La muerte de Avicii destapa el desordenado ritmo de vida de los DJs

Avicii./
Avicii.

«Hay largos períodos de soledad, privación de sueño y demenciales horarios de viaje»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

En otros géneros musicales caben experiencias emocionales de todo tipo, y de hecho no faltan los estilos basados primordialmente en los distintos matices de la tristeza, pero la electrónica de baile tiene prohibido el bajón. Los DJs son sumos sacerdotes de la alegría exaltada, expertos en generar un bienestar contagioso y creciente que lleva a menear el cuerpo durante toda la madrugada. Luego, fuera de la cabina, muchos profesionales de élite experimentan la contrapartida anímica de esas horas de plenitud: su vida se suele caracterizar por una combinación de desarraigo y desorden que muchas veces acaba pasando factura a su salud.

Avicii, el músico y DJ sueco que ha fallecido con 28 años, era un caso único dentro del gremio, porque en 2016 decidió apearse de esa vida itinerante que alterna baños de masas y soledades inmensas. Tim Bergling (su nombre real) formaba parte del puñado de artistas que ponían rostro -en su caso, unas atractivas facciones de modelo nórdico- a la explosión comercial de lo que se ha dado en llamar EDM, 'electronic dance music'. Hablamos de un hombre que ha colaborado con Madonna o Coldplay, que ha acumulado más de 11.000 millones de reproducciones en Spotify (y, sin duda, estos días la cifra se ha disparado todavía más), que se podía embolsar 200.000 euros por pinchar en un club (en algunos festivales, el caché podía rondar el millón), que llegó a ganar 23 millones en un año y que incluso vivió la rara experiencia de que Barack Obama citase su nombre artístico, ese Avicii que se refiere al nivel más profundo del infierno budista, pero con una i extra porque 'avici' estaba ya pillado en MySpace.

Y de pronto, hace un par de años, este triunfador anunció que dejaba los 'tours' y los directos. «Tenía que hacerlo por mi salud -justificó-. Sé que tengo mucha suerte de viajar por todo el mundo y actuar, pero me queda demasiado poco para la vida de la persona real detrás del artista». Para entonces, su cuerpo ya le había dado unos cuantos sustos: le habían extirpado la vesícula y el apéndice y había sido hospitalizado dos veces por pancreatitis, vinculada al exceso de alcohol. La carrera de Avicii se había iniciado cuando tenía solo 17 años, en una rápida metamorfosis de creador solitario a ídolo de masas que había tenido su coste. «Hay alcohol gratis por todas partes. Es raro que no bebas», decía sobre su estilo de vida «tóxico». Desde aquella retirada temprana, su Instagram parecía un catálogo de turismo de lujo, pero el documental 'Avicii: True Stories', presentado hace medio año, insistió en el desajuste entre lo que parecía una existencia envidiable y el deplorable estado anímico del protagonista.

Imágenes del Instagram de Avicii. En Table Mountain (Sudáfrica), tomando un avión en sus días de gira constante y en la última foto que compartió, en California. A la derecha, uno de sus últimos directos, en agosto de 2016 en Belfast. / Instagram

Ligeros de equipaje

Su muerte, cuya causa no ha trascendido, vuelve a servir como toque de atención sobre este rasgo de la música de baile: también entre los DJs existe la figura de la estrella millonaria y desdichada que en el rock podrían representar Amy Winehouse o Kurt Cobain. De hecho, la escena electrónica parece particularmente propicia para ello: «Es una montaña rusa de largos periodos de soledad, privación del sueño y demenciales horarios de viaje, puntuada por la experiencia de las sesiones», ha admitido un profesional anónimo en la prestigiosa revista digital 'XLR8R'. Los DJs de hoy van ligeros de equipaje -los vinilos de antaño han dejado paso a la tarjeta de memoria donde reposa el 'set' preparado de antemano- y pueden cambiar de continente para pinchar una sola noche, o comparecer el mismo día en dos países distintos. Sus horarios también son más extremos que los del rock, con 'sets' en mitad de la madrugada, y el entorno hedonista invita a prolongar el subidón de la música por otros medios.

«Hay largos períodos de soledad, privación de sueño y demenciales horarios de viaje»

«Los grupos suelen salir de gira cíclicamente, cuando sacan disco, pero los DJs nunca dejamos de girar», ha declarado a 'The Guardian' Steve Aoki, otro triunfador acostumbrado a dormir solamente en los aviones. En junio, además de pinchar en Nueva York, Miami y Chicago, le esperan bolos en Kazajistán, Alemania, España, Inglaterra, Ucrania, Islandia, Dinamarca, Hungría y Portugal.

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