¿Son o no son Los Sonics?

Los Sonics de 2018 en su segunda visita a Bilbao/TITI
Los Sonics de 2018 en su segunda visita a Bilbao / TITI

El histórico grupo de rock and roll de los 60 The Sonics regresó a Bilbao con un solo miembro original en sus filas: el saxofonista Rob Lind, piloto de caza durante la Guerra de Vietnam

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Por tres conciertos pasamos el viernes en Bilbao y los tres estaban lleno de gente contenta y hasta desatada: feliz y atenta la audiencia transversal (esos niños llorando) que escucharon el recital de Mikel Urdangarin por la tarde en el FNAC (seis canciones de su disco ‘Margolaria’ en 38 minutos sentidos); totalmente salvaje la peña que se agitó (cómo bebían güisqui a morro, cómo coreaban, cómo bailaban pogo…) y que agotó las entradas en el Kafe Antzokia para vibrar al son del punk cáustico de los navarros Lendakaris Muertos (vimos un cacho y nos dio tiempo a dar una palmada en la espalda a su líder, Aitor Ibarretxe, cuando subió al antiteatro para cantar ‘Gora España’ vestido con la camiseta de la selección nacional); y el concierto que nos ocupa, el de los históricos The Sonics (Tacoma, Washington, 1960; se gestaron de adolescentes, ¿eh?), que también agotaron el taquillaje en la sala Stage Live, adonde acudió la roquería en pleno: «no falta ni Dios, estoy saludando a más gente que nunca», le decía a la salida el fotógrafo Dena Flows a la rubísima Amaia, La Reina de La Movida, que acudió embutida en un vestido negro que, oh, tapaba su abrigo de leopardo.

Era la tercera vez que veíamos a los Sonics (la primera en mayo de 2008 en la sala Fever –lo recordamos porque Jaime Hustler el viernes vestía una chula camiseta negra con el cartel de esa velada-, y la segunda en septiembre de 2008 en el Azkena Rock Festival –esto lo hemos comprobado en Google-), y resultó la mejor con diferencia gracias a que la sangre nueva de la alineación (¡Jake ‘El Predicador’ Cavaliere de The Lords Of Altamont a las teclas y la voz!) insufló vigor extra (en 2016 abandonaron el barco otros dos mitos de los años 60: Gerry Roslie, el teclista y vocalista, y Larry Parypa, el guitarrista). De la época mítica solo resiste un miembro, el saxofonista Rob Lind (luego piloto de caza en la Guerra del Vietnam y después de civil en American Airlines), y por eso la gente se preguntaba: ¿son o no son los Sonics?

Imaginamos que sí, pues cosas más raras se han visto (Dr. Feelgood sin ningún miembro original, por ejemplo), y disfrutamos en lo posible de su bolo de 20 temas en 66 minutos intensos y sin tregua, vividos bajo la habitual iluminación neblinosa del local y este viernes con bastante mal acústica, por cierto: apenas se oían las voces, la pelota sónica era poco desentrañable, el pedal fuzz no se imponía entre el ruido… Pero se gozó de la cita desde las primeras filas histéricas hasta el anfiteatro de la primera planta, que se abrió porque la Stage Live estaba a tope.

Alternándose a las voces (el mejor en este papel fue el guitarrista Evan Foster, ejemplo de sangre nueva; el único que no cantó fue el baterista, Dusty Watson, que en su papel tamborero extático fue de lo mejor del combo; y bastante cantó para lo poco que se le oía el bajista Don Wilhelm), el viernes The Sonics fueron desgranando las canciones de sus dos LPs emblemáticos de los 60 (‘Here Are The Sonics’ de 1965 y ‘Boom’ de 1966), que entonces no tuvieron éxito (esa misma década los tipos se retiraron a otros empleos y, ya en el tercer milenio, retomaron el asunto en serio aprovechando su jubilación).

El viernes sonaron clásicos propios versionados en la posteridad por otros cientos de grupos, por ejemplo títulos como ‘Cindirella’ (la primera canción de la lista; se la perdieron varios que llegaron tarde, ¡y eso que era su favorita!), ‘He’s Waiting’ (cantada por Cavaliere, a quien también se oía muy bajo la voz y a quien apenas se vislumbraba en el lateral por las luces), el celebérrimo ‘Psycho’ (cantado y gritado por el público en pleno), y cerrando el bis triple otros dos standards suyos, ‘Strychnine’ (cuando el alto saxofonista salió de las sombras para jalear al personal y vimos que… ¡se parecía al Presidente Trump!) y ‘The Witch’ (la última, en cuya introducción Rob Lind dijo «gracias por ser tan estupendos»).

Sí, la gente se había entregado a modo en todas las canciones. También en las versiones que ya ejecutaban en su época clásicos del rock and roll, ora blanco (‘C’mon Everybody’ de Eddie Cochran) ora negro (‘Lucille’ y ‘Keep a Knockin’’ de Little Richard ambas), guiños al rock de garaje que aún no se llama así (‘Louie Louie’ y ‘Have Love, Will Travel’ escritos por el negro Richard Berry, sendos temas que fueron revisitados con más éxito comercial por los grupos blancos The Kingsmen y The Sonics, respectivamente), o abriendo el bis un muy garajero ‘I Don’t Need No Doctor’ de Ray Charles. Y ya puestos, citemos las otras dos versiones: ‘Money’ de Barrett Strong (revisada también por los Beatles, ya saben), y ‘Dirty Robber’, versión rocanrolera de The Fabulous Wailers, un grupo de la época también de Tacoma.

En una cita en que imperaron el rock and roll clásico y el gareje retrojuvenil y donde se colaron ráfagas blues, Rob Lind, quien además del saxo también sopló la armónica, cantó un par de temas: el blues agitado ‘You’ve Got Your Head On Backwards’ y el boogie ‘I’m Going Home’. Ah y otra queja de la gente: que se le hizo corto el concierto, señal de que se lo pasó bien.

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