El gurú Gira

Michael Gira en trance flotante. / UNAI ENDENAÑO
EL BAFLE

Dos horas y media de rock horrísono y letanías aindiadas ejecutaron los legendarios 'Swans' en un Kafe Antzokia abducido que les despidió con una ovación de tres minutos. La prueba de sonido alcanzó los 125 decibelios

ÓSCAR CUBILLO

Cuatro horas seguidas en pie en primera fila, sin descansar para no perder el sitio privilegiado, nos tiramos el viernes en el Kafe Antzokia, abarcando el retraso inesperado (el show debía arrancar a las 21.15 y... ¡la taquilla se abrió a las 21.30!), el teloneo del transexual Baby Dee a dúo con un sobrino rasta rubio a la guitarra minimal (el repertorio fue de compungido y angustiado cabaré-folk con el acordeón de Baby Dee de protagonista), más las dos horas y media de aplastamiento sónico a cargo de 'Swans', legendario combo ruidista surgido en Nueva York en 1982, disuelto en 1997, y resucitado en 2010 con una alineación que está dando sus últimas bocanadas durante la gira mundial del 14º álbum de la banda, 'The Glowing Man', una banda siempre liderada por el arisco Michael Gira, un flaco californiano de 63 años (de ellos cuatro meses y medio en una cárcel de Israel por traficar con hachís... ¡a los 16 años!).

En sexteto (sin percusiones extras) durante 153 minutos (dos horas y media de bolo más tres minutos postreros de presentaciones de los músicos y ovaciones del respetable: ¡tres minutos, como en la ópera!) 'Swans' (Cisnes, nombre elegido porque es un animal bello pero con mucha mala leche) evolucionaron a lo largo de unas ocho suites.

Por primera vez en su vida, el que suscribe acudió a un concierto con tapones para amortiguar el volumen criminal. El sonido irradiaba tan alto que en una ocasión en que me quité los tapones parecía que en la sala estaba aterrizando una nave espacial (alienígena, sí). No se podía hablar y la gente se comunicaba por señas. Y Pato por whatsapps. Uno decía: 'Nine Inch Nails'. Sí, se refería a un cacho de actuación reiterativo, industrial, absorbente, peligroso... Otro decía: 'Wovenhand'. En efecto, lo dijo cuando las salmodias de Michael Gira, que ponía los brazos en cruz al cantar como un hechicero indio, profiriendo una lamento infinito.

Como concluimos la primera vez que los experimentamos allá por 2012, 'Swans', que hacen un rock bastante clásico, serían igual de buenos si tocaran a menor volumen, pero entonces perderían el aura legendaria, única. Yo, perdón por la insistencia, avisé antes de empezar que como sonara muy alto me piraba a la mitad. Y replicó Treznor: «Yo he pagado 25 euros, o sea que me quedo hasta la última canción». Pero con los tímpanos protegidos por los tapones no hubo ningún momento de sufrimiento, e incluso apenas se notó la ropa aleteando por las andanadas, ni crepitaron los oídos.

Y así todo el rato ante los seis roqueros, de negro casi todos, tipos duros y elegantes como los de la Jim Jones Revue o los 'Reservoir Dogs' (¡el de la guitarra steel parecía Edward Bunker!). 'Swans' despegaron su liturgia tocando en círculo, con Gira dando la espalda al público atentísimo, insistiendo en ambientaciones góticas entre David Lynch y 'Blade Runner', adentrándose en cabeceantes pasajes post metal y de rock siderúrgico, tambores como obuses que era recomendable recibir con la boca abierta (como en la Artillería), bajos como los helicópteros de 'Apocalypse Now', e improvisaciones en trance dilatado guiadas por el gurú Gira, armado con su guitarra negra y castigada Gibson Lucille (¡el modelo de BB King!), con las manos levantadas dirigiendo el ruido (infernal a veces cuando gañía la steel), y varias veces ostensiblemente disgustado, que lo vimos desde la primera fila: una cuando la banda no atronó al nivel que deseaba y varias más con el técnico de monitores (el que sonoriza lo que oyen los músicos en el escenario), cuando se escaparon varios acoples molestos para él y puso los brazos en aspas, simuló pegarse un tiro en la cabeza y lanzó miradas asesinas al técnico, así como pensando: estos españoles...

Los 'Swans' abrían el viernes en Bilbao un tour español de seis conciertos (o ibérico de ocho contando los de Oporto y Lisboa) en los que esta banda con la que Gira ha trabajado siete años se desmantelará y él seguirá trabajando con el mismo nombre y otros acompañantes cambiantes. Y en su show de dos horas y media agotadoras para el cuerpo, la psique y el alma (esto para quienes la tenemos), colegimos metal a lo Cult Of Luna (bum-bum-bum-buuuuuuummmmm), ritmos infecciosos como los de unos Rammstein orgánicos, más bajos como los Drones australianos, space rock de efectos lisérgicos por el epílogo, la progresividad de los 'Who' en una introducción que derivó hacia las ragas de la 'Velvet Underground', o la vibración de PJ Harvey lanzándose cuesta abajo para convertirse en los 'Stooges' cantando como los 'Sex Pistols'. Muy bien también, pero poco recomendable para la salud. Nada recomendable.

Adiós la cisne

El atávico y letal Michael Gira, nacido en California hace 63 años y leyenda de la no-wave neoyorquina más ruidista, inicia en Bilbao un tour español de seis fechas en el que despedirá a la alineación actual de 'Swans' (Cisnes), un sexteto con el que trabaja desde 2010, cuando resucitó la marca tras la primera encarnación 1982-1997. Divulga el 14º disco de la banda, ‘The Glowing Man / El hombre que brilla intensamente’, un CD doble o LP triple calificado en prensa como espiritual, gótico, abstracto, experimental, progresivo o universalmente aclamado. Está dando conciertos de dos horas que califica como ‘inmolaciones’. Hum... en 2012, en el Antzoki, la prueba de sonido alcanzó los 120 decibelios...

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