Chispas en la noche

El Oso, Stratocaster, voz y barbas./Susana Velasco
El Oso, Stratocaster, voz y barbas. / Susana Velasco

Los baracaldeses Lomoken Hoboken cerraron con su country-blues eléctrico y espectacular la tercera edición del Rustyc Music Fest, que venció a la lluvia y reunió a 1300 adultos e incontable chavalería

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Tercera edición del Rustyc Music Fest, dedicado a la música campera (bluegrass, country, blues, celta…) y celebrado el sábado de 11 de la mañana a 9 de la noche en el Club Hípico La Galea de Getxo. A pesar de la lluvia, de esos turbiones que embarraron el recinto y generaron torrentes sobre las cuestitas asfaltadas, los conciertos se celebraron bajo una tejavana gigante y la gente, nos cuentan que 1.300 personas sin contar niños (¡los menores de 15 entraban gratis, los menores de 7 correteaban por todas partes, algunos con las caras pintadas!), pudo atender al festival con toda tranquilidad.

Pues eso, que infantes indómitos, roqueros ese sábado sobrios, numerosos espectadores de ambos sexos con sombreros vaqueros, un tipo con penacho de plumas de jefe indio y mogollón de mujeres atractivas de toda condición como sólo se ven en Getxo, atendieron a las 15 bandas que actuaron por solo 7 euros de entrada: ¡a menos de 50 céntimos el concierto! Contentos acudimos todos, el que suscribe a pesar del catarro, y aquí les evocaremos el último bolo de la jornada, el único que se celebró de noche, sin luz natural, o sea a oscuras. El más eléctrico, el de Lomoken Hoboken, cuarteto baracaldés de blues-rock a dos guitarras chispeantes: la del cantante barbado El Oso, una Stratocaster, y la Telecaster customizada por el luthier gallego Jesús Rodríguez la del solista Ibai, que subía y bajaba empecinado por el mástil.

Lomoken Hoboken ejecutaron 9 temas en 50 minutos con sonido a mejor y pegada progresivamente más dura, más efectiva, más atrapadora. Ajustaron la acústica sobre la marcha en su primer número, ‘Swamp Music’, de Lynyrd Skynyrd, una de sus mayores influencias, y volvieron a rendirse a sus mayores en el tercero, ‘Firin’ Line’ de los Allman Brothers, que les quedó rotundo, funky y palúdico.

Sus temas originales también estuvieron apegados a la tierra americana soñada: ‘Ramblin’ Blues’, que llegó cual 18 ruedas acelerando por carreteras texanas; un ‘Old Crow’ que sonó a boogie peligroso rival de los Five Horse Johnson; el instrumental espectacular y cowboy titulado ‘Special Kountry’ (sic) y protagonizado por los punteos fingerpicking (con los dedos, sin púa) de Ibai y que quizá fue la gran cima de la cita; y el ritmo pantanoso a lo Tony Joe White más dinámico ‘Dr. Lomo’, veteado con punteos de escuela Lynyrd.

Para el epílogo reservaron otras tres versiones que movieron aún más si cabe al personal que aguantaba mecha de noche a sus pies: ‘They Call Me The Breeze’ de JJ Cale / Lynyrd Skynyrd, con Ibai disparando punteos sin parar («la ametralladora del rock and roll», le definió el experto Mario Antolín, fascinado una vez más ante sus solos inagotables), el hillbilly deluxe y blindado ‘Honky Tonk Night Time Man’ de Merle Haggard (con andanadas en plan Elvis en Las Vegas), y el cierre con la otra gran cima de la cita, el ‘I See The Light’ de Jeff Healey (espectacular, épico, creciente, creyente…).

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