Fermin Muguruza, un toro presto a embestir

Fermin Muguruza mirando al respetable y flanqueado por el dúo electrónico TSOTWC ./Carlos Gª Azpiazu
Fermin Muguruza mirando al respetable y flanqueado por el dúo electrónico TSOTWC . / Carlos Gª Azpiazu

El ex Kortatu y Negu Gorriak abrió en el Kafe Antzokia la gira de ocho fechas de su nuevo proyecto de electrónica, mano a mano con The Suicide Of The Western Culture, y sostuvo la arriesgada propuesta oscilando desde el interés hasta la excitación

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Primero de los ocho conciertos que dará Fermin Muguruza (Irún, 1963) divulgando su disco 'B-Map 1917 + 100' (Talka-El Segell, 2017), elaborado mano a mano con el dúo electrónico catalán The Suicide Of Western Culture. El artefacto conmemora el centenario de la revolución soviética y se inspira en diez ciudades cuyo nombre empieza por B: Bilbao, Berlín, Belfast, Bogotá, Belgrado, Barcelona, Baton Rouge… Hoy viernes lo representa en Vitoria (Jimmy Jazz, 21 h, 15-18 €; más La Furia), y cerrará la gira el sábado 16 de junio en San Sebastián (Polideportivo, también actuarán Belako). Como nos definió en una entrevista previa, el estilo de este proyecto «se podría considerar como sonido electrónico bailable del punk, algo ligado al dub y a lo industrial, también a la electro body music que reivindicaban Front 242, Kraftwerk y, en la segunda oleada, Nine Inch Nails».

El primer concierto se celebró este jueves en el Kafe Antzokia. Lo primero que nos sorprendió fue que no se agotaron las entradas (habría 400 espectadores) y lo que a la postre (y durante) nos alivió fue que su propuesta electrónica, algo siempre difícil de defender en directo, sostuvo el tipo y medró gracias a la aportación guitarrera de Karlos Osinaga, alias Txap (el de Lisabö), quien logró evitar la aridez mecánica y sin alma habitual en estas historias. Además, todo el respetable se entretuvo siguiendo las visuales de fondo, un collage más explícito que subliminal que emergía empastado con el sonido general.

El ex Kortatu y Negu Gorriak estuvo todo el rato al frente del escenario, en el centro de la escena, mirando al público como un toro presto a embestir, con redaños y tablas, acostumbrado a ser el foco de las miradas. Tras el prólogo maquinal ambiental e incluso unamuniano (las visuales evocando su mitificado enfrentamiento con Millán Astray en la universidad de Salamanca en 1936) servido a solas por el dúo The Suicide Of Western Culture, reapareció el cuarteto al completo y durante 91 minutos sonaron 14 piezas (contabilizando el rap de Peru del Hoyo, hijo del preso de ETA muerto en la prisión de Badajoz Kepa del Hoyo) que se sucedieron curiosamente con una alternancia aparentemente muy meditada: regular-buena-regular-buena… Pero sin nunca perder el interés, gracias a la aportación de las visuales.

Fermin escoltado también por Txap Osinaga, que restó aridez a la electrónica.
Fermin escoltado también por Txap Osinaga, que restó aridez a la electrónica. / Carlos Gª Azpiazu

Hubo tres revisiones del legado previo de FM, dos de ellas lo único coreado de la velada: 'Itoxiten' de Negu Gorriak (deconstruida y vuelta a montar como un mecano, que fue la primera coreada), 'El estado de las cosas'de Kortatu (que no se coreó, quizá porque el público estaba mirando las imágenes en blanco y negro de la película 'La batalla de Argel' cuyos fragmentos se emitián bajo el barullo industrial a lo Nine Inch Nails de la canción), y abriendo el bis el 'Zu atrapatu arte' también de Kortatu (en plan Ministry algo planos, y la otra muy coreada, claro).

Y también sonaron las diez canciones del disco, pero en distinto orden. Y así, alternando lo interesante con lo emocionante (hum… no escatimemos al adjetivar, pues no nos importaría repetir la sesión el día después, este viernes en Vitoria), colando pregrabaciones bien engarzadas (canciones de Laboa, declaraciones de Telesforo Monzón, raperas en acción, soflamas femeninas bonaerenses…), entre lo más impactante del repertorio destacaríamos 'Beirut' (interpretada por un FM tenso y con actitud, influido por Joy Division y Front 242), 'Bogotá' (el caos de Psychic TV y tal), 'Buenos Aires' (con la cesta punta y un hervor a lo Todos Tus Muertos sintéticos y pasados por la túrmix de Atari Teenage Riot), 'Baton Rouge' (con FM muy dramático, oscilando entre el reggae dub y el drum & bass), 'Brazzaville' (dance industrial, con Fermín al final bailando con movimientos africanos al borde del tablado), y para cerrar la sesión 'Berlín' (a lo post-The Clash urbanitas en 'Blade Runner', con la frase 'yo soy Ulrike Meinhof', en referencia a la terrorista de la Fracción del Ejército Rojo que apareció ahorcada en su celda).

Paradójicamente, Bilbao, la única ciudad vasca del disco 'B-Map 1917 + 100', tuvo una interpretación de lo menos atrapadora. Quizá la sensación se deba a que vivimos aquí, encerrados en ella. Pero muy bien Fermín con The Suicide Of Western Culture y Txap, y eso que era el primer concierto de los 8 previstos.

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