El gran talento de Los Fleshtones

El orden formal de Los Fiestones/CARLOS Gª AZPIAZU
El orden formal de Los Fiestones / CARLOS Gª AZPIAZU

Inmaduros vocacionales y profesionales de la juerga, los sesentañeros neoyorquinos arrancaron en Bilbao su nueva larga gira española dando un show que fue un despiporre, o viceversa

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El jueves The Fleshtones (Nueva York, 1976) arrancaron en el Kafe Antzokia su infaltable gira anual española. Esta vez, durante 17 días consecutivos, ¡con solo uno de descanso, el undécimo!, se subirán a escenarios de Bilbao, Gijón, Vitoria, San Sebastián, La Coruña, Cangas, Santiago de Compostela, Pamplona, Zaragoza, Tomelloso, jornada libre, Granada, Estepona, Orihuela, Barcelona, Madrid y Valencia. En el Antzoki atrajeron a unas 150 personas («me imagino que estaréis los mismos de siempre, ¿no? Yo les vi en el Gwendolyne», observó Topo por wasap) que entraron al trapo en todas y cada una de las canciones de los veteranos juerguistas yanquis, que se tiraron todo el rato subiendo y bajando del escenario: «hay mucho talento aquí, demasiado talento», decía en castellano el líder Peter Zaremba, y los músicos se ponían a girar sobre sí mismos. Pero para talento, el del guitarrista Keith Streng, capaz de saltar a su edad desde encima de los bafles, de la altura de una persona, que lo sepan.

Pues estos sesentañeros incorregibles, estos retrojuveniles impenitentes, estos inmaduros vocacionales, estos cuatro profesionales del guateque, también conocidos por estos lares como Los Fiestones (sic), con sonido mejorable (todo hay que decirlo) organizaron un despiporre de unos 23 temas llenos de falsos finales y apoteosis continuas en 76 minutos, o sea hora y cuarto. Solo tardaron siete minutos en calentar al personal y calentarse a ellos mismos. Lo que duró la primera canción, el rhythm and blues ‘Hard Lovin’ Man’, en la que salieron a escena de uno en uno, Keith de la misma ya surcó el público con su guitarra como proa, la gente se hartó de hacerles foto con móviles y cámaras pros, Zaremba descendió con el pie de micro y se puso a bailar el twist y consiguió que le imitara agachándose un lado del respetable, se pusieron tres fleshtones a tocar abajo (todos menos el batería, y entonces pudimos ver que calzaban zapatos y botines chulos: de punta, de colorines, plateados…), y Zaremba echó un trago de la birra de una chica. Ya estaba todo encarrilado.

En la primera canción, Zaremba, Streng y Fox entre el público.
En la primera canción, Zaremba, Streng y Fox entre el público. / CARLOS Gª AZPIAZU

La verdad es que a partir de entonces la media docena de fotógrafos presentes no dejaron de disparar a las incesantes poses, malabarismos y chorradas varias de los flacos yanquis. Eso parecía un desmadre en la universidad. Los Fleshtones siguieron con ‘Back To School’, hicieron el R&R con mucho soul ‘Feels Good To Feel’ y al acabarlo soltó Zaremba como un barraquero: «¡El talento de Nueva York en Bilbao!», y se puso a dar vueltas sobre sí mismo imitado por el grupo y parte del público. Y continuaron a lo suyo, subiendo y bajando, preguntando ¿quién tiene más talento? (tú, le respondieron, no, los Rolling Stones zanjó Zaremba y versionaron ‘Gotta Get Away’), se alternándose al micrófono Peter, Keith y Ken, insistiendo Zaremba en que «todos tenemos mucho talento… va a ser una buena noche», y sin cansarse nunca de suministrarnos garaje rocanrolero entre imprecaciones varias copiadas a James Brown, algún título clásico suyo (dos peliculeros: ‘I Was A Teenage Zombie’, de 1987, y el de la despedida del bis y del concierto, ‘American Beat’, su gran hit, regrabado en 1984 para la película ‘Despedida de soltero’ de Tom Hanks), guiños a sus convecinos (‘Remember The Ramones’, un rock and roll surf que fue de lo mejor de la sesión), buen rollo arrollador y contagioso (‘Alright’, versión de The Searchers que sonó al punk de los Revillos con tanto ye-ye-yé), los flequilludos Zaremba y Streng haciendo el tren, colando en el bis cuádruple una versión de ‘I Surrender’ de la holandesa Bonnie St. Claire (lo hemos averiguado en internet, claro), y cerrando definitivamente con Zaremba saliendo al lobby, al lado del puesto de discos, donde fue atrapado por unos fans que le echaron el brazo por los hombres y le dijeron: un concierto muy bueno, a lo que respondió el muy flequilludo, el público ha sido mejor.

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