Rompiendo el hielo

Mikel, elegante con su chaqueta entallada, tocó casi todo el rato la acústica. /CARLOS G. ASPIAZU
Mikel, elegante con su chaqueta entallada, tocó casi todo el rato la acústica. / CARLOS G. ASPIAZU

La lírica metafórica, naturalista y amorosa del duncan dhu Mikel Erentxun sonó el sábado en fornido trío acústico en el Olalde Aretoa de Mungia, de donde el público salió quejoso porque el donostiarra había estado frío y callado

ÓSCAR CUBILLO

Pensando en que íbamos a ver el mismo concierto que Mikel Erentxun dio en diciembre en el Kafe Antzokia en cuarteto eléctrico presentando su disco 24º, ‘Cicatrices’ (Warner, 17), el sábado condujimos hasta el Olalde Aretoa de Mungia y nos encontramos con que el donostiarra acudió sin la chica del combo, sin Marina, y ofició en trío acústico pero fornido: el líder de los aún activos Duncan Dhu en el centro, con americana entallada y casi siempre con guitarra acústica, a la izquierda el santanderino Fernando ‘Deltonos’ Macaya al bajo acústico y la seriedad en el rostro, y a la derecha, tras los platillos de su batería, el tolosarra Karlos Arancegui, que no prodigó tantas sonrisas. De hecho al principio los tres actuaron como si estuvieran enfadados entre ellos, o disgustados porque sólo hubiera acudido un escaso centenar de personas (mayoría femenina a 20 euros la butaca), o mosqueados porque iban a cobrar menos de lo esperado (es una suposición aleatoria y estúpida, claro).

Arrancaron muy fríos y la cita remontó gracias al calor, las palmas y los coritos del respetable predispuesto, por supuesto. Al acabar el show, de un modo brusco por Mikel (tanto, que se le quedaron mirando sus dos escuderos y dejaron sus instrumentos para irse), el público fiel comentaba quejoso de que habían estado demasiado serios y que él no habló nada: gracias, alguna presentación de los músicos y poco más. Y es que Mikel suele ser lacónico. Aparte, apenas reaccionó cuando un niño le mostró desde su butaca una cartulina con un corazón con su nombre. Que no veía, se excusó Erentxun, y tenía razón. Y luego, al reaparecer a solas para el bis, le espetó una espectadora: «Dos estrellas, Mikel». Y él replicó: «¿La canción –de su disco ‘Cicatrices’- o la puntuación?». Pero la gente estaba de su parte: «¡Cinco estrellas!», calificaron varios, jocosos y felices.

Teleprompter artesanal

Ese sábado en el Olalde sonaron 20 canciones (ninguna de Duncan Dhu, sólo cuatro con la eléctrica) en 90 minutos clavados, contando la introducción con la sala oscuras mientras sonaba el ‘Moon River’ y la despedida con el ‘God Save The Queen’ durante los saludos. Hubo una curiosidad en inglés: el ‘See See Rider’ como lo haría Elvis Presley. Fue un concierto creciente, cada vez más cálido, y a ritmos pausado pero muy variado: nos sugirió numerosas comparaciones inusuales. Abrió con ‘Cicatrices’, que no sonó demasiado bien, y al acabarla ya nos dimos cuenta de que Mikel usaba un teleprompter artesanal para refrescar las letras: a sus pies había una carpeta con las letras en tamaño grande debajo de una lamparita, una carpeta cuyas hojas pasaba encorvándose canción tras canción.

Y continuó: ‘El amor te muerde los labios al besar’ evocó a Elvis Costello, ‘Héroe’ resonó a Ron Sexsmith y el soul de ‘Llamas de Hielo’ a The Divine Comedy. A la quinta, en su exitoso ‘Mañana’, un country pop en la estela de Duncan Dhu, la gente tuvo que poner todo de su parte para romper el hielo dando palmas espontáneas. A Belle & Sebastian nos sugirió en ‘Ojos de miel’ (sobre la yerba mojada… sha-la-lá), y por lo alto voló en dos consecutivas: en la crepuscular vía 10.000 Maniacs ‘Cartas de amor para cuando ya no hay amor’ (con Karlos a las maracas y Mikel energético, casi furioso, y en epílogo colocándose delante del tablado en plan Elvis; ‘guapo’ por fin le gritó una dama al terminar esta pieza, la única vez que se oyó tal piropo en la hora y media), y en la algo Van Morrison ‘El mejor de mis días’.

La cita discurría espartana y sentimental, recurrentemente metafórica, naturalista y amorosa, y a la batería el fino Karlos Arancegui incluso hacía sonar el xilofón para el desamor de ‘Mi vida al revés’. Y a la duodécima Mikel se colgó por fin la guitarra eléctrica para otros dos fogonazos: ‘Quien se acuerda de ti’, tan dylanita que fusila el ‘Like A Rolling Stone’ y con Mikel soplando la armónica en el soporte, y la también algo Elvis Costello ‘Veneno’.

En plan Loquillo

Prosiguió en acústico a lo Lloyd Cole con ‘Libélulas’, y en su éxito ‘A un minuto de ti’, un tanto exánime aunque la gente coreó y dio palmas. Y, tras bromear con la postura cool de Macaya («un poco Loquillo, ¿no?»), se despidió rocabilesco como el Elvis del ‘Mistery Train’ con ‘Corazones’ y, empalmado, el mentado ‘See See Rider’, tras el cual dijo Mikel: «Mila esker. Eskerrik asko. Gracias», e hicieron mutis.

Pero quedaba el bis, triple, abierto por Mikel a solas, sin la chaqueta entallada y con la acústica tocando ‘Si te vas’ como si fuera un Springsteen folklórico, que fue la cima dela cita. Y ya en trío se colgó de nuevo la guitarra eléctrica en otra muy bien resuelta, ‘El hombre que hay en mí’, algo blues en plan Loquillo (hum… Loquillo a ver si se anima a cantar un blues un día), y en la última, el rock suave ‘El abrazo del erizo’. La acabó, se despidió bruscamente, le miraron con cara de sorpresa Karlos y Fernando, saludaron los tres juntos, y hala, todos a casa o a las fiestas de Mungia que se celebraban ese día.

En esta gira de su 24º disco, ‘Cicatrices’, nominado al Grammy Latino al mejor álbum de pop-rock, hemos visto a Mikel Erentxun en tres formatos, los tres con Arancegui a la percusión: en dúo acústico promocional, en cuarteto eléctrico mixto (con las aportaciones no solo corales sino también guitarrísticas y teclistas de la cántabra Marina), y en este trío electro-acústico. Hum… ojalá nos volvemos a cruzar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos