M-Clan: sobrados en el Kafe Antzokia

Tarque con camisa negra, y Ruipérez con chaleco, los jefes de M-Clan. :/CARLOS Gª AZPIAZU
Tarque con camisa negra, y Ruipérez con chaleco, los jefes de M-Clan. : / CARLOS Gª AZPIAZU
EL BAFLE

Capitaneado por su pletórico vocalista Carlos Tarque, la banda murciana M-Clan rompió al alza todas las positivas expectativas depositadas en su show del miércoles en el Kafe Antzokia, en su primera noche de dos con las entradas agotadas en la anticipada

ÓSCAR CUBILLO

Tercera vez que vemos este año a la banda de rock americano M-Clan (Murcia, 1993) en la gira de su disco ‘Delta’ (Warner, 2016): en enero en el Arriaga, el agosto en fiestas de Bilbao y en diciembre en el Antzoki. Todas bien, pero esta tercera mucho mejor. Y eso que acudimos al Kafe Antzokia temerosos de que su llenazo (las entradas estaban agotadas con antelación, también para el concierto de hoy jueves) nos chafara el disfrute, nos cortara el rollo, y sólo viésemos un rato antes de ir al metro. Pero no, nos quedamos atrapados como moscas en la miel: el grupo sonó cañón y limpio, el bolo cursó ardiente y creciente, desde el anfiteatro y entre las cabezas de una pareja de enamorados pudimos atisbar el escenario y seguir todo el rato al cantante, a un Carlos Tarque sobrado que entonó de maravilla, no se entretuvo demasiado con su juguete del tablado (una percusión, una tumbadora), se mostró ágil y elástico, se sentó, se acuclilló, se abalanzó, se sumergió entre el público en una ocasión (con dos machacas y el fotógrafo Azpiazu siguiendo su estela), filmó a la peña con móviles que cogió a espectadores, besó la mano de una dama y de un caballero de la primera fila, se ondeó con las manos alzadas sin llegar a ponerse estelarmente pesado en esta ocasión, se movió a lo largo y ancho del escenario, bailó, señaló a personas varias (quién sabe si imaginarias), dirigió con aspavientos a la banda, puso caritas y sonrió, aunque Tarque menos sonrisas lució que su compadre el guitarrista Ricardo Ruipérez, el otro M-Clan oficial, el jefe entre bambalinas de la formación

El miércoles, la primera de sus dos noches triunfales en un Kafe Antzokia con el aforo vendido por adelantado, M-Clan en sexteto se salieron de la tabla, sonaron de cine, habrían podido competir con las mejores bandas estadounidenses de rock sudista, destilaron envidiable soul en castellano, apretaron con las guitarras y operaron guiados por su vocalista, líder y frontman absoluto y ya intergeneracional. Sonaron 17 temas (sólo tres del nuevo disco, ‘Delta’) en 104 minutos con dos bises y los murcianos desgranaron el mismo listado que en fiestas de Bilbao, en Abandoibarra, este verano (cuando oficiaron en septeto, por cierto). Pero les quedó mucho mejor en el Antzoki: aquí no dosificaron disimuladamente a la mitad del programa como en Abandoibarra, sino que arrancaron pletóricos, arrasadores y naturalísimos, y supieron mantenerse en las alturas hasta el final, cuando quizá estiraron un pelín las canciones en plan baño de masas, con el gusto de apurar el momento de gloria rocanrolera.

Sin ánimo de aburrir consignemos que arrancaron con ‘Usar y tirar’, «un rock and roll chulísimo» (como lo calificó el amigo Jon Rozadilla), dispararon artillería pesada desde el inicio con ‘Llamando a la Tierra’ (su versión del ‘Serenade’ de la Steve Miller Band), la peña coreó a modo y ondeó las manos entre olor a porro en una también creciente ‘Souvenir’ (qué bien se oía, oigan: qué pena que el sábado pasado Los Zigarros no lograron tal nivel de volumen y claridad), en ‘Perdido en la ciudad’ resonaron a los Lynyrd Skynyrd (quizá fue la gran cima de la cita), ‘Calle sin luz’ brotó como soul-rock a lo Eddie Floyd, más soul en español cayó en ‘Para no ver el final’ (una interpretación tan genuina como urgente) y más fresca que nunca pareció ‘Basta de blues’, a lo Bobby Blue Bland. Hala, vamos citando las siete primeras canciones…

A la octava tocaron una del último disco, ‘Delta’, que fue la suavita ‘La esperanza’, y de seguido en el medio tiempo roquero ‘Roto por dentro’ Tarque dejó cantar a la gente. Otra del último disco, grabado en Nashville, fue el casi vals campero que no titula, ‘Delta’, y M-Clan rompieron la pana en la furiosa e intergeneracional ‘Las calles están ardiendo’, que como explicó Tarque «está dedicada a los políticos que nos están robando» (y al acabar saludó puño en alto). En ‘Maggie despierta’, su versión de Rod Stewart, fue cuando el cantante se coló entre la peña en un baño de multitudes con los fans de ambos sexos sin dejar de cantar, y los seis músicos se despidieron con ‘Pasos de equilibrista’, la pieza que menos explosiva les quedó (desiquilibrada, ¿no?).

Pero quedaban dos bises dobles que el gentío solicitó con ansia y recursos diversos: aplausos, oés, beste bat, otra, tarqueeee… El primero incluyó el soul ‘Miedo’, muy coreado por las féminas y con final hippie de manos alzadas, y un ‘Quédate a dormir’ en comunión general. El segundo bis fue para el ‘Carolina’, con Tarque filmando con móviles y golpeando platillos de la batería con el pie del micrófono, y el cierre por todo lo alto con ‘Concierto salvaje’, que resonó a los Jayhawks. Vaya, hemos citado los 17 títulos... Y acabaron y saludaron entre la ovación sentida de la gente hasta que, como siempre, hicieron mutis sus escuderos y se quedaron a despedirse a solas los dos miembros fundadores y oficiales: Tarque y Ruipérez.

Pensamos que por la comodidad de los espectadores M-Clan deberían ir a una sala más grande, con el doble de aforo, como Santana 27. Sin embargo, en los agradecimientos Tarque dio las gracias al Kafe Antzokia por resistir tantos años. Que un grupo de su envergadura actúe en una sala mediana es una aforma de apoyar la escena, ¿no? O sea que probablemente la próxima vez los cataremos ahí igual de apretados, girando la cabeza siguiendo las evoluciones de Tarque, el mejor cantante de rock and roll español. Por muchos años.

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