Chiquito pero matón

Udo abrazando con el alma de metal al público que le quiere. /UNAI ENDEMAÑO
Udo abrazando con el alma de metal al público que le quiere. / UNAI ENDEMAÑO

Casi dos horas de militancia y camaradería heavy metal predominantemente masculina el lunes en la Santana 27 durante el creciente concierto del vocalista Udo Dirkschneider, que reivindicó el repertorio de su legendaria vieja banda: Accept

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Ambientazo y predisposición el lunes en la Santana 27 ante el cantante teutón chiquito pero matón Udo, de 168 centímetros de altura y 65 años. Habría unas 700 personas en la sala, a 30 euros el tique en taqui, casi todos machotes excitados.

Udo Dirkschneider (Wuppertal, Alemania, 6 de abril de 1952), leyenda del metal mundial desde los 80 gracias a sus años al mando del micrófono en el grupo Accept, cerró una gira española de cuatro fechas (Madrid-Barcelona-Murcia-Bilbao) divulgando su último disco, ‘Accepted-Vuelta a las raíces’, donde atraca sin rubor el repertorio de su banda madre.

Su bolo bilbaíno duró 112 minutos para 19 revisiones de Accept (podríamos añadir dos instrumentales guitarreros de sus dos hachas solistas, pero no lo haremos). El show fue de menos a más. O sea de la corrección metálica hacia la inspiración roquista y la culminación con la fiesta idiosincrásica sostenida sobre los grandes éxitos de Accept. El escenario fue molón: batería con dos bombos elevada sobre una tarima, buenas luces, chorros de humo, el gran telón de foro con su apellido Dirkschneider sin destacar demasiado por culpa del techo bajo de la sala… La estética de los oficiantes fue de libro, es decir, de biblia del metal: melenas, cadenas, botas militares, anillos, muñequeras, remaches barriobajero, piercings, tatuajes, músculos, los dos guitarristas con chalecos que mostraban sus torsos desnudos, vaqueros rasgados, camisetas de calaveras…

Y Udo, el querido Udo, que fue ovacionado al salir a escena, piropeado de modo diseminado («eres el puto amooooo», le chillaban desde puntos distantes) y su nombre coreado al final del show, apareció en escena como si fuera un secundario de la película ‘Los mercenarios’. Digamos que se asemejaba a un excombatiente perdido en la jungla colombiana y asediado por los narcoguerrilleros: chiquito pero fortachón, pelo cortado cual militar, y chaqueta de camuflaje con parches con la bandera americana o el indicativo del US Army. ¡Parecía que estaba a la espera de que le rescatara Rambo!

Sin embrago, fue el propio Udo el que el lunes que rescató al rock, al heavy metal clásico y marcial. Al principio de la cita se nos suministró un show medido donde se repetía la misma fórmula ofreciendo pasto a la masa: el graznido de Udo, los coros de sus cuatro escuderos, los estribillos entonados al unísono en los también cuatro micrófonos delanteros, los huecos para los punteos de los dos guitarristas, las poses grupales… Con tal parafernalia fueron desgranando, o escribamos más bien ‘desenfundando’ las canciones: ‘La bestia dentro de mí’, ‘A prueba de balas’, alguna horterada como la en realidad titulada en español ‘Amamos la vida’, la evidente comercialidad arreglada para ‘Protectores del terror’… Y aun así, en esa correcta y militante primera parte de nueve piezas, destacaron varios títulos: ‘Slaves To Metal’ y su rollo Judas, la cabalgada más rica y evocadora ‘Another Second To Be’, la escuela acelerada de Accept y su doble bombo en ‘Fight It Back’, o la balada melódica puro Scorpions ‘Can’t Stand The Night’.

La parte central ruló descomunal. Udos y sus compinches subieron varios escalones, parecieron menos teatrales y derrocharon actitud, lo que es inusual en el heavy. Marciales y modernos sonaron en ‘Stone Evil’, y de seguido encadenaron una terna atrapadora: dieron el primer campanazo con la cimbreante, acedecesca y americana total ‘Hard Attack’, rocanroleron nerviosos y vibrantes von ‘Love Child’, y se alistaron al speed metal en ‘Objection Overruled’. Qué subidón, oigan. Y Udo, o sea Dirkschneider, pues con su apellido ha nominado este trabajo y esta gira, prosiguió hasta el bis con duelos guitarrísticos, más metal Judas (‘XTC’) y un adiós ambiental y acedecesco (‘Russian Roulette’, que por algo Udo es grande en Rusia).

El bis, a modo de fin de fiesta, dilató demasiado cuatro canciones y varios solos guitarreros exhibicionistas a lo largo de más de media hora. Más de nueve minutos duró la coreada por la peña ‘Princess Of The Dawn’ (supimos la duración porque la vimos en la pantalla del móvil de un tipo que la estaba grabando), mejor les quedaron ‘Metal Heart’ y nuestra favorita ‘Fast As A Shark / Rápido como un tiburón’ (aquí nos fijamos en que decenas de aficionados estaban grabando este acelerado éxito con los móviles), y un poco barraquera más que acedecesca les salió la muy estirada ‘Balls To The Wall’. Con esta acabaron, saludaron los cinco oficiantes, y arrojaron baquetas y púas al gentío ya revolucionado que olía a droga y coreaba primero udooo-udoooo-udoooo y luego oe-oe-oeeeee. Y hala, para casa, otra vez atrapados por Udo, su prestancia, su cercanía, sus graznidos y… hum… sí, su actitud. Es que Udo se crece siempre en vivo. Es todo un profesional.

Trailer del disco ‘Accepted’ grabado en vivo en Brno, Checoslovaquia.

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