Monster Magnet o la definición del gran rock

Dave Wynford, el líder, casi siempre con los brazos alzados./CARLO G. ASPIAZU
Dave Wynford, el líder, casi siempre con los brazos alzados. / CARLO G. ASPIAZU

Uno de los mejores conciertos del año dieron Dave Wynford y sus secuaces batiendo hard rock con vahos de rock espacial y varios golpes stoner en una sala Santana 27 rebasada y abducida

ÓSCAR CUBILLO

Conciertazo de Monster Magnet (Red Bank, Nueva Jersey, 1989) el viernes en la Santana 27 ante cinco escasos centenares de aficionados, pocos para su leyenda. La verdad es que Dave Wynford, el líder y único miembro permanente desde su fundación, superó todas las expectativas: se mostró en forma física, ofició estelar y teatral con los brazos alzados casi todo el rato, cantó con un micro dotado de una reverb que le proporcionaba un eco súper espacial y divertido, lideró a un quinteto con tres guitarras bien sonorizadas y ordenadas, y eligió un repertorio pleno de pegada. «Ha sido breve pero guapo», juzgó nada más acabar el fotógrafo Unai Endemaño.

Aunque algunos fieles fans le sacaron quejas al final (que si muchas canciones del nuevo disco –el décimo oficial, 'Mindfucker'-, que poco se espigó entre sus clásicos…), el show que se marcaron Monster Magnet el viernes entrará en nuestra lista de lo mejor del año (si lo acabamos, por supuesto). Sonaron 12 temas en 78 minutos (incluyendo los tres en que los yanquis se hicieron los remolones antes de conceder el bis), y desde el principio su definición del gran rock alcanzó una dimensión mayúscula: arrancaron con tal poderío que no se podía dejar de pensar en cuándo cesaría el derroche de energía, control y actitud, en cuándo la calidad de las canciones menguaría, en cuándo se le acabaría la energía física a un Dave de 61 años, pasado toxicómano y alguna gira decepcionante por la piel de toro, en cuándo el quinteto se atascaría en marasmos morosos para dosificar fuerzas y retomar resuello. Pero para nada, ni siquiera decreció la intensidad de la cita tras la primera andanada de 25 minutos y cinco canciones sin respiro, cuando pararon unos instantes para beber (un botellín de agua de un trago se metió el baterista).

Sonido limpio

Irradiando una proyección trascendió de la sobriedad estética (el líder con camiseta de Funkadelic, chaleco motero con la cruz de malta, melenita negra y bigote luciferino), usando las guitarras con una sencillez que siempre llega más allá (y eso que en un par de momentos los dos hachas solistas se pusieron delante del escenario para subrayar lo que había) y gozando de un sonido limpio, Monster Magnet arrancaron rompiendo la pana, sí: 'Dopes to Infinity' fue hard rock escuela Black Sabbath, 'Rocket Freak' nos sacudió cual cohete a lo Ted Nugent tocando con los Hellacopters, 'Soul' arañó con la alta energía de los Stooges, 'Mindfucker' sonó a cruce de los Sabbath con MC5, y el muy azkenero 'Radiation Day' nos volvió a arrojar a la lona a base de riffs comprimidos. «Han salido a machete», comentó el fotero Azpiazu al cesar el fuego.

Moster Magnet, a machete.
Moster Magnet, a machete. / CARLOS G. ASPIAZU

Dave era creíble, tenía la esencia del rock, la apuraba con las tres guitarras sin alharacas, y la cita siguió magnética, absorbente. 'Look to Your Orb for the Warning' tuvo un inicio tipo blues stoner a medio gas, pero entró en la plataforma de lanzamiento y devino space rock (y en este tema en las primeras filas apareció un porro y uno de los de seguridad de la sala ordenó que lo apagaran; felicidades a la sala; aunque todo tiene su parte buena y mala: antes cuando se fumaba no te dabas cuenta de lo mal que huele cierta gente, ejem…).

El sesentañero Dave en forma alzaba los brazos como Ozzy Osbourne en un 'When the Hammer Comes Down' que en la misma tanda evocó a The Lords Of Altamont, Steppenwolf y Wolfmother (ahí es nada), y seguro y orgulloso, y quizá más amistosamente retador que desafiante, alcanzó la cima de la cita con 'Negasonic Teenage Warhead', otra vez la alta energía y ahora con cierta coreografía: los cuatro mástiles haciendo molinetes delante del tablado.

Tras el discurso de Dave sobre por qué dice tan a menudo 'motherfucker' (hijoputa), palabra que le sirve cuando está enfadado o cuando está contento y que le ha dado tantos problemas (lo dijo él), contuvimos el aliento en la despedida con 'Space Lord'. Y tras los tres minutos de petición y espera, salieron Monster Magnet de nuevo para sin bajar la guardia rematar la cita con 'Ejection' y sus riffs rocanroleros y los dos solistas doblando sus punteos en la parte delantera, los drones iniciales de 'End of Time' y su coda donde se nos ocurrió que Monster Magnet son la definición del gran rock, y el adiós definitivo con su himno 'Powertrip', acompañado por las palmas y los coros de la gente contenta, satisfecha y superada. Un bolo de lo mejor del año (y con este vamos 161), y menos mal, pues a esa misma hora actuaba Willie Nile en el Kafe Antzokia y dos o tres asistentes nos han informado que fue de lo mejor del año también.

Y mientras la peña comentaba la jugada al acabar en el bolazo de la Santana 27, enumeró el fotero Azpiazu, que tiene don de gentes: «Han venido muchos músicos: la cantante de Cocaine, el guitarra de Silenciados, el batería de los Turbofuckers, dos de los Leather Boys de Gijón…».

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