Joe Louis Walker, sonrisa de ganador

JLW ofició con una túnica africanista./Mikel Martines de Trespuentes / Sala BBK
JLW ofició con una túnica africanista. / Mikel Martines de Trespuentes / Sala BBK
EL BAFLE

El bluesman nominado al Grammy este año, triunfó con su batiburrillo de rock, góspel y blues sexy en una Sala BBK rendida a sus trucos de predicador

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Sólo se quedaron una treintena de entradas sin vender, o sea que lleno técnico hubo el jueves en la Sala BBK, en el séptimo año del ciclo Music Legends, para ver al bluesman Joe Louis Walker, nacido el día de Navidad de 1949 en San Francisco, California. JLW es una de las últimas figuras del blues negro y su mejor época la vivió en el revival de los 90, cuando podía girar por el mundo con gran banda y metales. Así le vimos en 1994 en un inolvidable concierto en el Getxo & Blues. Regresó a Getxo en 2012, con una banda inglesa, y se tiró el decepcionante bolo haciendo ojitos a la corista, una guapa mature blanca. En su tercera visita a Bizkaia, la de este martes, Joe Louis Walker nos desagravió y recompuso su crédito con un bolo desordenado y poliestilístico (del blues eléctrico al rock) que no apuró al 100 por cien su talento modernista.

Fue un bolo pelín hostelero, una fiesta que pedía a gritos una barra de bar y poder estar en pie, pero José Luis Caminero logró los aplausos generales y estrechó las manos de numerosos espectadores cuando bajó a recorrer el patio de butacas cual predicador mientras soplaba la armónica: fue muy ovacionado cuando dio dos cariñosos besos a una dama en silla de ruedas, provocó la risa general cuando bailó abrazado a una de las azafatas de la sala, y una chica casi le come la tostada cuando graciosamente desafiante le besó y hasta le consintió un pico… Qué pena no haber estado sentados en el pasillo para darle la mano al bluesman…

Fue un show de 10 piezas en 97 minutos con dos bises, el segundo solicitado con mucha insistencia por el respetable. En cuarteto con todos haciendo coros (un jovezno blanco con camisa vulgar a las teclas, una sensacional sección rítmica afro, más él a la voz de rajo soul y la guitarra descarada y chispeante), JLW abrió fuego presentando a sus músicos y cediéndoles solos («¿esto no se hace al final?», se extrañó Pato), y de seguido, con sonrisa ufana de ganador y trencitas rastas, se entregó al blues festivo bastante hostelero y purista, desde el clásico 'T-Bone Shuffle' de T-Bone Walker que le quedó bikinesco y al que incrustó en su epílogo un cacho del 'Train Kept A Rollin' de Johnny Burnette (qué ovación mereció del respetable predispuesto) hasta su trotón 'Young Girls Blues', incluido en su último álbum oficial, 'Everybody Wants A Piece (Provogue, 2015), el 25º de su carrera, tan roquista que ha sido nominado al Grammy 2017 al mejor álbum de blues contemporáneo, y del que cayeron varias piezas.

Joe Louis Walker.
Joe Louis Walker. / Mikel Martines de Trespuentes / Sala BBK

La siguiente, 'Sugar Mama', la dedicó a todas las «señoritas» (lo dijo en castellano) de la sala, y la presentó poniendo voz sexy de soulman, y avisó que la tocaría de modo 'soft & sweet' (suave y dulce), y la arrancó con un largo punteo a lo Luther Allison, y se puso a cantarla, y se volvió y sacó la armónica por sorpresa también graciosa, y con su túnica colorista de hechicero del Sahel y su sonrisa de diastema (de dientes separados, como Madonna), descendió al patio de butacas y siguió soplando, y cantando sin micro, y fijándose en más chicas («hey, no vuelvo a América, me quedo, me quedo en Bilbao», chilló a sus escuderos prendado de una de ellas), y cerró esta parte del show a pie de calle con cachos del 'Little Red Rooster'.

Ya sobre el tablado atacó otra del nuevo CD, el tradicional góspel 'Wade In The Water ' roquerizado y sudista, con largos punteos y hasta un solo teclista bastante progresivo, e incidió en el gospel más rockin' en 'Don't Let Go' (recordemos que antaño JLW militó en un grupo góspel, The Spiritual Corinthians Gospel Quartet). Continuó con un instrumental con slide y el doble sentido sexual que le aplicaba Luther Allison (el 'Gospel Blues' del CD), y en el 'Black & Blue' también del CD cruzó el rock indio con Al Green (ya ven qué guirigay) y se puso a percutir la guitarra de modo hendrixiano antes de despidirse con la fiesta rockin' de 'Too Drunk To Drive Drunk', donde coló riffs de los Beatles y de los Kinks.

Y hubo dos bises: el primero con el rotundo y sincopado homenaje a Chuck Berry 'Reelin And Rockin'', y el segundo su viejo blues-rock original, sincopado y campero 'One Time Around', que editó en 1988 y que consiguió palmas de la peña y reflejó brillos del gran Robert Cray, la última gran estrella del blues, esa con quien JLW compitió en los 90. Ya ven qué revoltijo de bolo y de repertorio. Lástima que se dejara en el tintero su versión de una nuestras canciones favoritas: ¡'What I Like About You' de los Romantics! Créanselo.

JLW tocando 'Too Drunk To Drive Funk' en Fairfield, Connecticut, en 2012, con la misma corista a la que hizo ojitos ese año en Getxo:

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