Cuatro horas extremas

Chris P., el bajista de Exarsis, flameando su larga melena./CARLOS Gª AZPIAZU
Chris P., el bajista de Exarsis, flameando su larga melena. / CARLOS Gª AZPIAZU

Disfrutable y variada plancha de metal internacional la del miércoles en la Santana 27 con los italianos No More Fear, los sorprendentes griegos Exarsis, más dos mitos yanquis: Terrorizer, algo monótonos con su grindcore, y Nile, aplastantes con su brutal death melódico

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Cuatro horas de metal servidas por cuatro grupos internacionales con 17 músicos deglutimos el miércoles en la sala Santana 27 de Bolueta. Al sonar los primeros compases había una veintena de aficionados atendiendo al minifestival, y a la postre se rozaron los 200 espectadores, eso a pesar de la categoría mítica de los dos cabezas de cartel, Terrorizer y Nile, que atrajeron a público ilustre como varios miembros de los alaveses Soziedad Alkohólika. Fueron cuatro horas de música extrema para gente extrema, como rezaba la camiseta de un espectador. Sí, de gente extremadamente educada: ni vimos ni olimos fumar a nadie dentro de la sala.

Abrieron el cartel cuádruple los menos satisfactorios del lote, los cinco italianos de No More Fear, en cuyo Facebook se definen como ‘death metal italiano, aunque nos sirvieron plato errático, irregular y tosco de entremeses variados de 7 temas en 31 minutos que picaron en el doom ceremonial, lo gótico ambiental y el trash frondoso, todo en tono marcial y cavernoso.

Siguieron otros cinco europeos, los griegos Exarsis, la sorpresa de la noche, cinco jóvenes, entusiastas, habilidosos y vigorosos metaleros que no cesaron de hacer molinetes con sus melenas, de correr por el tablado como si fueran indios en danza de guerra antes del asalto y de hacerse los chulos (a tres les vimos sus cinturones de balas). En 32 minutos les dio tiempo a tocar 6 trallazos de thrash de la vieja escuela, adornado por un telón de fondo con el logotipo de su nombre. Fue la caña total, en plan los mejores Anthrax (esos coros abruptos), los Venom más rocanroleros, los Megadeth más a toda leche y los Metallica de sus pinitos. Además presentaron su último video clip, y su cantante no dejó, en vano, de pedir que hiciéramos moshing (un tipo de danza donde los participantes saltan, hacen acrobacias y chocan violentamente unos con otros al ritmo de la música) y headbanging (un tipo de movimiento que consiste en la sacudida violenta de la cabeza al ritmo de la música, por lo general en el heavy metal) y lo hacían ellos en escena mientras intentaba espolearnos chillando a menudo ‘Españaaaaa’.

Los que sí consiguieron que la peña provocara un moshing circular y también tribal fueron los yanquis de trayectoria guadiana Terrorizer (Los Ángeles, 1986), que sonaron un tanto monótonos con su grindcore a lo largo de una sesión de unos 17 tramos en 50 minutos en formato trío multirracial: la orca blanca Lee Harrison a la guitarra más los chicanos Pete ‘Commando’ Sandoval a la batería y Sam Molina al bajo y la voz. Tempestuosos, con el baterista Sandoval entregado en el esfuerzo físico (redobles y doble bombo sin descanso), Terrorizer rularon crecientes en un bolo cada vez más técnico e histérico con turbulencias consignadas en el setlist de esta forma que traducimos: ‘Hordas de zombis’, ‘Cuchillos afilados’, ‘Conflicto’, ‘Crematorio’, ‘Injusticia’ o ‘Torbellino’ (o sea ‘Whirlwind Struggle’, pelea en torbellino).

Karl Sanders, el egiptólogo líder de Nile
Karl Sanders, el egiptólogo líder de Nile / CARLOS Gª AZPIAZU

Y otros que evolucionaron ascendentes y aplastantes fueron Nile (Greenville, Carolina del Sur, 1993), cuarteto de death metal demoledor y espectacularmente técnico liderado por su único miembro permanente, Karl Sanders, guitarrista corpulento y rubiales de 53 años que se parece al presidente Trump. Nile, o sea Nilo, como el río (sus letras se inspiran en el Egipto faraónico), también colgaron un telón de foro con su logotipo, pero apenas se notaba por la poca la altura y la oscuridad reinante. Se hallan en la tercera gira mundial de su disco ‘What Should Not Be Unearthed / Lo que no debe ser desenterrado’ (2015), y su sesión de 70 minutos para una docena de capítulos (13 consignaron en el set list) arrancó con dos temas un tanto varados en la orilla (‘Ramsés, el que trae la guerra’ fue el primero).

Pero dio la sensación de que se desentumecieron y de modo articulado expelieron un brutal death melódico a tres voces terroríficas como si fueran sacerdotes amenazadores (‘Profanando las puertas de Ishtar’), apretaron la batidora death (‘Kafir’, término musulmán para definir al infiel), se enraizaron en la doctrina sónica de Black Sabbath (‘En el nombre de Amón’), apabullaron con madejas de hilo de acero de espino (‘Los demonios que vienen a robar la magia de los difuntos’), el doble bombo percutió como si estuviera eliminando él solo una plaga de langostas (‘Kheftiu Asar Butchiu’), los cuatro generaron tormentas de arena en el ambiente oscuro del escenario (‘Unis, asesino de los dioses’) y trascendieron de lo caótico (‘Semillas negras de la venganza’), todo en un repertorio hacia arriba, demencial, violento y metódico. Nile están sembrando su prédica pagana en una gira europea de 23 liturgias y proseguirán el tour por Oporto, Lisboa, Madrid y Barcelona. Uno de los miembros de Nile agradeció a los dos centenares de fans, de mayoría masculina: «Muchas gracias por venir una noche de miércoles a apoyar el puto metal auténtico». De nada.

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