Jesse Dayton, esencia vaquera

Jesse Dayton apuntando con el mástil a la atenta concurrencia./ ÍÑIGO PAS BAS
Jesse Dayton apuntando con el mástil a la atenta concurrencia. / ÍÑIGO PAS BAS
El Bafle

El guitar slinger texano destapó las esencias de la gran música americana cantando historias country en modo trío rocker

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Tan americano como John Wayne se desplegó sobre las tablas del Kafe Antxiki la noche del lunes el guitarrista texano Jesse Dayton, exescudero de mitos del country como Johnny Cash, Kris Kristofferson, Merle Haggard, Willie Nelson o ese Waylon Jennings cuyo logotipo de alas en W lleva tatuado en la muñeca derecha. Con pinta de pandillero mexicano, con la perilla y el peinado engominado y p’atrás, ante unas 70 personas entusiasmadas el pistolero Jesse Dayton dictó en trío una lección magistral de música americana (historias completas, versatilidad y seguridad guitarrística, conjunción instrumental…) en la que no faltaron algunos esporádicos guiños hosteleros, muy bluseros todos, como los de pedir coros o coger una botella de cerveza vacía para frotarla en plan slide por el mástil, todo ello para que participe el público y salga contento del local y compre merchandising y repita la próxima vez y deje propina si es menester.

En trío tan bien armado que nos recordó a Los Brazos getxotarras (batería rotundo sin aspavientos, bajista y contrabajista serio con camiseta del ‘Powerage’ de AC/DC y parche en la chupa de nuestros admirados Blasters), el guitar slinger Jesse Dayton condujo una efectiva y creciente velada de 15 temas en hora y cuarto, 76 minutos, ahí es nada. Abrió fuego apabullando con los dos primeros temas de su noveno disco oficial en solitario, ‘The Revealer / El revelador’: el rock cimbreante ‘Daddy Was A Badass’ y el rockabilly en la onda Blasters ‘Holy Ghost Rock n’ Roller’, donde el combo demostró dinamismo y el hacha se exhibió en punteos desde el centro del tablado.

Ya mostradas las cartas se relajó, cantó con su voz de forajido barítono (‘We Can’t Help The Way We Are’), se destensó con boogie hostelero (‘I May Have to do it (I don't Have to Like it)’, la de los coritos), tributó a George Jones (‘Like a Possum Ran Over My Grave’; este es el clip oficial) y, tras brindar con bourbon Jack Daniels alegrándose de que lo encuentra por todo el mundo, denunció que los Rolling Stones robaron a Slim Harpo el ‘Shake Your Hips’, el boogie afilado en el que frotó la guitarra con la botella de cerveza marca Calsberg y donde pidió a la peña que corease he-he-he.

Esa fue la séptima pieza y ya hasta el final todo pareció más sólido y serio, como vaqueros vagabundos en el micromundo de la película ‘Comanchería’: inspiraciones en Nueva Orleans, viajes a México, peloteo a la concurrencia («tenéis de todo: mar, montaña, buena comida, buen vino, mujeres bonitas, me mudo aquí, no vuelvo a Texas»), baladas vía Phil ‘Blasters’ Alvin, rocanrol de honky tonk que sonó redondo como Shakin’ Stevens (y que tocó justo después de contar que ha grabado tres discos con los Supersuckers, o sea que quizá fue una versión de estos), una dedicatoria a Waylon Jennings (y versionó su ‘Lonesome On'ry And Mean’), rock fronterizo, una despedida countrybilly brutal y espectacular (‘I'm At Home Getting Hammered (While She's Out Getting Nailed)’) y un bis donde se atrevió con el ‘Casting My Spell On You’ de Johnny Otis, que sonó tan rocabilesco como Brian Setzer y Nick Curran.

Acabó el bolo y tan contento estaba el que suscribe que fue a comprar el disco al puesto de merchandising: 10 euros pedían por el CD… ¡Pero era una copia casera! ¡Para eso lo pincho en el PC!`

Fotos

Vídeos