'Extremadura connection' con Miguel de Tena

Miguel de Tena y Patrocinio Hijo por farrucas./Natalia Crespo
Miguel de Tena y Patrocinio Hijo por farrucas. / Natalia Crespo

El poderoso cantaor templó, dominó y calentó los 22º Viernes Flamencos en un Teatro Barakaldo con muchos inmigrantes encantados

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Ambientazo y calor creciente en la sala pequeña del Teatro Barakaldo para disfrutar con el sexto de los siete Viernes Flamencos de este año, el protagonizado por el cantaor jondo, poderoso y abarcador Miguel de Tena (Ruecas, Badajoz, 1976). El anfiteatro estaba lleno en más de tres cuartas partes de gente atenta, receptiva y contenta, y el oficiante agradeció la atmósfera: «He estado en festivales en los que desde la primera fila parecía que iban a lanzar un córner, y así es difícil entrar en calor». Ya: ahí, en el sótano del Teatro Barakaldo, los artistas tienen a un metro al respetable, que encima se sienta en grada por encima de la vista.

Miguel de Tena dio un concierto muy largo, de 86 minutos para 10 sucesiones de cantes, en los que necesariamente dosificó fuerzas: las ordenó desde la natural aunque cerebral entrega jonda de la primera parte hasta el calor por dentro y por fuera de la segunda y tercera partes. El concierto fue estupendo y cursó hacia arriba, respaldado por la guitarra de Patrocinio Hijo (Antonio Luque Espejo, Córdoba, 1973), y el orondo cantaor dedicó numerosos cantes a espectadores presentes en la sala.

Las primera cuatro piezas fueron de tanteo, pero a un nivel superior a la media. Abrió por malagueñas rematadas con abandolao cinegético y espectacular. Fueron muy ovacionadas y «viva la madre que te parió» le espetó una dama. El cantaor señaló al micrófono, solicitó a los técnicos de sonido «dame un poquito de 'reverb' que está muy seco esto», como pide La Pantoja, y se lució con una farruca «dedicada a mi amigo Jose, de Llodio, aunque es de Extremadura»; «¡yo también!», le interpeló feliz y orgullosa una espectadora. La farruca cálida y antigua encantaría a Mayte Martín y marcó el hito de la primera parte. Prosiguió con soleá jonda y atemporal, reforzada por palmas muy bien dadas por el artista, que la dedicó «a mi amigo Martín» y que también fue muy ovacionada. El paseo por los tangos de Málaga, Granada y Extremadura se hizo un poco largo, por divulgativo, dilatado, estilista y cerebral, lo cual no quiere decir que estuviera mal.

Ventilador rumbero

Por la parte central, la segunda, Miguel de Tena echó el resto. Una de las cimas la alcanzó por peteneras, «un cante que se hace muy poquito y que se lo dedico a mi amigo Esteban», y donde acompañó su garganta poderosa con gestos apuntando al cielo como un gladiador. También voló alto en 'María de la O', un cuplé por bulerías de Manuel Vallejo «dedicado a las mujeres», un tema muy agudo, tímbrico y sostenido, con ventilador rumbero a cargo de Patrocinio, que fue el que más agradó a Natalia, que era la primera vez que iba a un concierto flamenco y que salió fascinada y sorprendida. Otra cima la holló por granadinas «dedicadas a Joaquín Vera, de parte de su primo Antonio», y que le quedaron melancólicas y modernas. «¡Vas a mejor!» y «¡eres un fenómeno!» le jaleaban los veteranos flamencólogos habituales del ciclo.

Y para el epílogo reservó su especialidad, los fandangos, en tres ternas bien engarzadas en las que cantó en pie sin micro y en las que reconoció: «Muchas gracias por vuestro cariño, respeto, calor y presencia. Sin vosotros aquí nosotros no seríamos nada». Las tandas por fandangos fueron estas: tres raros de Pepe Palanca abiertos por una introducción desbordante de Patrocinio («ole los que tocan bien», le animó el jefe antes de dedicarlos «a mis amigos José y Rosa Mari, de aquí de Bilbao»); tres más en otra tanda por bulerías (con Miguel afilado y Patrocinio inquieto); y para cerrar, una tercera terna de Porrina de Badajoz, muy dramática y que el dúo nos suministró en pie y sin amplificar, mirando en cada fragmento a una parte del anfiteatro. Tras la merecida y sincera ovación, dijo Miguel de Tena: «Voy p'allá, a firmar los discos», y no tardó en estar en el lobby, rodeado de fans felices tras una sesión inusual que, como nos contó el cantaor bilbaíno Juanjo Navas, también de ancestros inmigrantes, de abuelos de llegados Córdoba y Sevilla: «Estas voces ya no se oyen, ¿eh? Es como la de Marchena».

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