La chapina y el nota

Dulce, íntima y tímida ofició Gaby Moreno en el Musiketan./MIKEL MARTÍNEZ DE TRESPUENTES / SALA BBK
Dulce, íntima y tímida ofició Gaby Moreno en el Musiketan. / MIKEL MARTÍNEZ DE TRESPUENTES / SALA BBK
EL BAFLE

Domingo satisfactorio con la ululante Gaby Moreno, triunfante en el Musiketan de la Sala BBK, y los falsetes de The Darkness, tronchantes en el Kafe Antzokia y capitaneados por el exhibicionista Justin Hawkins

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El domingo salimos de casa con las expectativas muy altas para ver a la guatemalteca de 35 años Gaby Moreno protagonizando la tercera cita del 25º Musiketan, el ciclo de conciertos en pequeño formato patrocinado por EL CORREO, ya saben. La simpática chica, Grammy Latino de 2013 en la categoría de Mejor Nuevo Artista, actuó en cuarteto y no dejó descontento a nadie, empezando por sus compatriotas, que copaban las dos primeras filas de una Sala BBK con tres cuartos de asistencia. Desde la segunda fila la vimos, y Gaby salió y «lleva botines plateados», se fijó una morena altiva calzada con botas altas de ante gris para la lluvia. Cercana, educada, aparentemente tímida, grácil y muy versátil (desde los cálidos sostenidos de su voz al manejo de una única guitarra acústica que no sonó escasa), Gaby lideró 15 piezas bilingües en 68 minutos cálidos y variados.

Sonaron bastantes temas de su último disco, ‘Ilusión’ (Sony, 16), donde versiona ‘La malagueña’, tema que no cantó en Bilbao, pero sí el ‘Quizás, quizás, quizás’ de Osvaldo Farrés, el tercero, donde rascó coritos del público. Ondulante y misteriosa (genial el blues ‘Sálvese quien pueda’, donde ella hizo sonar la pandereta como si fuera un crótalo, una serpiente de cascabel), ora teatral ora pintoresca (‘El sombrerón’, sobre un personaje popular que cantaba serenatas solo a mujeres de pelo largo a las que gustaba hacer trenzas), evolucionó una compositora comparable con Lila Downs que ha sabido romper fronteras de todo tipo.

Gaby Moreno apareció en escena e informó de que esa tarde sentía «un poco de tristeza porque es el último día de mi gira de cinco semanas por Europa». Y de seguido conmovió con su arranque, con sendas piezas del CD ‘Ilusión’: el blues afrancesado marcado por Billie Holiday ‘Nobody To Love’, y el supercool y westerner ‘Pale Bright Lights’. Fue mágica, efectivamente. Tras el ‘Quizás…’, excelentemente cantado, Moreno abrazó el influjo de Chris Isaak en ‘Blues de mar’, un blues rocker como Dios manda, y antes del rock fronterizo e inmigrante ‘Ave que emigra’ saludó a los ‘chapines’, o sea sus compatriotas guatemaltecos, y contó que se los encuentra en los sitios más insospechados, incluso en los conciertos en Letonia (además preguntó cómo se llama a los de Bilbao… y ‘bocheros’ le tuvo que contestar un inmigrante centroamericano porque los aborígenes no soltaban prenda).

Muy variada en su estilo, Gaby Moreno se sumergió en baladas propias del BIME como la preciosa ‘O, Me’, no pasó de lo estilista a lo Madeleine Peyroux en el narcótico ‘The Weed Smoker’s Dream / El sueño del fumador de yerba’ (original de Kansas Joe McCoy y que Gaby tocaba cuando militaba en la banda del actor y pianista Hugh ‘Dr. House’ Laurie), a solas entonó una arropadora ‘La paloma’ (el cucurrucucú clásico de un autor alavés decimonónico), y hasta el final siguió singular y polirrítmica, abrazando el góspel de Johnny Cash en ‘Fronteras’, amasando ritmo palúdico (una pieza donde pidió palmas y hasta las dio la altiva de las botas), cerrando con otra americanadas a lo Cash como ‘Maldición / Bendición’ y sus coros ululantes, y dando un bis abierto a solas con la folklórica y guatemalteca ‘Luna de Xelajú’, en plan Depedro, y cerrado por el soul creciente ‘Se apagó’. Las altas expectativas se vieron compensadas, pero a ver si la próxima vez podemos disfrutar a la linda chapina con el público en pie y la barra a mano.

Justin Hawkins, un guardián de la galaxia capitaneando a The Darkness.
Justin Hawkins, un guardián de la galaxia capitaneando a The Darkness. / Unai Endemaño

The Darkness

Sin prisa y con tiempo pudimos a llegar a ver al cuarteto inglés The Darkness (Lowestoft, Suffolk, 2000), hacedor de un rock duro glamuroso para todos los públicos con tantos falsetes que a veces parecen una caricatura, que salieron a escena a las 9.30 en un Kafe Antzokia lleno por más de 400 personas de ambos sexos. Al grupo lo lidera el cantante y guitarrista Justin Hawkins, hermano del guitarrista más formal Dan. Justin actuó en plan guardián de la galaxia, ataviado con capa verde relampagueante de lentejuelas y mono del mismo color abierto por el pecho, con lo que se mostraba su piel depilada, sus tatuajes, sus piercings en las tetillas –o como se diga en los chicos-. Justin, que se asomaba a las primeras filas para hablarnos, puntear, posar y lanzar púas de regalo, controlaba todo el percal, hacía señas a unos y sostenía la mirada a otros, como a nosotros, también colocados en segunda fila en este bolo. El tipo, Justin, estaba todo el rato sonriendo ufano, sin pararse quieto, soltando paridas, practicando el euskera (gracioso le quedó cuando hizo mutis y reapareció diciendo ‘kaixo’). El tío es un nota y dudamos si tiene cerebro, aunque a tenor de sus estudios y habilidades neuronas no le faltarán. El caso es que ha dejado las drogas y está sobrio y en forma: tanto, que por el final del show hizo el pino sobre la tarima de la batería y… se puso a marcar palmas con los pies y boca abajo… Total. Brutal.

The Darkness dieron un bolo de 17 piezas en 82 minutos divertidos, glamurosos, gamberros, chispeantes… Armados con melodías al gusto de los virtuosos que son, estribillos coreables a modo de estimulantes para las masas más la palpitación del gran rock de los 70, los ingleses abdujeron al respetable, que no dejó de inmortalizarles con los móviles. Gastando sin complejos estética de estrellas del rock (el bajista con su traje rojo…), The Darkness sonaron superamericanos, rozaron el sleaze (‘Southern Trains’, con falsetes que encandilarían a la Fundación Tony Manero), se mostraron rocosos (‘Black Shuck’), inventaron híbridos entre Danko Jones y Thin Lizzy (‘One Way Ticket’), remitieron a Kiss (‘Givin’ Up’), Justin chilló como haría en Queen y en Led Zeppelin (‘All the Pretty Girls’), también todos explotaron el glam y la alegría de vivir como Cheap Trick (‘Friday Night’), elaboraron melodías pop como si fueran Redd Kross (‘Happiness’), fusilaron sin recato los riffs de AC/DC (‘Makin' Out’ parecía el ‘Thunderstruck’, de seguido tocaron ‘Solid Gold’…), se asemejaron a Boston (‘Growing On Me’) y para el bis estelar reservaron los falsetes de su hit ‘I Believe In A Thing Called Love’, que ejecutaron haciéndose de rogar, sugiriéndolo antes en una jam a la que el público prestó la voz. Buf, la peña salió encantada de esa fiesta de domingo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos