The Chris O'Leary Band, sin mirar el reloj

Chris O'Leary a la armónica y Matt Raymond al bajo/BEGOÑA MARIJUAN-REQUETA
Chris O'Leary a la armónica y Matt Raymond al bajo / BEGOÑA MARIJUAN-REQUETA

El sexteto neoyorquino de blues y soul arrancó a la hora de comer y acabó a la de merendar su apasionado concierto matinal del Satélite T, que duró casi tres horas

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Aunque varias veces ha actuado en Bizkaia en conciertos especiales y pequeños (sabemos que al menos lo ha hecho en 2014 en Sopelana y en 2016 en Getxo), el domingo The Chris O'Leary Band recaló en Bilbao en su primera gira hispano-lusa organizada. Tras conducir nueve horas desde Lisboa, el domingo por la mañana el sexteto (dos vientos, uno de ellos casado con una vizcaína: por eso los bolos especiales) descargó en el Satélite T, ante sólo 50 personas, con muchos amigos del grupo y muchas espectadoras que bailaron, jalearon y dos de ellas incluso subieron a cantar. Y es que dio tiempo a todo: La Banda de Chris O'Leary tocó 19 piezas (agrupando dos popurrís, uno triple y otro doble) en dos horas y tres cuartos (exactamente 166 minutos, 20 más que Fito & Fitipaldis en el BEC, 14 menos que Berri Txarrak en el BEC, sólo uno menos menos que Ismael Serrano el sábado en el Euskalduna), no se nos hizo larga su intervención a pesar del hambre (entramos a la hora de comer y salimos a la de merendar), el respetable respondió con ovaciones, un armonicista local también se subió al tablado, y Chris, que no miraba el reloj, fue dilatando la cita proponiendo sucesivamente «¿una más?».

El espaldas anchas Chris, que es policía federal (no ha dado permiso para revelarlo), presentó numerosos temas (muchísimas versiones, y no diremos demasiadas porque estuvieron todas bien resueltas y no parecieron verbeneras), interactuó con el respetable, fue bastante teatral al cantar con pasión negroide y registro amplísimo, hondo y genuino, sopló de maravilla la armónica (de hecho a veces la echábamos de menos cuando se olvidaba de ella durante varios temas) y se arrimó de modo recurrente al sonido Nueva Orleans, desde el funk «para que mováis el culo» hasta el ritmo de las brass bands carnavalescas (de hecho el neoyorquino dijo que New Orleans es su ciudad favorita)

Además del show en sí, nos dio tiempo a ver un bonus track no cronometrado: el de la prueba de sonido, 'The Grass Is Always Greener', un blues con swing que nos retrotrajo al revival de los 90 y que nos dejó babeando de ganas ante lo que nos esperaba. A pesar de la dilatación y del horario de mediodía, no se nos hizo largo el bolo, no sentimos hambre y el sexteto no decayó en la fuerza de la interpretación, aunque el par de óptimas canciones, de altura sobrenatural, nos aplastaron por el principio: la tercera, 'One Nigh Of Sin', original de Smiley Lewis y famosa por la revisión de Elvis Presley, donde Chris se salió de la tabla al cantarla como los Blasters y con la gente literalmente aullando enloquecida, y la quinta, cuyo título desconocemos, un soul sureño con el dramatismo de Eddie Hintton, el caudal torrencial de la voz de Chris y los dos vientos bien empastados.

Esos dos momentos fueron increíbles, pero no se crean que el resto fue relleno. Con sonido poderoso, un Chris que cantaba con rostro de felicidad, el bajo que sostenía cualquier lapso y el batería que le pegaba con diversidad a los parches y los dos saxos prestos a subrayar dramatismo, baile o lo que hiciera falta, también hubo viajes al carnaval de Nueva Orleans de la mano del Professor Longhair ('Going Down To The Mardi Grass', con Chris dándole al cencerro), bastantes actualizaciones del sonido Stax ('Can't Turn You Loose' de Otis Redding en plan los Blues Brothers, 'Knock On Wood' de Eddie Floyd con calibre soul-rock, 'La tierra de las 1000 danzas' de Wilson Pickett con jaleo y añadidos en formato popurrí, 'Hold On I'm Coming' de Sam & Dave con rotundidad y punteos-fieras), más cervezas para los músicos (una dama se cercó por sorpresa al líder y le dijo «me encanta tu música», a lo que respondió el policía yanqui, «me encanta este país»), funk de Nueva Orleans para que moviéramos el culo como dijo él al menos en un par de ocasiones (la versión de los Meters 'Just Kissed My Baby', luego el original (Take a Walk Down To) 'Tchoupitoulas'), emulaciones de Dr. John ('Woman, You Are Driving Me Crazy', muy teatral y bien arreglada) más un par de revisiones de The Band, o sea de su vocalista y baterista Levon Helm, en cuya banda The Barnburners ofició durante seis años, cuando el legendario líder sufría secuelas del cáncer de garganta. Esas dos revisiones de The Band fueron 'Up On Cripple Creek', con la autenticidad de los Black Crowes, y una más hippie 'The Weight', con una de las mujeres locales sumándose a la escena para cantarla entera (en otro momento posterior otra dama, hermana de la radiofónica Cristina Ardanza, se subió al escenario e improvisó un blues a lo Janis Joplin, o a lo Tina Turner según observó una Bego que tampoco tenía prisa y también agitaba el pompis).

Hoy lunes estos seis músicos posiblemente están pasado su día libre por Plentzia, pues esta es la única jornada sin conciertos de su tour ibérico (este sí) de diez bolos en once días. Mañana martes retoman el curro en Santander.

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