ROSA LÓPEZ, cantante

«No quiero que me trague aquella Rosa insegura»

“Me he hecho vegana y ahora el jamón me huele a sangre y a muerte”

“Estoy un poquito harta de que todo el mundo quiera protegerme, yo he crecido y necesito que mi público crezca conmigo”

ARANTZA FURUNDARENA

A sus 36 años Rosa López ha aprendido a caminar. “He llegado tarde a todo –reconoce– pero ahora por fin me quiero y sé a dónde voy”. Entrevistar a esta granadina es como recibir a una amiga en el sofá de tu casa. No tiene filtro. Te habla con el corazón y como si te conociera de toda la vida.

Sin embargo, la cantante ya no es aquella Rosa frágil e insegura y, sobre todo, no está dispuesta a que le marquen el rumbo. Esta prodigiosa evolución ella la atribuye, entre otras cosas, a que ha dejado de comer carne.

Veo que por fin ha empezado a creérselo.

–Más que creerse hay que quererse y no joderse la vida con tonterías. Y de eso va un poco mi nuevo disco, Kairós, que ha sido una catarsis tremenda.

¿Catarsis, por qué?

–Porque yo ya estaba pensando en dejar de cantar y empezar con otra cosa que me hiciera ilusión. Es muy fuerte. Tengo un continuo ‘déjà vu’. Me está ocurriendo lo mismo desde otra dimensión. Hace casi 16 años yo iba a abrir mi primer negocio: un asador de pollos. Pero entré en O.T. Y resulta que ahora me encuentro en un momento... Ahora soy vegana.

No me diga que ha renunciado al jamón, jamón.

–Cuando sienta que tengo que comerlo lo comeré. Pero igual que hay un perfume que deja de gustarte a mí el jamón ahora me huele a sangre, me huele a muerte.

Veamos... ¿Y esto desde cuando le ocurre?

–Llevo dos años y medio. Empecé primero por salud. Me quité mi jamón gustándome. Y el marisco, que me encanta. Me quité todo lo que tenga ojos y patas como yo. Es que es como si me comiera a mi perrita. Y ahora tengo más energía que nunca, mis análisis de sangre están mejor que nunca. Y eso que el primer año de veganía engordé once kilos y tuve una bajada de defensas que incluso afectaban a la médula.

¿Y ni aún así pensó en lanzarse otra vez al jamón?

–No. Lo que me ocurrió fue por haber eliminado la proteína. Pero ahora la sustituyo con tofu, frutos secos, semillas, legumbres, seitán... Y muy de vez en cuando como queso o huevos. Sé que todo esto es muy discutible, es como hablar de política, por eso no suelo decirlo.

Sigo sin ver la relación de su veganía actual con el el asador de pollos y O.T.

–Ah, pues eso, que justo ahora que pensaba montar un negocio para repartir comida vegana a domicilio de nuevo me han pasado cosas que me han hecho abandonar el proyecto por la música. Primero fue el reencuentro con O.T., luego ‘Tu cara me suena’... Y entonces llegó un amigo, Raúl Berdonés, y me propuso el reality ‘Soy Rosa’. La vida está conectada. El otro día perdí un avión y también tuve un ‘déjà vu’ porque lo perdí justo por atender a la gente. Entonces, tienes que reequilibrar y que no te vuelvan a pasar algunas cosas.

¿Qué cosas?

–Es que no tiene sentido evolucionar como persona si tu público no crece contigo. Porque si continuamente no paran de recordarte lo buena que eras, hay que ver los kilos que has perdido... Yo no puedo vivir en el pasado. La gente que haga lo que quiera, con todo el cariño del mundo, pero yo tengo que mirar hacia adelante y seguir mi evolución.

¿Ya no se reconoce en aquella Rosa obesa y acomplejada?

–Ahora por fin puedo verla. Hace ocho años que he empezado a hacer ese cambio que yo siento como mujer, como ser humano. Pero tenemos una profesión en la que no paran de recordarnos que somos artistas. A veces voy en el coche oyendo la radio y miro a un lado y me saludan... Y entonces de repente te acuerdas de dónde estás metida. Si hay una cosa que he decidido a pesar de las críticas que pueda tener es seguir mi criterio y tener mi propia personalidad. Yo no puedo estancarme en que la gente tenga la solución de mi vida, en que la gente me diga tienes que hacer esto porque si no no llegas aquí... Yo estoy un poquito harta de todo eso.

¿Se ha sentido manipulada?

–No. He sentido que la gente me ha querido ayudar. Y en parte esa necesidad de protección que la gente ha tenido hacia mí ha sido provocada por mí misma, por carencias...

Es que siempre ha dado una imagen muy vulnerable.

–Claro. Pero ha llegado un momento en el que yo ese personaje no quiero que me trague. Yo no quiero que me trague esa Rosa insegura. Porque yo ya me quiero. Y el reality ha sido una forma de decir que necesito que mi público crezca conmigo. Aunque reconozco que yo he transmitido, y con ganas, la imagen de una mujer insegura. Pero ahora siento que está ocurriendo lo que tenía que haber ocurrid hace 16 años.

¿Y qué tenía que haber ocurrido?

–Esta sensación, esta seguridad, estas ganas de comerme el mundo. Que no hay miedo. Yo no tengo miedo ni a quedarme sin dinero, ni a quedarme en pelotas... No tengo miedo a nada.

¿Ni a olvidarse de la letra?

–Ni eso, porque hay mucho amor. No te da igual porque hay un respeto. De hecho, yo cuando se me olvida la letra me pongo de los nervios. Pero ya no es miedo.

¿Qué habría sido de Rosa López si llega a poner aquel asador de pollos?

–Creo que hubiera seguido en busca de lo mismo. Estoy consiguiendo lo que siempre he querido hacer. A nivel musical y a nivel personal. Mira, hay cosas... De las dos veces que yo he salido de discotecas con mis hermanos y con mis primas, una se me acercó un chaval, alto, guapísimo. Yo tenía entonces 17 años, estaba gordita y creía que se quería reír de mí. Estuvimos hablando. Yo le decía: me gusta mucho el mundo de la alimentación, quiero adelgazar, soy cantante, y me encantaría ser psicóloga, quiero montar un negocio...

Se quedaría pasmado.

–Él me contó que quería ser policía. Lo que es la vida. Años después, estoy pasando la maleta por el control del AVE, se me acerca un policía y me dice: “Hola, Rosa. No te acuerdas de mí ¿no?” Yo no me acordaba. Empezó a contarme... Ha sido hermoso reencontrarse. Bueno, no ha llegado a nada, por eso lo cuento. Pero es una de esas anécdotas de la vida.

Parece más bien el principio de un romance.

–Ja, ja, ja... Es un hombre que a día de hoy todavía me parece demasiado guapo. Pedazo de tío. Pero no. He quedado con él pero solo como amigo.

En una revista mencionaban su problema con los hombres. ¿Qué problema es ese?

–El de todas las mujeres, que somos exigentes y no queremos al lado a alguien que nos haga la vida imposible. Yo no es que no me fíe es que a lo mejor no he estado preparada. Ahora estoy concentrada, preparada, descubriendo cosas de mí misma, queriéndome. Estoy como flotando. He aprendido que de la tranquilidad nace la felicidad y los pensamientos buenos, y de ahí salen acciones. Estoy disfrutando como no se puede imaginar.

¿Su canción ‘Al fin pienso en mí’ reivindica el egoísmo?

–Qué va. Habla de querer estar en paz conmigo misma. He querido materializar mi propia bandera para usarla como escudo por si a alguien se le ocurre de nuevo volver a decirme lo que tengo que hacer o no. A mí el hecho de enfrentarme a una cámara me daba pavor, o el hecho de desnudarme delante de una estilista. Ahora veo la vida de otro color, sin miedo. Con ganas incluso de equivocarme. Aunque el público con todo su amor tire de mí como un padre que te quiere proteger, yo ya fluyo con la vida.

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