Salir llorando

Saludos finales el jueves de los seis buenos actores/ÓSCAR CUBILLO
Saludos finales el jueves de los seis buenos actores / ÓSCAR CUBILLO

Una depresión bipolar y unas difíciles relaciones familiares sustentan ‘Casi normales’, el musical protagonizado por Nina que permanecerá en el cartel del Campos hasta este domingo 3

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Seis actores deambulando por un andamio de tres plantas (baja, primera y segunda, ésta con seis músicos en penumbra tocando en vivo) desentrañan el misterio de ‘Casi normales’, el musical protagonizado por la televisiva Nina, que se mantendrá en cartel del Teatro Campos hasta este domingo (el sábado con dos sesiones). Nos hablaron bien de él y acudimos el jueves, cuando solamente se llenó medio aforo, y es que quizá se ha corrido la voz de que el final de la obra no es feliz. Y ya lo sabemos por el cine de Hollywood: si no hay final feliz, aunque sea forzado, la gente no pasa por taquilla.

Y eso a pesar de que ‘Casi normales’ contiene muchos mensajes positivos: el rechazo de la droga (sea con receta médica o sin ella, sólo por motivos lúdicos o escapistas), la defensa de los lazos familiares (acentuando el amor de madre, quizá por ello la mayoría del respetable fuese femenino), e incluso la creencia en la vida en el más allá (o en otra vida).

El jueves la función duró dos horas y 25 minutos, incluyendo el descanso de 15 en que cruzamos la calle para echar un trago. Estupendamente actuada y cantada, con la música un poco más rutinaria por la falta de pegada y quizá de entrega por parte de los seis instrumentistas a oscuras, ‘Casi normales’ ofrece un retrato de la inestabilidad emocional a través de una enferma crónica, la catalana Nina, Diana en el libreto, que sufre depresión bipolar. Y entre diálogos y canciones magníficamente cruzados (como Faulkner, como Vargas Llosa…) se narra la historia (es teatro cantado casi: aire OT musicalizado, algunos números más espectaculares como el de ‘Va todo muy bien’…) arrancando con humor bruto hasta que a mitad del primer acto se desvela el gran misterio.

Esta adaptación española de un éxito de Broadway estrenado en 2008 que ganó tres premios Tony y un Pulitzer se desarrolla sobre el escueto escenario (alguna vez se vio la sombra de algún actor cambiándose de vestuario en la cara oscura del andamio), pero la cosa funciona y prosigue la pugna entre la enfermedad neurótica y la realidad de carne y hueso hasta que en la segunda parte se impone el drama (curiosamente entonces la música funciona mejor) y se avanza hacia cierta desesperanza, hacia la ruptura y hacia la eclosión de cargas similares en inesperados hombros ajenos. «Borran tu memoria, pero en tu alma sigo yo», dice uno de los personajes, lo cual no es óbice para que al acabar la función numerosas espectadoras se levantaran de las butacas llorando de emoción.

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