Mucha cháchara con Steel Panther

El ambiguo Lexxi Foxx, Michael Starr con camiseta de Justin Bieber y el listo del grupo, el guitarrista Satchel. /CARLOS Gª AZPIAZU
El ambiguo Lexxi Foxx, Michael Starr con camiseta de Justin Bieber y el listo del grupo, el guitarrista Satchel. / CARLOS Gª AZPIAZU
El Bafle

El glamuroso y gracioso cuarteto angelino de heavy metal explícitamente sexual alternó los monólogos procaces con los rocks de estribillos pegajosos en la onda de Guns N Roses y Bon Jovi

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Vale, reconocemos que nos reímos un montón con los chistes visuales y los monólogos pornográficos evacuados por los californianos Steel Panther (Los Ángeles, 2000) el martes en la Santana 27. Los muy gañanes, maquillados ellos, exhibieron un prepotente comportamiento 'heteropatriarcal', que le llaman ahora: «me gustan tus tetas, enséñanoslas», ordenaban a las espectadoras, o «estas dos beibis luego se van con el guitarrista y esta será para mí»… Así todo el rato, ¡pero consiguieron que en la balada propia de película de los hermanos Farrelly 'Weenie Ride' una guapísima permaneciera todo el rato en escena… ¡en sujetador!, y que seguidamente, en '17 Girls In A Row / 17 chicas en fila' subieran al tablado una decena de joveznas a bailar y acabaron dándoles besos y haciéndose selfis con los músicos!

Estos Gigatrón del porno-rock angelino, los cuatro ataviados con mallas y pañuelos en la frente, pegaron caderazos al aire, se palparon las partes, sacaron la lengua libidinosos, manejaron el micrófono de modo fálico y presumieron de 'rabo'. Sí, lo decían en castellano: lo tenía apuntado en la palma de su mano el guitarrista Satchel, el único no tatuado del combo –al menos de modo visible-, el más listo de los cuatro, que aparentemente irían en el siguiente orden: guitarra, batería, bajo y el cantante Michael Starr, alias de Ralph Saenz, éste con una camiseta chulísima y supervacilona de Justin Bieber, él mismo con la cara marcada por operaciones estéticas, y comportándose como si su papel de estrella del rock le hubiera aducido igual que Drácula a Bela Lugosi.

Steel Panther dijeron ser los mejores y también se rieron de ellos mismos: soltaron que el concierto era 'sold out' (o sea que estaba agotado, cuando no llegaban a 300 personas las congregadas en la Santana 27, que tiene un aforo oficial de 1500; «¡vaya palmada!», nos comentó un promotor por wasap, y eso que las entradas costaba 30 lereles), que su último disco 'Lower The Bar', el que están presentando en gira mundial, había vendido 2.000 copias, y que gracias por los 50 seguidores de Facebook (en realidad tienen 617.070, que nos acabamos de apuntar).

Y el listo Satchel llegó a preguntar: «¿Cuántos de vosotros nos habéis visto antes?», y mogollón de peña levantó la mano –nosotros también, que les catamos en el Azkena Rock Festival de 2012, la tarde de los Status Quo-; «¿cuántos nos ven por primera vez?», y otro mogollón de manos arriba; y «¿cuántos después de las dos primeras canciones han decidido que no van a volver a vernos más?», ejem…

Hum… Las dos primeras canciones sonaron regular y llegamos a pensar que les vendría bien una segunda guitarra para llenar los huecos. Y, comparando, concluimos que los teloneros Fozzy sonaron mucho mejor que los cabezas de cartel con su rock metalizado, comercial y comunitario. Steel Panther a lo largo de 98 canciones tocaron 14 temas, incluyendo el solo de guitarra de siete minutos de Satchel, que se quedó solo en el escenario, subió a la tarima de la batería y pisando el bolo punteó trozos reconocibles de Scorpions, Iron Maiden, Black Sabbath (su 'Iron Man', con la peña coreando lololós) o Guns N Roses. El estilo de los angelinos fue un batiburrillo de sleaze rock ochentero, un crisol donde cupieron Guns N' Roses, Bon Jovi, Skid Row, Mötley Crüe o Poison, estos hasta por la estética equívoca, empezando por la del guapo bajista Lexxi Foxx, que se miraba a un espejo y resulta tan ambiguo que el líder Satchel nos preguntó en castellano: «¿es un hombre?».

En la tercera canción, 'Asian Hooker', con una espectadora.
En la tercera canción, 'Asian Hooker', con una espectadora. / CARLOS Gª AZPIAZU

Los malo de su hora y media de coña marinera es que ojo un tercio fue de cháchara. O sea que hubo demasiado monólogo, teatrillo y cachitos de canciones improvisadas que cortaban el ritmo cada dos por tres. Además, siempre cuentan los mismos chistes guionizados sobre groupies y comportamiento de estrella del rock. Sin embargo, se metieron a esas 300 personas presentes (a ojo el 90 % eran tíos) en el bolsillo: a la segunda canción, 'Goin' in the Backdoor' ya tenían a todos ondeando los brazos en alto como Enrique Iglesias; antes de la tercera ('Asian Hooker', que no traduciremos y donde subieron a un espectadora asiática al tablado), durante su primer largo parlamento, Satchel nos halagó asegurando que «como les he dicho a estos miles de veces Bilbao es mi ciudad favorita de todo el puto mundo» («¡lo dijiste ayer en Barcelona!», se chivó el bajista del espejito); lanzaron himnos ('De fiesta como si mañana fuera el fin del mundo'), cincelaron canciones comerciales (los estribillos de 'Poontang Boomerang') y modelaron baladas de amor y redención crápula ('That's When You Came In', con su doble sentido en inglés); en la canción 'Gloryhole' salió a escena travestido como si militara en la Orquesta Mondragón el luchador de wrestling Chris Jericho, cantante de los teloneros Fozzy; y se despidieron con 'Muerte a todo excepto al metal', porque como dijeron, «nada me hace sentir mejor que saber que el heavy metal es la mejor música del puto mundo». Y quedaba el bis doble, con dos piezas muy coreadas por la peña: el medio tiempo 'Community Property' y la juerga de 'Party All Day (Fuck All Night)', de las que no traduciremos nada para no meternos en líos.

Vídeo 'Muerte a todo excepto al metal', con once millones de visualizaciones.

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