Por el carril rápido

Aitor Cañibano, el jefe, y Jon Careaga, el frontman./CARLOS Gª AZPIAZU
Aitor Cañibano, el jefe, y Jon Careaga, el frontman. / CARLOS Gª AZPIAZU

Los Travellin’ Brothers vinieron a tocar blues en la plaza del pueblo, en las fiestas de Algorta, y demostraron por qué les eligieron mejor banda europea del ramo en 2016, gracias a la diversión, pasión y variación de un repertorio americanófilo que abarca desde el góspel al country

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El domingo nos atrevimos a acudir a las fiestas de Algorta para ver a los Travellin’ Brothers de Leioa, el grupo que más veces hemos catado en el último lustro. Más que a Elliott Murphy. Más que a Loquillo. ¡Más que a Kepa Junkera! Y como a todos los citados, repetimos cuando podemos porque siempre lo pasamos bien y los oficiantes no fallan.

Los Travellin’ Brothers (Los Hermanos Viajeros; esta es su web http://www.travellinbrothers.com/#home) son de Leioa, sí, pero han sabido abrirse hueco en el circuito europeo blusero y salen a tocar fuera cada dos por tres. Este estío actuarán en Suiza (¡en dos salidas distintas!), Portugal, Finlandia, Suecia, Rumanía e Inglaterra. Ahí es nada. Cantan en inglés, y su frontman, su cantante Jon Careaga, nacido en Francia (nadie es perfecto), puede perorar a unas audiencias guiris que se suele meter en el bolsillo y las hace reír tanto como en casa.

Además, tocan tanto que los bolos buenos les salen de carril. Los Travellin’ Brothers entran en la autopista, cogen velocidad por el carril central y, sin perder autenticidad, sinceridad ni verosimilitud, reparten un repertorio de música americana que llega más allá del blues, abarcando hasta el góspel, el country o el funk.

Esto es que volvieron a lograr en las fiestas de Algorta, en una plaza San Nicolás llena de gente variopinta: niños apoyados en la valla delantera que no se perdieron ni un detalle del show, familias enteras, numerosos fotógrafos, una sensual espectadora clon de Uma Thurman, un piesnegros con monociclo en una mano y un porro en la otra… Ante tal gentío y sabedor de que eran las jaiak, avisó Jon Careaga por el principio: «No sé cómo lo vais a gestionar ahí (abajo, en la plaza), pero ya sabemos lo que vamos a montar aquí (arriba, en el escenario)». Y cumplió su palabra, y nadie se fue antes de tiempo, y la gente bailó y cantó y elevó las manos e hizo fotos y vídeos con los móviles, y todo el mundo se lo pasó bien.

Fue un show de 13 piezas en 85 minutos. Canciones variadas y colocadas en buen orden. Ejecutadas en sexteto a veces electroacústico y a veces amplificado con estilo. Ora negro y funk, ora negro y blusero, ora country, ora góspel… Los hermanos brothers abrieron acústicos, los seis en pie al borde del tablado con el campero, algodonero, country, góspel y tradicional ‘Make Me Down’ (durante el solo de melódica del pianista titular Ander Unzaga el cantante Careaga empezó a abrazarle por detrás, a bailar pegado, como enamorado… ¡y aprovechó para robarle el móvil!), y a la segunda se dispararon en el swing de Nueva Orleans ‘Magnolia Route’, algo Louis Armstrong y con el respetable ya coreando ‘oh-la-la’…

El blues texano vía Johnny Copeland se hizo notar en su versión del ‘C.O.D.’ de Albert King (con punteo a lo Albert Collins de Aitor Cañibano), y la primera cima pirotécnica la hollaron con su ‘Creole Queen’, un mambo apto para la película ‘La Máscara’, con Careaga entonando a lo Satchmo (sin imitarle), el solo de saxo alto de Alain Sancho sonando cual clarinete, una parrafada en castellano, la banda segura y la pasión rezumando. Tras la versión funk del ‘If You Talk In Your Sleep (Don’t Mention My Name)’ de Little Milton (o sea, si hablas en sueños, no digas mi nombre), llegó la segunda cima arrasadora, su ‘Oh, What A Shame’, un rhythm and blues cañonero a lo George Thorogood, muy rockin’, con otro punteo de Aitor en plan Albert Collins (repitiendo una misma nota).

Gospel eléctrico

Gospel eléctrico elaboraron en ‘The Best Is Yet To Come’ (alguien gritó ‘aleluya’ en el escenario), supieron ir más allá del tópico a versionar el ‘What I’d Say’ de Ray Charles con un Careaga orate que no dejó de bailar como un pollo, y versionaron al gran BB King en su infalible ‘Sweet Little Angel’, un tema creciente que empiezan a dúo guitarra-voz, un número con espectáculo porque Jon Careaga bajó a cantar entre el público: jaleó a las chicas de las Moonshakers que tocarían después en un cartel triple rematado por los italianos Giuda, saludó al que suscribe que le respondió con una palmada en la espalda que le dejó la mano empapada de sudor, Careaga se acercó a su madre y le pidió que le pusiera lentejas para comer el día después, ante una embarazada también se paró para cantarle -«todavía no ha nacido y ya escuchando a los Travellin’», aclaró él-, se hizo selfies con los más animados…

Luego se refrenó la cosa en el homenaje a Johnny Cash ‘Always There’ (un parón necesario para recuperar resuello), y volvieron a acelerar con el rockin swing a lo Harry Connick Jr ‘Ballroom 24’, pusieron a la gente a bailar en la Nueva Orleans en ‘Frenchmen Street’, y cerraron con el funk blues-rock Brothers ‘Love, Joy And Happiness’, antes del cual el guitarrista Aitor Cañibano presentó con gracia a la banda (apisonadora del ritmo, definió al bajista, a su hermano Eneko, que sí es pieza fundamental del sonido del sexteto, y del otro, y tampoco falla el baterista Isi, relojero de profesión, que en Astrabudua tiene la ‘Joyería Redondo’, con 15 % de descuento a los presentes en la plaza), se señaló como el jefe (yo les recluté puerta a puerta, yo compongo, yo conduzco la furgoneta, yo contesto el móvil… y él contesta los mails podríamos añadir), y tras afirmar que son humildes, recordó que en 2016 fueron elegidos la mejor banda del viejo continente por la European Blues Union. Y no hubo bis por el límite horario, pero estábamos todos tan satisfechos que para qué alargarse, ¿verdad?

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