Evocación nipona

Los tres vientos en la primera fila del escenario. /B. J. C.
Los tres vientos en la primera fila del escenario. / B. J. C.

Hablando en buen castellano, la trompetista japonesa Natsuko Sugao sedujo al respetable del Bilbaína Jazz Club, al que vendió numerosos CDs

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Tres expectantes cuartos de entrada para ver el jueves en el Hotel Conde Duque, en una nueva sesión del 27º Curso del Bilbaína Jazz Club (BJC), al sexteto de la exótica trompetista japonesa Natsuko Sugao, que vive en Barcelona desde 2002, que domina el castellano, que presentó y explicó cual pedagoga todos los temas interpretados y que afirmó que lleva tocando con esa formación hace diez años «y cada vez me siento más cómoda». Era la primera vez que actuaba en Bilbao, aseguró que «hace mucho que quería venir a esta ciudad con mi grupo», y el repertorio alternó temas inéditos con otros extraídos de sus dos discos: ‘Sakura’ y ‘La danza de una luz’ (UnderPool, 2016), del cual trajo copias para vender y comentó: «tenemos muchos y quiero volver a Barcelona con la maleta vacía. 10 euros».

En total sonaron 7 temas en 72 agradables y transportadores minutos (descontando los dos o tres del parón inicial en que se quedaron sin energía eléctrica). El Natsuko Sugao Group, con tres vientos en primera fila y semitapados en la segunda el piano, el contrabajo y el batería, tocaba a la vez, empujando con melodías evocadoras, y a veces se rompía el ambiente con solos variados y cortos y con disrupciones premeditadas al saltar de lo bucólico a lo urbanita, por ejemplo.

Con percusiones orientalizantes propias del cine de Kurosawa (‘Preludio’), un pianista que tocaba con ellos por primera vez (Toni Saigi, «no sé si está arrepentido o contento», planteó la lideresa en las presentaciones) y que arrancó ovaciones esporádicas tras sus minisolos intercalados (en la segunda pieza, ‘La isla’), intención creciente (o sea gradaciones instrumentales), o una novísima composición inspirada en dibujos animados japoneses de los 60 que sonó lenta y minimal, tipo funeral de Nueva Orleáns como ejecutarían los madrileños Bruna Sonora o Morricone.

Prosiguieron con contrastes entre los puentes rojos tradicionales y las casas de madera de Japón y los grandes rascacielos grises como explicó Natsuko, alternando en esta pieza la serenidad del alma con estridencias de ritmo baterista roquista antes de retornar a la placidez (‘Tsukishima’, que es un pequeño barrio de Tokio), microsuites de espíritu similar a las del Gershwin urbanita y trufadas de trucos a lo Sun Ra (‘Hombrecito verde’, el del semáforo, que se harta de trabajar y se escapa a México; «me voy a comprar el disco… es maravillosa», decidió al acabar este tema una espectadora de la tercera fila que se lo contó a su amiga), optimismo peliculero del jazz de los años 60 puramente americano ( ‘La danza de la luz’, título de la reválida, en cuya introducción presentó a la banda e informó del precio del CD), más un bis «para despedirnos de verdad» dedicado a su sobrina, que vive en Japón, y que sonó flotante de felicidad y puramente americano también, con trompeta algo Satchmo y swing clasicista y sugerente (‘Jarka’, o algo parecido, así se llama la sobrina).

PD: Los dos próximos conciertos del BJC también serán internacionales: el jueves 23 albergará un duelo entre el trompetista Kurt Weiss y el saxofonista Bob Sands, en formato quinteto (esperamos no perdérnoslo), y el jueves 30 oficiará el Masa Kamaguchi Trio liderado por un contrabajista también japonés afincado en Madrid.

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