El 'negocio familiar' de Kinga Glyk

Kinga Glyk tiene 21 años y toca desde los 12 con su padre Irek Glyk //SALA BBK
Kinga Glyk tiene 21 años y toca desde los 12 con su padre Irek Glyk / / SALA BBK

La precoz y virtuosa bajista polaca actuó en el Musiketan con su padre a la batería, su hermano al sonido y su madre en el puesto de los discos, más un pianista que esporádicamente se destapó como el mejor del clan

ÓSCAR CUBILLO

Hubo numerosos espectadores polacos en las filas delanteras de la Sala BBK el domingo durante la irregular undécima sesión de las quince que conforman el 25º Musiketan, el ciclo de conciertos en pequeño formato patrocinado por EL CORREO, ya saben. Y es que oficiaba un trío paisano liderado por una jovencísima bajista con vitola de virtuosa, Kinga Glyk(nacida el 27 de enero de 1997 en Rydultowy y hoy afincada en Belk, siempre sin salir de Silesia), que ha obtenido proyección internacional gracias al video de su versión del sentimental 'Tears In Heaven' de Eric Clapton, pero que sobre el escenario bilbaíno de la BBK no irradió especial carisma.

Kinga no epató con su estilo, su bajo de cuatro cuerdas sonó bien empastado con el trío, y ella pareció la menos excelente de los tres oficiantes, inferior al baterista (su padre: Irek Glyk, un vibrafonista con el que toca desde los doce años) y sobre todo al espectacular teclista y pianista (un a menudo contenido Rafal Stepien que se salió de la tabla en ciertos lapsos con la espectacularidad de Michel Camilo). Los tres músicos viajan por el mundo con el hermano de Kinga, Patrick (se encargó del sonido y también tocaba la batería en el mismo combo familiar completado por el padre: Głyk P.I.K. Trío), más su madre (Ewa, la que vendía los discos en el lobby, por eso dijo la chavala que lo suyo era un 'family business', un negocio familiar).

El concierto cursó irregular y con altibajos, por fragmentado y desenfocado: desplegaron numerosos solos individuales cambiantes, igual que en los rellenos de las jam sessions. En total sonaron 7 piezas en 78 minutos y las mejores fueron las que tocaron los tres juntos, engarzados, como un combo bien trabado, no como solistas que se acaban de conocer.

'Tears In Heaven'

Esto ocurrió en la veloz versión del 'Donna Lee' de Charlie Parker, cuando la joven bajista se sentó en el suelo por primera vez para apoyar la caja del bajo sobre el suelo y así correr mejor por el mástil, y en el funk 'Circle', con el público dando palmas espontáneas y ella pidiendo y logrando que la gente coreara sus líneas de bajo como si fuera una Steve Vai de las cuatro cuerdas. El bis también estuvo bien porque ella a solas y sentada por segunda vez en el suelo recreó su conocida revisión del 'Tears In Heaven' de Clapton, la triste composición que dedicó a su hijo de cuatro años Conor, fallecido al precipitarse desde un rascacielos.

Lo demás, a pesar de que la mayoría del repertorio lo firmaba la propia Kinga Glyk, contuvo numerosos huecos y lagunas, chocantes en el inaugural 'San And Happy Blues'.Los tres a menudo no interpretaban juntos, sino que se cedían espacios, por ejemplo en 'Hope' (o sea 'esperanza', la que tiene Kinga de encontrarse con el Salvador, con Jesucristo, como anunció y explicitó en la introducción), donde hubo un largo prólogo pianista y eclesial algo Jarre (antes del desarrollo muzak con poca garra, por cierto), o en 'New', firmada por el padre, Irek, quien se marcó a modo de apertura un solo muy chulo sobre todo jugando con los platillos de su batería. Concluyamos diciendo que la joven Kinga Glyk se quedó corta con el carisma y sobre todo con potencial de fusión jazz que atesoran sus dos escoltas.

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