Diez personas, diez historias

Rafa Rueda./Galder Izagirre
Rafa Rueda. / Galder Izagirre
Rock Vasco

Rafa Rueda edita el polar, moderno y urbanita ‘Hiri kristalezkoa’, su primer disco en solitario tras seis años ocupado en otras tareas

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Siempre atraído por los sonidos fríos y postmodernos gestados en la Pérfida Albión, el guitarrista Rafa Rueda (Mungia, 44 años) da un paso adelante en la introspección sónica de poso polar con su novísimo disco, ‘Hiri kristalezkoa’ (Elkar), el primero que edita bajo su nombre en seis años, aunque se ha mantenido muy activo en la escena: es guitarrista del cantautor euskaldun Mikel Urdangarin, ha colaborado con el escritor Kirmen Uribe, ha tocado con Lou Topet y se ha visto implicado en la gira de resurrección temporal, una década después de su disolución, del grupo que le hizo conocido en Euskadi: Pi. L.T.

Este jueves, en la rueda de prensa albergada en el Kafe Antzokia, contó Rafa que tras esos seis años sin disco quería enfocar el nuevo de un modo diferente, rompiendo la inercia natural de cuando se editan discos regularmente y salen «de modo automático. Deseaba romper con todo, hasta con la estética. Y para ello he buscado un productor de fuera para llegar a los sitios que tenía pensados. He trabajado con Jon Agirrezabalaga, de We Are Standard, de quien me gustaban mucho producciones suyas anteriores. Es un tío que tiene una musicalidad excepcional y ha sido una gran ayuda».

El nuevo álbum cursa etéreo, a medio gas y algo polar, de manera postmoderna y global, y resuena al post-rock desolador, a Antony, a Jay Jay Johanson, a Fink, a Gari, a Eñaut Elorrieta… Como afirma Rafa Rueda, «es un disco centrado en la ciudad. Es monográfico. Las canciones se titulan con nombres propios de personas. Son diez canciones, diez personas, diez historias. El 90 % de los habitantes del planeta residen en núcleos urbanos que marcan las relaciones humanas y el tipo de vida. Hay contradicciones bestiales en las ciudades: en ellas se busca el arrope de la multitud pero también se dan los casos más crudos de soledad. Las ciudades sacan lo peor y lo mejor del ser humano», reflexiona Rueda.

Y sobre este aspecto conceptual y urbanita del álbum ‘Hiri kristalezkoa’, apunta la hoja de promoción de la discográfica Elkar, sin firmar pero seguramente escrita por Anjel Valdés, también ponente en la rueda de prensa: «¿Cómo son nuestras ciudades en estos tiempos en los que la población mundial se concentra cada vez más en las grandes urbes? ¿Y las personas que viven en ellas? ¿Hacia dónde vamos? La ciudad, la comunidad y la soledad, las desdichas del cosmopolitismo, el futuro del pasado, la fragilidad de las personas… En definitiva, un músico del siglo XXI que canta al siglo XXI».

Rueda incide en el doble sentido del título en euskera, ‘Hiri kristalezkoa’, hiri como ciudad y como forma euskérica del ‘tú’: «el título y las canciones se refieren a la ciudad de cristal y también al ser de cristal, al yo, porque somos invisibles entre la multitud, somos transparentes, y además tenemos la fragilidad del cristal». A la hora de escribir los textos le han echado un cable Harkaitz Cano, Leire Bilbao, Gotzon Barandiaran, Unai Iturriaga, Miren Amuriza y Arkaitz Estiballes.

Por la parte sónica destacan los arreglos electrónicos. Esa es la forma con que Rafa pretende salirse del camino habitual. Aunque su efecto no chirríe para quienes están acostumbrados a su repertorio. «He dejado de lado la guitarra, que es mi instrumento, y hay más espacio para los teclados. De hecho hay bastantes canciones que he compuesto a partir de los teclados y salen atmósferas diferentes». Y sobre el aspecto de la electrónica, Rafa asegura que se ha dejado llevar por un proceso «muy intuitivo. He dado rienda suelta al instinto. He recordado cuando pinchaba en el pub Morris de Mungia y escuchaba mucha música. A veces las canciones suenan a The Cure, a Depeche Mode incluso. Es un cóctel. He trabajado con pocos prejuicios a muchos niveles».

Y también agradeció las colaboraciones de un disco de 10 temas, «pero ha habido 15 o más que se han quedado fuera». Un disco «que tiene mucho trabajo detrás, desde el proceso de composición en solitario hasta la importante labor de socialización con los colaboradores para abrir el horizonte musical». Agradeció a los letristas y también a Malen Amenabar, encargada del diseño de la portada, y al sello Elkar, por el cual ha fichado tras dos autoproducciones por él financiadas y con el deseo de ocuparse ahora únicamente del aspecto artístico del negocio, «para concentrarme en la labor creativa».

«Estoy orgulloso y agradecido por el resultado final», zanjó sobre ‘Hiri kristalezkoa’. Lo presentará en concierto «por todas las partes donde sea posible». El formato del directo cambiará en función de las condiciones y el mungiatarra podrá actuar en solitario con sus guitarras (pero sin elementos secuenciados), en dúo, en trío o en cuarteto con la banda al completo: Rafa Rueda a la voz y las guitarras más Jaime Nieto al bajo (Atom Rhumba, W.A.S, Joseba Irazoki…), Julen Zulaika a la batería (Lou Topet, Tik-Tara, Serious Bussiness), y el teclista Txus Aranburu (Tapia eta Leturia, Arkaitz Miner, Eñaut Elorrieta, Duncan Dhu, Alex Ubago).

Clip de la quinta canción: ‘Little Cowboy’

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