Una reunión secreta con Chain And The Gang

Jon Romaña traduciendo un discurso de Ian Svenonius./OSCAR CUBILLO
Jon Romaña traduciendo un discurso de Ian Svenonius. / OSCAR CUBILLO

El incorregible Ian Svenonius, líder de The Make Up!, lideró a una banda de chicas, hizo de predicador y pugnó por romper la barrera idiomática el lunes en un Kafe Antzokia que le siguió el rollo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

La noche del lunes un ‘secret meeting’, o sea una ‘reunión secreta’, protagonizó en Bilbao el icono del soul-rock subterráneo yanqui Ian Svenonius, militante en bandas como Nation Of Ulysses, The Make-Up, Weird War, XYZ o Escape-ism. Arribó al Antxiki (la sala superior del Kafe Antzokia) al frente de una de sus bandas actuales, Chain And The Gang, o sea él más cuatro chicas jovencísimas y garajeras. Los cinco actuaron vistosamente uniformados con trajes ‘animal print’ de leopardo, en plan los Picapiedra. Oficiaron ante una ochentena de personas, no pocas de las cuales hace veinte años ya vieron a Svenonius con The Make Up! en la ciudad. El conductor de la cita clandestina se las vio y deseó para animar al personal, que al final entró al trapo. Muy charlatán estuvo Ian, cual predicador temeroso de perder a sus espectadores, invocándonos casi en vano, ofreciendo el micrófono para que la gente hablara de lo que fuera aunque nadie recogió el guante (ah, las barreras idiomáticas), quejándose del negocio («¡seis discos y nada de pasta!»), criticando someramente a su país (dijo que antes de ser una nación era una empresa, como «El Corte Inglés», manifestó en castellano; además un tipo le pidió que hablara de Trump, pero Ian negó con la cabeza), y, ayudado en la traducción por Jon Romaña, exagerando la cualidad de la cita (no tan secreta; «¡tú la vas a contar!», espetó Amaia, la de Bermeo, pero bueno, había montones de fotógrafos persiguiendo al buen hombre de Washington DC) y ordenando que si nos cruzábamos con la policía o nos preguntaba el jefe o la amante dónde habíamos estado, respondiéramos ‘mama-mama-mama’, con el tarareo de una de sus melodías.

Hubo quien protestó de que Ian Svenonius había más hablado que cantado, pero así es la vida. Su show de 13 canciones duró 64 minutos y concedió un bis. Con las cuatro músicas atentas a sus evoluciones (estupenda la baterista, muy garajera la guapa guitarrista, en una línea eficiente y discreta la bajista, y casi como adorno la inquieta corista), con sensación de que los cinco nunca lograron trascender del divertimiento o pasatiempo somero, Ian Svenonius no dejó de subir y bajar del tablado, de soltarnos insistentes discursos y de cantar breves canciones sobre sonidos que atracaron el groove de James Brown y Prince (‘Chain Gang Theme (I See Progress)’), rularon narcóticos como la Velvet Undergorund con chillidos a lo Iggy Pop (‘Certain Kinds of Trash’), adaptaron el diddley beat (‘Why Not?) y resonaron a los Cramps (‘Devitalize’, los tambores de ‘Trash Talk’…) y también a los Rezillos (‘Reparations’, donde Ian reclamó que debía recibir indemnizaciones por haber sufrido a su gobierno, por sufrir la escuela que le convirtió en un idiota (sic) y por culpa de la televisión) y a los B-52`s (‘Mum's the Word’, cuando nos hizo jurar mano en alto que no contaríamos que habíamos estado ahí). Por el final rocanrolearon más certeros (en ‘Detroit Music’ se podía pensar en los Gories y tal) y el bis fue un trallazo a los Jon Spencer (‘Free Will’). La verdad es que este Ian, tan imperfecto, siempre deja con ganas de más.

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