Sesión de 'standards'

Aurignac hinchando los carrillos y con la faz sofocada./MIKEL MARTÍNEZ DE TRESPUENTES/ SALA BBK
Aurignac hinchando los carrillos y con la faz sofocada. / MIKEL MARTÍNEZ DE TRESPUENTES/ SALA BBK

El maestro saxofonista andaluz Ernesto Aurignac llenó la Sala BBK, convertida el viernes en un club de jazz donde sonaron 8 standards porque les apetecía tocarlos a los cuatro músicos, dijeron ellos

ÓSCAR CUBILLO

A tope estaba el viernes la Sala BBK, convertida en un club de jazz con mesitas, sillitas, velitas y birritas para albergar otra sesión del programa ‘Mes a mes’, mensual, sí, y organizado por el Bilbaína Jazz Club (BJC). Llegamos justo a la hora, ¡y lo que nos costó sentarnos en un sitio adecuado, delantero, para oír bien y ver de cerca! Oficiaba el saxofonista de jazz y flamenco Ernesto Aurignac (Málaga, 1982), del que la nota de promoción del BJC destacaba esto: «Forma parte del elenco de músicos del espectáculo ‘Flamenco Hoy’ del cineasta Carlos Saura bajo la dirección musical de Chano Domínguez, es fundador y vicepresidente de la Asociación de Jazz de Málaga, y profesor de saxofón, armonía y combos del Centro de Artes y Música Moderna ‘Maestro Puyana’ (CAMM)». O sea, un verdadero maestro.

La sesión fue de 8 piezas en 102 minutos, con dos bises, y con qué insistencia se solicitó el segundo. El repertorio fue a más, alcanzó la cima de la montaña en la tercera pieza (un ‘Body And Soul’ emocionante y premiado con larga y rabiosa ovación, bravos, silbidos y varios espectadores en pie), y hasta el final se descendió un tanto por la colina, quizá por alargar ciertos temas con numerosos solos que en puridad no eran de relleno. Entre las pegas estarían los tímidos y ralentizadores solos de contrabajo del principio y, sobre todo, el desaliño indumentario de los músicos, tan desafortunadamente usual en el jazz español. Vamos, que estos músicos se presentan a una audición frente a Ray Gelato, y les rechaza nada más verles. O sea que, perdón por la personalización, pensé en ‘La, La Land’ y la volví a ver de madrugada en la tele, con Ryan Gosling elegantísimo al piano y el traje.

Clubes de ensueño

Pero estuvo muy bien el encuentro, que nadie se engañe. Rezumó clasicismo, nos trasladó a clubes de ensueño, y un inspirado Aurignac demostró multitud de registros al saxo alto. Aurignac marcaba las melodías, levantaba las piezas en gradaciones solistas que provocaban aplausos sentidos, se retiraba del centro de la escena y le tomaba el testigo el pianista Roger Mas, que también tecleaba de modo magistral y levantando humaredas. Antes de comenzar, el malagueño Aurignac dijo que era un placer estar en Bilbao, confesó que «me he hinchado a comer», elogió la valía de esos «pedazo de músicos con los que no hay ni que ensayar», y abrió tributando a Charlie Parker con ‘Back Home Blues’ (donde se atascó el contrabajo de Pedro Campos). Crecieron con el exotismo tropical de la sinatriana ‘All Or Nothing At All’, y tocamos el cielo con la mentada distinción baladista del standard total ‘Body And Soul’, con alma blusera y el maestro Ernesto, con su cabello teñido de rubio, hinchando tanto los carrillos al soplar que se le salían de la faz.

Como de puntillas, acelerado y afilado sonó el ‘Jitterburg Waltz’ de Fats Waller, que nos dejó buen sabor de boca a pesar de alargarlo mediante solos, y ya hasta el final los cuatro se mantuvieron en las alturas con más standards cuyos títulos ya no presentó el saxofonista pero nos los reveló al acabar el concierto, ya en el camerino: ‘Struttin With Some Barbecue’ de Louis Armstrong (antes de esta puso cara de pensar, la comenzó sin hablar, sus escuderos la reconocieron, se sonrieron, y se unieron a la tarea, destacando el piano con guiños a Nina Simone), la peliculera ‘La noche tiene mil ojos’ (un bop agilísimo, controlado y creciente), el primer bis con ‘Tres palabras’ (una balada de seda, «el bolerito», como lo definió en el camerino el líder), y el segundo bis con el ‘Like Someone In Love’ que popularizó Bing Crosby (y que Aurignac dirigió con aire de improvisación bien conducida).

Buena sesión de standards. Un poco larga, ya. Si se le hubieran podado unos 10 minutos de solos habría llegado al notable (y citemos también al baterista, Ramón Prats, que no alargó en demasía los suyos).

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