El mejor Fito en 20 años

El mejor Fito en 20 años
Borja Agudo.

Segundo concierto triunfal de Fito en el BEC

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

«Vamos a pasarlo bien esta noche, seguro que sí. Vamos a disfrutar, a cantar y a bailar. A ser felices, claro que sí», planteó Fito Cabrales el sábado en el BEC y lo cumplió durante dos horas y media agilísimas, auténticas y participativas, con tres invitados (dos 'gatibus' y su viejo amigo Uoho Platero) y tres coreadísimas recuperaciones de Platero y Tú

Superó todas las expectativas Fito el sábado en su segundo concierto triunfal en el BEC dentro de la gira '20 años, 20 ciudades', con la que conmemora sus 20 años al frente de unos Fitipaldis que oficiaron mejor que nunca: fornidos, ágiles, dinámicos, guitarreros y en quinteto, sin la participación de unos teclados que rellenan espacios y a veces ralentizan el ritmo. El concierto fue de 22 temas en 144 minutos, casi dos horas y media que se hicieron ágiles también porque apenas hubo interrupciones, no hubo sensación de parón ni al preparar la parte acústica ni al introducir a los invitados de Bilbao: dos miembros de Gatibu y Uoho, su colega de siempre en los tiempos de Platero y Tú.

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Y una capacidad de maniobra extra que les permite cambiar parte del repertorio cada noche es que el show no depende de vídeos de fondo, sino que se arregla con una agilísima y cercana retransmisión en directo en las pantallas laterales. Sí, no nos importa repetir el significado de 'ágil' porque así evolucionó el macroconcierto, el mejor concierto que hemos visto en 20 años a Fito, uno de los pocos que entrará en nuestra lista de los mejores de 2018 (si llegamos a acabarlo, claro…).

Sobre un escenario sobrio y largo con dos provocadores (esas plataformas que se adentran entre el público), Fito & Fitipaldis el sábado sonaron compactos, rotundos, diáfanos y distinguibles. Proyectaron un sonidazo fenomenal para lo que son los macroconciertos, a lo cual ayudaría el prescindir de los teclados. Abrieron los cinco con 'Siempre estoy soñando' (la de «Lo más lejos a tu lado»), con sonido fronterizo, punteos disparados por Carlos Raya y el naturalísimo Fito, y conclusión tan americana como Dan Baird. La cosa pintaba guapa y un escalón subimos con 'Un buen castigo' y su deje Dire Straits, y los focos iluminando a las 15.000 personas presentes.

Acabó y saludó el empático Fito: «Buenas noches. Vamos a pasarlo bien esta noche, seguro que sí. Vamos a disfrutar, a cantar y a bailar. A ser felices, claro que sí». Y lo consiguió a lo largo de esas difíciles dos horas y media. Seguidamente tocaron 'Por la boca vive el pez', con el saxofonista Alzola soplando en pantalla, y Fito y Raya tocando desde las esquinas del escenario, y Alzola y Raya adelantándose por cada provocador. «Eskerrik asko», agradeció Fito, y presentó una canción «que nunca hemos dejado de tocar en estos veinte años, sería la hostia que la cantaseis como siempre habéis hecho», y entonó una flotante 'Me equivocaría otra vez'.

El siguiente tramo, entre los títulos 5 y 9, fue una pasada y ahí ya fuimos conscientes de que se trataba de una ocasión especial, de que Fito está en más forma y gracia que nunca, y que la noche apuntaba a lo más alto y memorable: 'Quiero beber hasta perder el control' de Los Secretos resonó al Shakin' Stevens más dinámico y contagioso, con las guitarras dotadas de efecto muelle y hasta el batería de Chicago, que es bastante tosco, aguantando el tirón (Fito saltó desde la plataforma de la batería al acabarla); 'Lo que sobra de mí' atesoró el aparato de los Blasters multinacionales («qué bien tocar en casa, ¿eh?, así sin presión», dijo al acabarla); 'Donde todo empieza' fue un lento soul dramático con los móviles del público encendidos al modo de los mecheros sentimentales de antes y los haces de los focos iluminando al gentío milenario; 'Todo a cien', su buena revisión de La Cabra Mecánica que mejora al original, irrumpió a modo de rock and roll limpio (con Fito ametrallando al personal al acabarlo); y 'Garabatos', con los focos rojos, empezó con cierto tono asfaltico y acabó con sustrato Hellacopters.

Entonces llegamos a la parte central, la más peligrosa por la probabilidad de que el grupo se descentrara y se dilataran las canciones. Se despejó rápidamente el tablado y se prepararon tres sillas para un fragmento acústico en trío con Alzola (llevaba sombrero) sentado en el centro, entre Fito (gorra) y el telonero, Muchachito Bombo Infierno (otro con sombrero), para interpretar dos temas con cuerpo y… agilidad, sí: un blusero y acelerado 'No soy Bo Diddley', que pareció del Mississippi, y el 'Me tienes frito' del propio Muchachito, que pasó de lo 'delinqüente' a lo 'manonegrista'.

Prosiguió la bienvenida y bendita agilidad cuando llegaron los invitados anunciados para los dos conciertos de Bilbao: primero dos miembros de Gatibu, entre ellos Alex Sardui, ambos amigos y vecinos de Gernika, para cantar 'Urepel' en euskera (A Fito le quedó mejor y más verosímil que a Francis Doctor Deseo). Despidió el de Irala a los de Gatibu acercándolos al borde del escenario para recibir los aplausos, e introdujo al otro invitado, el más esperado: «Es como presentar a un hermano, casi. Ahora sí, por favor, que reviente Barakaldo entero, saludad a Uoho, a Iñaki», y entró su viejo amigo Iñaki Antón, con el que recuperó dos canciones de Platero y Tú que fueron de lo más coreado de la memorable velada: 'Hay poco rock and roll', con riffs hard rock por momentos acedecescos, y 'El roce de tu cuerpo', un himno con los coros del BEC apretando a pleno pulmón.

Tras los abrazos para despedir a Uoho, la velada trascurrió ascendente con el principio medio tiempo melódico y al final rock springsteeniano 'Entre la espada y la pared' (la de «sexo, droga y rock and roll»), un stoniano 'Tarde o temprano' (con fuerzas de Fito para correr por el tablado), y cierre por todo lo alto con coros del gentío en 'La casa por el tejado', con sus arabescos a lo Dire Straits, y tras las presentación de sus cinco músicos (batería de Chicago, bajista de Valencia, saxofonista de Gernika y el guitarrista Carlos Raya, ex sangre Azul, de Madrid), el rock and roll 'Antes de que cuente 10', con saxo springsteeniano y carreras de Raya por el tablado, en plan colíder.

Pero quedaban los bises. Tras tres minutos de petición, llegó el primero y a solas Fito sentado al borde del tablado recuperó 'Rojitas las orejas', con los móviles encendidos como mecheros, las tres pantallas (dos laterales y la rectangular del fondo del tablado que a lo largo de la noche sobre todo había proyectado el nombre Fito & Fitipaldis) agigantando su rostro en blanco y negro, y la cercana estrella del rock mostrando tanto callo a la guitarra acústica que extrajo trazos espectaculares en plan jazz fusión que merecieron una ovación que recibió en pie mientras en bucle seguía sonando el loop que había creado.

Cerró ese primer bis con «una nueva», como dijo en broma sobre 'Soldadito marinero', prolongado con boogie woogie y con los coros de la gente. Y quedaba otro bis, reclamado con 'beste bat': los tambores de Loquillo precedieron a 'Entre dos mares', la tercera que sonó esa noche de Platero y Tú, otra supercoreada, con poso sprinsgteeniano, y el cierre definitivo dedicado a La Cuadri del Hospi , o sea los niños de la sexta planta de Cruces, a los que brindó el 'Acabo de llegar', con la slide de Raya, duelo postrero entre la guitarra de Raya y el saxo de Alzola, y apoteosis grupal estirada sabedora de que se acababa el paso por Bilbao de la gira '20 años, 20 ciudades' de los mejores Fito & Fitipaldis de la historia. Hum… lo del sábado fue de lo mejor que veremos este año, insistimos.

Clip de Fito y La Cuadri del Hospi para la canción 'Acabo de llegar':

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