Glenn Gould y la eternidad

Imagen tomada durante una de las sesiones de grabación.
Imagen tomada durante una de las sesiones de grabación.
Música clásica

Sony publica hoy una nueva edición tratada con la última tecnología de las ‘Variaciones Goldberg’ de Bach y un cofre con todas las tomas y fotos de la histórica grabación de 1955

César Coca
CÉSAR COCA

Existen una decenas –quizá un centenar o poco más– de grabaciones de referencia en la música clásica. Discos que han fijado un canon y por eso los intérpretes posteriores los estudian con todo detalle, para aprender o para diferenciarse. Y luego están otras grabaciones, muy pocas, que han revolucionado el mundo de la música, que han marcado un antes y un después. Que se aman con pasión inquebrantable o se desdeñan. Que incluso han llegado a convertirse en iconos de una época. Una de ellas, quizá la más admirada y sorprendente, tanto que no deja de venderse más de sesenta años después de su publicación, es la de las ‘Variaciones Goldberg’ de Bach que realizó un pianista de 22 años apenas conocido para el gran público, y que nunca antes había grabado un disco. Su nombre es Glenn Gould y esa grabación mítica vuelve al mercado, en una versión remasterizada a partir de las cintas originales y en un álbum que recupera fotos de las sesiones de grabación (sello Sony).

El impacto que tuvo el disco de Gould fue enorme desde su misma aparición, el 3 de enero de 1956. Había varias razones para ello: la primera, que Gould optaba por el piano en vez del clave; la segunda, que era la suya una interpretación diferente a todas, incluso violenta por momentos, con una sonoridad nunca antes percibida; la tercera era la extrema velocidad a la que sometía a la partitura, sin que por ello perdiera sentido. A modo de ejemplo: en esta grabación (haría una nueva versión discográfica en 1981) la obra dura en su totalidad algo más de 38 minutos. La registrada también al piano en 1998 por Rosalyn Tureck, que era consideraba una de las mayores especialistas en la obra del compositor alemán, ocupa algo más de 90. Tureck asume todas las repeticiones de la pieza y Gould, ninguna, pero es evidente que tan abismal diferencia de tiempo se debe sobre todo a la velocidad a la que ambos tocan la pieza.

Sesiones de leyenda

Todo lo que rodea la grabación de estas ‘Variaciones’ es ya leyenda. El director de la CBS ofreció un contrato a Gould después de haberlo escuchado en un recital en el que interpretó esta obra. El pianista se presentó en el estudio abrigado como si estuviera en el polo, pese a que se hizo a finales de la primavera: con abrigo, bufanda y guantes. Antes de comenzar la sesión, pidió una palangana con agua caliente e introdujo las manos durante veinte minutos. Era un ritual que mantendría toda su vida. Luego colocó su propia silla –mucho más baja de lo normal– ante el piano y comenzó a tocar. Era el 10 de junio de 1955. El trabajo en el estudio continuó el día 14, tras un largo fin de semana, y ya en la noche del 16 se hizo la última toma. El productor Howard H. Scott y los ingenieros Fred Plaut y Robert Waller eran plenamente conscientes de que aquella grabación no había sido una más.

Portada del disco.

El LP original llevaba una serie de treinta fotos de Gould al piano, una por cada variación. Es la misma funda que se ha reproducido ahora para el álbum que salde hoy a la venta. Curiosamente, la grabación que realizó en 1981, para celebrar su 50 cumpleaños, no tuvo la misma energía revolucionaria que la primera. Más larga –en parte porque hace en ella algunas repeticiones–, es también más refinada en algunos momentos, pero la visión algo menos violenta resulta a su vez de inferior ‘modernidad’. De ahí que la de 1955 siga siendo la grabación de las ‘Goldberg’ por excelencia.

Si el nuevo CD (también está disponible en vinilo), con un sonido soberbio, está dirigido a los aficionados a la música en general, Sony tiene reservada una sorpresa a los estudiosos de la misma. Se trata de un cofre en el que en siete compactos y un vinilo se recogen otros materiales. Por una parte, está la grabación tal y como se publicó en su momento –el LP y uno de los compactos– pero junto a eso figuran las sucesivas tomas de cada variación: en algunos casos solo dos, en otros hasta catorce. Y además están los diálogos de Gould con el productor y una conversación sobre la obra con Tim Page. También se incluye un poster y un libro con imágenes de los que vuelven locos a coleccionistas y mitómanos. Glenn Gould grabó alrededor de 70 discos pero ninguno como el primero. Unas ‘Variaciones Goldberg’ para la eternidad.

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