David Knopfler, una leyenda menor en Bilbao

David Knopfler & Band. / Mikel Mnez. de Trespuentes / Sala BBK
EL BAFLE

Un muermo mustio y moroso suministró el ex Dire Straits, hermano de Mark, en el ciclo Music Legends, con la Sala BBK agotada

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

No acudimos con expectativas demasiado altas. Nos conformábamos con que David Knopfler superara en directo a su hermano, el famoso y perezoso Mark Knopfler, que en concierto se despliega indolente hasta el aburrimiento y la inanidad. Y David, también ex de los Dire Straits, este miércoles, en una Sala BBK con aforo agotado (pero se veían numerosas butacas libres, de invitaciones al final no utilizadas), apareció en escena con pinta espigada, envidiable y retrojuvenil a sus 64 años, y escoltado por una banda veterana con currículo (teclados y batería también militaron en los Dire Straits).

Pero fue un espejismo. Un exceso de confianza. El hermano peleado con Mark, el guitarrista rítmico de la mejor época de los Dire Straits (los tres primeros LPs, en el tercero aparece sin acreditar), padece el síndrome del 'sideman', del secundario, y carece del carisma para permanecer en primera línea. En la Sala BBK ofició sin voz suficiente (imita al hermano), sin saberse la letra de ninguna canción (todas las leyó del atril, algunas con evidente dificultad), con constantes parones morosos (le cronometramos entre los temas 13 y 14: se tiró un minuto y 50 segundos afinando, presentando a los músicos, y contando alguna anécdota en su inglés farfullado e impenetrable, pues nació en Escocia), charlando más que Sabina en el BEC (el truco para que trascurra el tiempo, ya saben), con unas facultades físicas dudosas (a mitad del show contó que estaban en una edad avanzada y que harían una pausa de 15 minutos -que fueron 18- para tomar té; luego en la segunda parte del conciertos se sentó a los teclados y dijo «qué agradable estar sentado»; de vez en cuando hizo referencias nostálgicas a la edad: «otra del siglo XIX, de la época previa a la electricidad»), por debajo de su banda (escuderos fieles pero poco comprometidos y atados en corto para no eclipsa al líder), y en sexteto poco fluido (en los bises un espectador le pidió 'Lady Writer' y David contestó «no la tenemos ensayada»; jo, y las que tocó tampoco parecían muy ensayadas).

La banda al completo de David Knopfler. / Mikel Mnez. de Trespuentes / Sala BBK

Sonaron 19 canciones en dos horas y cuarto con incontables interrupciones: los 18 minutos de descanso, las pausas para afinar, las charletas (le gustaba hablar de sus experiencias en Estados Unidos), las dilaciones dispuestas para los tres bises... ¡Y es que David Knopfler se vino arriba y el público le siguió la corriente! La verdad es que su amaestrado repertorio estuvo bien ordenado y cursó hacia arriba. No obstante, la primera parte fue un rollo macabeo, como el partido Israel-España hasta la salida de Isco. Alternando las guitarras eléctrica y acústica, sentándose a veces ante el teclado (otra razón de las demoras, de la falta de ritmo), David Knopfler, que si no se apellidara así sería un perfecto don nadie, en esa primera parte sin tensión ni nada destacable resonó a JJ Cale (la inaugural 'Jericho'), Dylan ('Underland') y a Taj Mahal ('Me And Billy Crowe'), y recuperó algún tema de Dire Straits ('Six Blade Knife', 'Where Do You Think You're Going').

Buf... Vaya muermo. Tras los 18 minutos de descanso (al reaparecer se excusó alegando que no sabía que no había bar en la sala), prosiguió la cita con la leyenda menor, secundaria. La segunda cursó un tanto más eléctrica y creciente, pero con mucha pose, como la solemnidad impostada en las dos baladas al piano, reminiscentes de Bob Geldolf ('This Ship Has Sailed'), rocks adultos aindiados (si hubiéramos estado en los toros algún espectador habría gritado «me aburroooo»; de hecho, David dijo una vez: «qué callados estáis, qué bien»), y un momento para despertar: 'Once Upon In The West' (Érase una vez en el Oeste), de Dire Straits, con buenas guitarras y ovación final del respetable, que sabía localizar donde andaba lo bueno, o menos malo.

Hasta el final del concierto, cuando como avisó varias veces David saldría al lobby a vender discos y a firmar «todo lo que compréis» (los escoceses tienen fama de agarrados, como los catalanes), hubo varios chispazos, como «nuestro rock and roll» (así lo presentó y donde forzaron las palmas) 'The Easy Street' (donde ajusta cuentas con las discográficas, «que te prometen todo y no te dan nada», contó en la dilatada presentación), y alguna recuperación más de Dire Straits (mejor la aflamencada 'What's The Matter, Baby' del segundo bis que el 'Wild West End' del primero). Y así hasta el tercer y último bis, versionero y sin sin más con 'Tougher Than The Rest' de Springsteen y el 'The Games People Play' de Joe South, con aire hippie coral (lalalá).

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