Franceses guapos

Cranks en el Villa de Bilbao. /CARLOS Gª AZPIAZU
Cranks en el Villa de Bilbao. / CARLOS Gª AZPIAZU
EL BAFLE

Dos grupos franceses con miembros jóvenes y apuestos coincidieron en bolos de puertas abiertas: los metaleros Cranks en el Bilborock y los rocabilescos The Howlin’ Jaws en el Museo Marítimo

ÓSCAR CUBILLO

Dos grupos franceses pudimos ver gratis el viernes en Bilbao. En total, en justo 24 horas hemos podido a ver a tres combos venidos de Francia: el jueves al sexteto soulero de Lyon The Buttshakers (estos de abono), y el viernes al cuarteto heavy metal aquitano Cranks y al trío boogie-billy parisino The Howlin’ Jaws.

Cranks actuaron en el Bilborock, en la jornada inaugural del apartado metalero del 29º Villa de Bilbao. Cuando preparaban el escenario pudimos observar su estética pinturera y rampante, pues parecían cuatro cromos: cuatro lustrosas y limpias melenas; cinturones de cuero, de remaches de aluminio, ¡y de balas!; playeras blancas hasta los tobillos lucía el bajista Gilen Daubriac (de bigotillo incipiente a sus 20 años) y, exhibidas por fuera de las perneras, botas camperas barrocamente repujadas los dos guitarristas, los hermanos Daugareil (Mathieu, de 23 años, a la voz un poco justa, y Lucas, de 20, éste tan guapo, lampiño, rubicundo y melenas que parecía una chica adolescente); camisetas de Saxon, Iron Maiden y Motörhead en primera fila (no veíamos al baterista, al vascofrancés de 38 años Iñaki Plaa, parapetado tras dos bombos, timbales y platos), pantalones de cuero y mallas, pañuelo rojo el bajista y alguno más una chupa de cuero cruzada que se quitó al salir a escena.

Cranks, de Magescq (un pueblo de 2000 almas en Las Landas, cerca de Dax), en 27 intensos minutos forjaron 5 vibrantes piezas de heavy metal de manual (guitarras dobladas, punteos por doquier, aire épico, velocidad constante, algún alarido en falsete…) adscritas de modo fidelísimo a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. La verdad que fue una extraña gozada verlos en acción cuando hemos calibrado ya bastante cascados por la edad a sus maestros, a Saxon, a Judas Priest y, algo menos perjudicados, a sus adorados Iron Maiden.

Con la ilusión reflejada en sus inocentes rostros gracias a la entusiasta respuesta del centenar pasadito de obnubilados espectadores (está yendo poca gente en este arranque del Villa), los Cranks (metanfetamina en Los Ángeles, nos explican ellos, aunque hay otras traducciones más relativas al… ¿miembro viril?) cabalgaron sin parar (‘Kicking (The Reaper’s Ass)’), se autoafirmaron dentro del heavy (‘Feel The Power’), hicieron una larga suite melódica con marasmo guitarrero en el ecuador para tomar aire (‘Life Goes On’), volvieron a cabalgar (‘Pain’) y cerraron con otra suerte de suite montándose las guitarras una sobre otra en plan muy Iron Maiden (‘Storm Warning’). Ojalá lleguen a la final metalera del Villa y podamos repetir el viernes 10 de noviembre.

The Howlin’ Jaws, durante su actuación en Bilbao.
The Howlin’ Jaws, durante su actuación en Bilbao. / OSCAR CUBILLO

The Howlin’ Jaws

Luego en tranvía nos dirigimos hasta el Museo Marítimo, donde debajo del puente Euskalduna, al aire libre y gracias al bar Nave 9, otro centenar de aficionados (y quizá varios turistas que pasaba por ahí, como esos espectadores de rostro oriental) catamos a los parisinos The Howlin’ Jaws (Las Mandíbulas Aulladoras), otros tres franceses jóvenes (recién veinteañeros) y guapos, pero estos más atildados, con pelo corto engominado y peinado hacia atrás, y uniforme indumentario: chupita y pantalón vaqueros, botines y por dentro el mismo niki los tres.

Sobre un escenario pequeño, desnudo y sin telón de fondo, en 78 minutos tocaron 20 temas. Les quedaron mucho mejor los más rocabilescos y los de boogie eléctrico e incisivo que esos en los que, intentando huir de la etiqueta purista o 50s, les dejaban en tierra de nadie. ¡Hay que ser fieles, como sus paisanos Cranks en el Bilborock! Los Howlin’ Jaws sonaron a rockabilly europeo de los 80s (Teddy & The Tigers), un poco también al americano de los 50 (el hipado Gene Vincent que gusta mucho a los franceses, Johnny Burnette, Eddie Cochran en algún espasmo del guitarrista…) y también se arrimaron al swing vía los Stray Cats (estilista como los neoyorquinos les quedó la versión del ’16 tons’, original de Merle Travis).

Pelín presuntuosos (no es un reproche, ¿eh?), los Howlin’ Jaws intercalaron varias versiones, a menudo presentadas por su contrabajista y vocalista, que a veces se hacía entender en castellano. Y esas versiones también marcaron la transición desde el rock-a-billy y derivados blancos hacia el boogie más negroide, impresión refrendable en hitos como el ‘You’ve Got To Loose’ de Ike Turner (que sonó a boogie, pero vía el british boom de los 60), el rock and roll playero de los Thrashmen ‘King Of The Surf’ (entre Chuck Berry y los Beach Boys), el mentado y swingueante ’16 Tons’, luego el ’Sixteen chicks’ de Joe Clay (mutado en boogie a lo Nightporters), un crepuscular ‘Midnight Train’ de Johnny Burnette (muy dramáticamente francés les quedó, sí) y por el epílogo un febril ‘Shake Your Hips’ de Slim Harpo, arquetipo de la que podría ser su apuesta más transversal si desean abandonar la etiqueta de años 50.

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