Otro curso más

Los suecos brindando con su público.
Los suecos brindando con su público. / PIRU LAMIAKO

La Nube inauguró su temporada de conciertos con una velada de puertas abiertas amenizada por el buen show de boogie acedecesco hostelero de los suecos Devil’s Gun

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El que suscribe llevaba doce días sin ver un bolo. ¡Qué mono, oigan! Sin embargo, cuatro colegas le / me dijeron que no querían ir a ver a los suecos Devil’s Gun el miércoles en La Nube, al arranque del curso de música en vivo, dando estas razones: uno alegó que no les conocía, otro que le apetecía una tarde de relax, otro que el local le parecía muy incómodo y el último replicó que pasaba de grupos de heavy metal hostelero de los que se ven 40 al año. Bueno, pues acudí deseoso de pasarlo bien, los suecos superaron las expectativas y La Nube estaba tan llena que dijo el cantante de Devil’s Gun: «No esperábamos tanta gente». «It’s free», es gratis, le gritó un espectador. Pero eso no les resta méritos, ¿eh?

El bolo arrancó con 24 minutos de retraso porque uno de los guitarristas, el alto y espigado Philip Nilsson, estaba en la acera hablando por teléfono con su novia. Por eso fue él el único de los cinco que no salió a escena con la cara pintada de negro, en plan sucia de hollín. Pero los cinco aparecieron barbados y melenudos (rubios, morenos y castaños), tatuados (los cinco, sí: calaveras, el casco de Motörhead, alguna rosa…) y uniformados con chalecos vaqueros sin mangas adornados con parches del rollo (uno llevaba el logotipo de las Heavy Tiger, un grupo de suecas que ya actuaron en La Nube en 2014).

El molón concierto de Devil’s Gun (esta es su web) http://devilsgun.se/, de 16 temas en 67 minutos basados en su álbum de debut ‘Dirty ‘n’ Damned’, ruló lineal en el sentido que no hubo bajones notables ni gradaciones. Los vikingos lograron conectar con el público desde el principio (coros, palmas, brindis, agitaciones varias y mixtas...) mientras encadenaban corajudos su boogie acedecesco (‘Sacrifice’ con sus mástiles arriba, un ‘Let’em Ride’ que evocó el ‘Let There Be Rock’ de los australianos…), graznado todo el rato como el vocalista Udo en Accept (‘To The Devil’, ‘Break The Ice’ o la versión del lote: ‘Balls To The Wall’ de los propios teutones…), mirando a los clásicos britanos (al heavy metal de Saxon en ‘Born To Lose’, a los mandamientos de Judas Priest en la cimera ‘Queen Of Destruction’, al gótico disimulado de Black Sabbath en ‘Lights Out’), y en ocasiones sonando americanos (los arañazos de ‘Midnight Crowd’ y el deje sudista vía Five Horse Johnson de ‘Alligator Fuck House’).

Y es que, como dijo su cantante el rubicundo y emocionado Joakim Hermansson: «No hablo muy bien español, pero sí que hablamos muy bien el rock and roll». Ahora, a ver si acabamos el curso igual de contentos. Crucemos los dedos…

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