Un currante de los bares en Bilbao

Ellis rodeado de instrumental. /ÓSCAR CUBILLO
Ellis rodeado de instrumental. / ÓSCAR CUBILLO
EL BAFLE

El hombre orquesta americano Andrew Ellis llenó el pub Residence y sedujo al público transversal con su repertorio muy folk, pero moderno y mayormente original, aunque versionó a Muddy Waters

ÓSCAR CUBILLO

En un agosto con la agenda semivacía, el jueves el pub Residence montó un bolo del hombre orquesta americano Andrew Ellis. Suele trabajar sobre todo en los bares de Toledo, Ohio, pero recaló en Bilbao durante una gira española de dos semanas. El local estaba lleno de gente diversa (algunos niños, muchas damas bronceadas, algún señor con traje y bastantes músicos, de los que reconocimos a seis –bueno, siete contando a Manu Iturregi, el dueño del bar, que toca el acordeón-). Todo el mundo atendió con silencio y concentración. En una estampa muy propia del lugar, el oficiante dispuso su merchandising (un par de CDs y varias camisetas, entre ellas una de bebés con corchetes para los pañales) sobre una caja de whisky Jameson y otra de ginebra Hendricks.

Estuvimos en el primer pase de este currante de los bares. Interpretó 13 piezas en 50 minutos sentidos y americanos, bastante urbanos, aunque la palabra ‘cotton / algodón’ (por los campos) se coló en al menos cuatro de las canciones. Tocado con una gorra del 'Broken Fest / Roots Music Festival', mostrando sus brazos desnudos plagados de tatuajes, luciendo una luenga barba nívea y con gafas de ver, Andrew cantó, alternó guitarras eléctrica y acústica, percutió la batería y hasta sopló la armónica en un repertorio no demasiado movido ni ruidoso, pero de cantautor artesano, eterno y genuinamente americano.

No habló mucho y apenas presentó canciones. Empezó atemperado, evocador, con folk y rock crepuscular, y se fue animando con rock and roll y blues con armónica y el tumbao de Jimmy Reed («oso ondo», le felicitó una espectadora; después Piru le pasó otra pinta de Guinness y Ellis agradeció diciendo eskerrik asko y explicó en inglés: «He aprendido cinco palabras en ‘basque’ en una semana»). Prosiguió con folk de sicomoros y armónica springsteeniana, y dedicó a su ciudad la canción 'I’m Local', escrita hace un par de par de años y que sonó al Marshall Crenshaw de los riffs directos.

«Con la que aprendí a tocar»

A la décima, Ellis cambió a una vieja guitarra acústica e informó: «Esta es con la que aprendí a tocar. La encontré en el estudio y me la he traído de gira». Con ella hizo cuatro piezas antes del descanso: folk a lo Woody Guthrie sobre beber y apostar, folk para motoristas (‘Motorbike Angels’, el único título que adelantó), más un par de versiones de Muddy Waters, ambas con buen trabajo frotando la slide, un 'I Can’t Be Satisfied', que le quedó justita (el punto bajo del primer pase), y mucho mejor su revisión 'Rollin' & Tumblin'.

Antes, con la eléctrica hizo varios covers más y reconocimos 'They Killed John Henry' de Justin Townes Earle, que le quedó con la calidez de Ted Hawkins, y un tema que avisó toca sólo de vez en cuando, el 'Hallelujah' de Ryan Bingham (también dijo que era de Ryan). Agradable cita la de Ellis, un poco de brillo e interés en una agenda melómana bajo mínimos.

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