Contra el desánimo

El dúo base, Josh Cheathman, de Seattle, y Maite Larburu, de Hernani./ÓSCAR CUBILLO
El dúo base, Josh Cheathman, de Seattle, y Maite Larburu, de Hernani. / ÓSCAR CUBILLO
EL BAFLE

Neighbor vinieron desde Holanda para actuar en la Bilblioteca Municipal de Deusto ante una escasa veintena de personas. La lideresa de la cita, Maite Larburu, mimó al público infantil y arrancó desangelada, pero remontó y acabó en bicicleta

ÓSCAR CUBILLO

Tres músicos viajaron desde Ámsterdam para dar un concierto con entrada libre en la Biblioteca Municipal de Deusto la tarde del lunes y desafortunadamente sólo acudieron una veintena escasa de espectadores, entre ellos unos cuatro niños y niñas. Échenle la culpa a la mala o nula promoción habitual de las instituciones públicas. Oficiaban Neighbor , en origen un dúo vasco-yanqui residente en Holanda, liderado por la multi-instrumentista guipuzcoana Maite Larburu y completado por el guitarrista estadounidense Josh Cheathman. Maite es violinista profesional y Josh contrabajista y viola gambista, ambos especializados en música antigua. Y su proyecto conjunto ha aumentado con la incorporación del clarinetista bajo valenciano Carlos Taroncher. Se llaman Neighbor, vecino, porque los tres residen en Ámsterdam.

Nosotros acudimos a la cita porque nos gusta mucho su segundo disco, el minimal 'Hau' (Gaztelupeko Hotsak), de lo mejor que se editó en Euskadi en 2016. Ante la inmensa sala casi desierta (cuando se acabó la actuación y se encendieron las luces nos dimos cuenta de lo grande que era el recinto y de la cantidad de sillas vacías que había dispuestas), Neighbor dieron un concierto un poco desangelado ante la pobre asistencia (no solo por el clima lluvioso de fuera, que seguramente retrajo a algún melómano), con ellos tres envarados, casi a la defensiva, y con Maite apostando sobre todo por captar la atención de los niños presentes (para mayor desánimo, al de pocas canciones uno se largó con sus dos progenitores).

Ella se dirigía solo a ellos y en euskera, y les explicaba de qué trataban las canciones. 10 sonaron en 70 minutos austeros pero crecientes: dos en inglés, la última en castellano (cerrando el bis, cuando ya estaban más sueltos los vecinos de Ámsterdam debido a la respetuosa respuesta demostrado por el escaso público) y las siete restantes en vascuence.

Maite fue el indudable centro de la escena y a sus pies tenía pedaleras, botellas de agua, tres guitarritas (un ukelele), una caja con discos a la venta (varios los adquirió una familia con tres niños que ocupaba la primera fila), etc. Maite fue el centro de los focos y de la acción, y muy gesticulante, como en un cuentacuentos infantil, comenzó con bastantes sonoridades del folk vasco moderno, atemporal o sin barreras: resonó a klezmer en la inaugural 'Gauean' (con grititos a lo Mikel Laboa), reverberó en plan el country alternativo algo Ainara LeGardon en 'Hau', teatral contó un cuento moral a lo Jabier Muguruza en 'Marnie Lock', y en inglés y por lo bajinis avisó al guitarrista guiri de la pieza que tocarían a continuación, una que arrancó a lo Ruper Ordorika y finalizó a lo Gari (la también muy teatral 'Harria. Papera. Guraizea').

La políglota Maite (al menos habla castellano, euskera, inglés y neerlandés), centrada en los niños de la oscura sala y cada vez más desenvuelta, en la anglófona 'Overtones' remitió descaradamente a Mursego por las repeticiones en espiral, y en 'Marea' sonó a nana tipo Jabier Muguruza. Tras esta, quizá porque consiguió tímidos aplausos de la veintena asistente, se animó a presentar a los músicos: el guitarrista de Seattle, el clarinetista de Valencia… y ella de Hernani, «que no es exótico pero tenemos a Maialen Lujanbio», presumió por su vecina, la reciente campeona del concurso de bertsolaris, ya saben.

Las mejores canciones sonaron al final, quizá también por mostrarse ella más serena: 'Invisible Threads' ('Hilos invisibles', teatral y alocada a lo Ani DiFranco), 'Anutxatxa' (con el ukelele, ésta descarada, teatral y muy Mursego también, con loops de voz), más las dos del bis, 'Ezin' (crepuscular, oriental, intensa) y la bastante improvisada sobre la marcha 'Bici' (apócope de bicicleta, que sonó a pop doméstico tipo Petit Pop, los de 'Vámonos en bici').

Al final se nos quitó el envaramiento a todos, a músicos y espectadores, y salimos respirando contentos de la Biblioteca (que es la antigua clínica 18 de julio, los lectores más veteranos ya se ubicarán). Había merecido la salida un lunes por la tarde y desafiando a la lluvia. No hay que desanimarse nunca, ni por el clima.

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