado todas las entradas para ver el miércoles en la Sala BBK a la carismática Carminho, la protagonista de la segunda de las cinco sesiones del VII Ciclo Noites de Fado. Entre el respetable había mayoría femenina y el promedio de edad parecía avanzado. Y Maria do Carmo de Carvalho Rebelo de Andrade, nacida en Lisboa hace 33 años, demostró muchas tablas (desde niña conoce el ambiente, pues su madre, otra fadista, tenía una casa de fados y ella lo aprendió todo ahí, escuchando muchísimos fados malos y también buenos), controló al patio de butacas, hizo iluminarlo con focos frontales para ver si sonreíamos (que somos tristes, zanjó la muy descarada), pidió que diéramos la mano a quien nos tuviera enamorado en un truco de casa de fado, recordó que hace años ya estuvo en el mismo local (sí, hace cinco años, cuando tenía 28), hizo pinitos en euskera aunque nos habló en simpático e inteligible portuñol (y así explicó el significado de varias canciones: de Pessoa, de Vinicius, de su amiga Marisa Monte, la del pescador en su barquito en plena tempestad), negó que el faso sea triste y lo definió a su manera («es la forma que tienen los portugueses de traducir sus emociones, el fado es un instrumento que hace respirar al corazón»), alargó varias presentaciones mientras la banda tocaba de fondo (una vez reveló que estaba cansando a sus músicos como una venganza), agradeció con los brazos en cruz las ovaciones y cantó siempre teatral, dramática y sobrada de facultades y sentimiento.

Contando la guitarrada (el instrumental del ecuador), el miércoles sonaron 19 piezas en 96 minutos con el escenario generalmente muy oscuro. A la diva lusa le escoltaron cuatro músicos trajeados y encorbatados, incluso el inusual percusionista, que casi nunca estuvo de más. Mayormente solemne, ora recogida (en los fados más canónicos e introvertidos) ora expansiva (en las piezas más festivas y dinámicas, caso de 'Pechincha', con su animación rítmica y el solo de guitarra portuguesa de aires zíngaros, o 'Marcha de Alfama', con las palmas de la gente –«parecen las fiestas de un pueblo», describió la encantada Natalia-), Carminho, casi tan presumida como un bombero, supo hacer vibrar su garganta (la inaugural 'Lágrimas do céu'), ser delicadísima ('As pedras da mina rua'), salpimentarse tropical ('Saia rodada') y abarcar la canción transversal ('Chuva no mar', la de Marisa Monte).

Además afirmó que aparte de a la gente que la escucha canta también para los dioses (antes de la litúrgica 'Senhora de Nazaré', o sea la Virgen María, la que salva al pescador, en una canción de las más bonitas e inspiradas), con su voz fue penetrante ('Meu amor marinheiro'), nos contó la historia de la María José, la mujer jorobada y enamorada, según Carminho el único personaje femenino ideado por Pessoa ('Bom dia, amor', antes de la cual la muy simpática filosofó sosteniendo: «todos tenemos nuestra joroba invisible»), alcanzó otra cima fadista que la hizo llorar ('DisseI-te adeus') y otra cima más en la siguiente interpretación (la trágica 'Saudades do Brasil em Portugal', la de Vinicius de Moraes, una de las premiadas con bravos), y en el bis, tras asegurar que tanto aplauso y tanta energía era garantía de que volvería, y tras comentar que solo faltaban el vino y las mesas con las velas para convertirse la Sala BBK una casa de fado, la lisboeta Maria do Carmo de Carvalho Rebelo de Andrade entonó una que no suele hacer siempre, sólo cuando se siente a gusto, la titulada 'As penas', título polisémico pues en portugués pena se refiere tanto a las plumas de las aves como a las penas en sí. Qué grande Carminho, una folklórica lusa, actual y transversal con de momento solo cuatro discos, tres de fado y uno de bossa.

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