Música clásica

Dirigir el concierto más famoso del mundo

Sala Musikverein./
Sala Musikverein.

Solo 16 músicos han empuñado la batuta ante la Filarmónica de Viena en Año Nuevo desde la creación de ese evento, en 1939

César Coca
CÉSAR COCA

Nació como una fiesta en un momento de depresión nacional y pronto se convirtió en el espectáculo cultural con más espectadores de cuantos tienen lugar cada temporada. Es el Concierto de Año_Nuevo de Viena, que se celebró por primera vez el 1 de enero de 1939, cuando no habían pasado ni diez meses de la incorporación de Austria al III_Reich (el Anschluss). No lo hubo en 1940 pero desde al año siguiente no ha dejado de celebrarse y el próximo lunes será visto por televisión en alrededor de ochenta países, con una audiencia estimada en no menos de cien millones de espectadores. En las 79 ediciones transcurridas –se incluye ya la próxima–, solo 16 directores han tenido la fortuna de empuñar la batuta ante la Filarmónica de Viena para abordar un repertorio etéreo, despreocupado, ligero y feliz, siempre igual a sí mismo.

Los músicos de la orquesta decidieron en 1986 elegir a su director para este evento año a año –de todos modos, la Filarmónica de Viena es la única gran orquesta que no tiene director titular desde su fundación–, y no de una forma más o menos vitalicia, como sucedía con anterioridad. El elegido para 1987 fue Herbert von Karajan. Estos son los grandes de la batuta –algunos no tan grandes– que reinaron en los sucesivos conciertos de Año Nuevo en la capital de Austria.

Clemens Krauss (Viena, 1893-Ciudad de México, 1954). Dirigió el concierto de 1939, y luego de 1941 a 1945 y de 1948 a 1954. Especialista en Strauss (pero Richard, no los miembros de la saga de los valses), era un director profundo y complejo a quien tocó dar forma a este espectáculo irrepetible. Amigo íntimo de Goebbels, tuvo serios problemas tras el fin de la guerra, hasta que fue exonerado de toda culpa en 1947.

Josef Krips (Viena, 1902-Ginebra, 1974). Su caso es exactamente el contrario al de Krauss porque era de origen judío y no se le permitió trabajar durante años. Dirigió los conciertos de 1946 y 1947, hasta el regreso de aquel. Especialista en ópera, le tocó protagonizar lo que debía ser una fiesta en unos años muy difíciles tras la guerra, con la ciudad semidestruida.

Willi Boskovsky (Viena, 1909-Visp, 1991). Fue durante más de cuarenta años el concertino de violín de la Filarmónica de Viena. Dirigió el Concierto de Año Nuevo en 25 ocasiones, entre 1955 y 1979, momento en el que se jubiló. Mandaba sobre la orquesta en el más puro estilo Strauss, desde su lugar en la orquesta, y asumió como nadie el espíritu de la saga. Se da la paradoja de que un músico que estrictamente no era director es quien mejor ha expresado el sentido de este espectáculo.

Lorin Maazel (Neully-sur-Seine, 1930-Virginia, 2014). Sustituyó a Boskovsky desde 1980 hasta 1986, momento a partir del cual los músicos optaron por elegir al director con carácter anual. Con posterioridad, se subió al podio en 1994, 1996, 1999 y 2005, para así completar once actuaciones. Está considerado uno de los grandes directores del siglo XX y cada 1 de enero hacía disfrutar a los músicos y los espectadores con su simpatía y su capacidad para comunicar. Maazel jamás defraudaba.

Herbert von Karajan (Salzburgo, 1908-Anif, 1989). Cuando fue elegido para dirigir el concierto de 1987 estaba ya delicado de salud. Las imágenes de ese día lo muestran dolorido pero concentrado hasta lo inverosímil en un espectáculo en el que debutaba pese a su impresionante trayectoria. Para muchos, es uno de los mejores, si no el mejor, conciertos de Año Nuevo en Viena.

Claudio Abbado (Milán, 1933-Bolonia, 2014). Lo dirigió en 1988 y 1991. Un director de gran talento que ofreció dos conciertos sutiles, correctos, pero en los que se echó en falta un poco de pasión.

Carlos Kleiber (Berlín, 1930-Konjsica, 2004). Fue elegido en dos ocasiones: 1989 y 1992. Nadie lo habría considerado un especialista e incluso parecía un director improbable por su repertorio y lo poco que se prodigaba, pero firmó unos conciertos extraordinarios, de los mejores de la serie.

Zubin Mehta (Bombay, 1936). Ha empuñado la batuta ante los filarmónicos vieneses en cinco ocasiones (1990, 1995, 1998, 2007 y 2015), lo que significa que junto a Muti es el que más veces ha sido elegido desde que existe el sistema anual. Simpático y comunicativo, el único pero que le ponen los críticos es que su brillo es algo superficial. Aunque nadie ha dicho que la música de los Strauss sea precisamente profunda.

Riccardo Muti (Nápoles, 1941). Con esta serán otras cinco ocasiones las que se ha subido al podio de la sala Dorada de la Musikverein: 1993, 1997, 2000, 2004 y 2018. Sus interpretaciones han destacado siempre por su sentido teatral y un color intenso en el tratamiento orquestal.

Nikolaus Harnoncourt (Berlín, 1929-St. Georgen im Attergau, 2016). Como miembro de la corriente historicista y experto en el barroco, parecía un director improbable para un repertorio así, pero fue elegido en dos ocasiones (2001 y 2003) y sorprendió muy gratamente al ofrecer una visión fresca de unos temas tan trillados.

Seiji Ozawa (Hoten, 1935). Solo ha pasado por el podio en una ocasión, el 1 de enero de 2002, y mostró una energía y un entusiasmo que quizá no se esperaban.

Mariss Jansons (Riga, 1943). Formado en la gran escuela soviética e influido también por Karajan, consiguió que el extraordinario sonido que extrae de las orquestas se plasmara en los valses para dar como resultado tres magníficos conciertos, los de 2006, 2012 y 2016.

Georges Prêtre (Waziers, 1924-Navès, 2017). Es el único francés que ha dirigido el concierto de Año Nuevo en Viena. Lo hizo en 2008 y 2010. Pese a ser un especialista en ópera, su primera actuación fue muy bien acogida por la crítica en el sentido de que había captado plenamente el estilo vienés. En su segunda aparición –con 85 años, el más veterano de la serie– no estuvo a la misma altura.

Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942). El primer latino, aunque de ascendencia rusa, que ha protagonizado este concierto. Lo ha hecho en dos ocasiones: 2009 y 2014. En ambos casos hizo gala de un histrionismo que pocos le conocían y mostró su enorme talento.

Franz Welser-Möst (Linz, 1960). Elegido por los músicos en dos ocasiones (2011 y 2013), ha pasado a la pequeña Historia de los conciertos de Año Nuevo por protagonizar los más prescindibles. Los críticos mostraron poco o ningún entusiasmo: los más benévolos se limitaron a decir que había estado correcto, sin más; los más ácidos hablaron de aburrimiento.

Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981). Llegó al concierto del pasado 1 de enero con grandes expectativas por parte de los aficionados y quizá eso le pudo. Innovó poco o nada en el programa y pareció envarado hasta la segunda parte de la función, para remontar el vuelo en las últimas partituras.

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