En el BIME, dos son multitud

Los británicos Royal Blood defendieron su condición de nuevos refentes del rock contemporáneo más crudo./Borja Agudo
Los británicos Royal Blood defendieron su condición de nuevos refentes del rock contemporáneo más crudo. / Borja Agudo

La crudeza rockera de Royal Blood y distorsión melódica de Ride marcan el inicio del un BIME Live con propuestas dispares

JOSU OLARTE

Buen nivel musical y menos público del esperado (8.700 asegura la organización) en la apertura del BIME Live, que, como su hermano mayor estival, apuesta por llamar la atención mediante el eclecticismo de sus carteles. A tono con esa línea, la primera jornada del festival que acoge la feria profesional homónima osciló entre los distintos tipos de intensidad eléctrica de los británicos Royal Blood y Ride, las propuestas autorales de Anari, Mark Eitzel o Bill Callahan, las distintas formas de hedonismo electrónico de los resucitados Orbital, Metronomy o esa techno brass band germana llamada Meute y la intransferible performance de los bastiones del sonido industrial en su facción dadaísta Einstürzende Neubauten.

Con un trajeado y descalzo Blixa Bargeld como políglota chamán y adláteres originales como Alexander Hacke, su colapso sónico, dramatizado con su panoplia de elementos generadores de sonido (tubos de PVC, bidones, latas de aceite, turbinas, compresores...) y enmarcado en una irónica gira de 'éxitos' tuvo tintes de memorable tanto en sus explosiones de mecánica colisión sonora post punk tipo 'Yü-Güng' como en remansos meditativos sobre los conflictos del hombre moderno ('The Garden', 'Lament') o hasta en momentos casi lúdicos ('Let's Do It A Dada').

Apenas cuatro meses después de su paso por Kobetamendi, el set de Royal Blood tuvo algo de plato recalentado que aún deja buen sabor de boca. Acompañados ocasionalmente por dos coristas a las que no se oía y sin el factor sorpresa, el dúo de Brighton defendió su condición de nuevos refentes del rock contemporáneo más crudo y demostró que, en materia sonora, dos pueden ser multitud.Más a rebufo de sus padrinos Foo Fighters que de White Stripes o Black Keys, de cuya genética blusera no maman y con los que, al margen de ser dos, poco tienen que ver, la nueva realeza filoheavy sacó chispas a su ya rodado segundo disco 'How did we get so dark': una reválida que abunda en su aliño eléctrico de hard rock, ritmos pesados y el groove metálico de Queens of the Stone Age patente en temas como 'Where are you now' o un 'Lights out' recreado con voces pregrabadas.

Tirando del arsenal de bajos y pedales de Mike Kerr y la batería del animal Ben Thatcher, combinando riffs afilados y solos esporádicos de la pareja (incluso a una mano los del bajista), Royal Blood emularon por momentos a Led Zeppelin ('Lights out') y a unos Metallica minimales ('Loose Change'). Frisaron el glam tamborero con falsete en 'You can be so cruel' y volaron alto con su iniciático 'Little Monster' con apisonador solo de batería incluido. Rasgando los bajos como si fueran guitarras, Kerr vampirizó a Jimmy Page en un 'Figure it out' cuyo explosivo tour de force final con el baterista enfiló el cénit final del un set virtuoso pero no exhibicionista, en el que los de Brighton sonaron crudos, brutales y al mismo tiempo accesibles.

Estupendo concierto de Ride

Solapado con ellos se presentó en el Antzoki un Bill Callahan que, apoyado en un guitarrista, osciló entre el lo fi autoral de Smog, a los que citó en 'Rock bottom rise' y 'Let me be the colts', y un neofolk entre cotidiano y literario vía Faulker. Con economía de registros, dylanizó con armónica a punto su voz de barítono y buscó nuevos registros armónicos con la solemnidad poética de Cohen'.

Estupendo fue el concierto que, favorecidos por la pegada del escenario central, se marcaron luego unos Ride que han regresado por todo lo alto con la vitola de banda fundacional del brit pop escuela Creation y, sobre todo de ese pop distorsionado que apuntalaron a finales de los 80 junto a My Bloody Valentine, Slowdive y sobre todo unos Jesus And Mary Chain a los que, comparando con su recreación de 'Psychocandy' hace tres años en el BBK, hoy dan sopas con honda. Da igual que hayan tardado 21 años en volver a grabar un disco como 'Weather diaries' que no desmerece a un piedra angular del shoegaeze británico como 'Nowhere', cuya sombra sigue planeando sobre banas actuales tipo The Horrors. De hecho, temas como 'Taste', 'All I want' o 'Cali' ligaron a las mil maravillas con los muros de psicodelia melódica que levantaron con sus revisiones de clasicos como 'Seagull', 'Vapour Trail' o la flotante dupla entre 'Leave Them All Behind' y 'Like a Daydream' que fue la cima de la cita. Cerraron con un 'Chelsea Girl' sin nada que ver con la Nico y la Velvet por el atracón de feedback como coda final.

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