La caja mágica de Sergio Dalma

Josep Sergi Capdevila Querol elegante con la americana./Unai Nuño
Josep Sergi Capdevila Querol elegante con la americana. / Unai Nuño

El empático cantante catalán volvió a triunfar en un lleno, entregado y participativo Palacio Euskalduna, donde desplegó su tercer repertorio italiano entre luces brillantes, buen sonido y los coros del gentío

ÓSCAR CUBILLO

Literalmente, el simpático Sergio Dalma repartió felicidad el sábado en el auditorio principal del Euskalduna, gran recinto que llenó a 50 euros las mejores localidades: se vendieron 19 de cada 20 butacas, quedándose sin colocar solo asientos sueltos, de los más alejados del escenario. Un escenario que adornó con luces invasivas y brillantes y que a menudo imitó la figura de una radio. Una radio, su caja mágica, que tuvo bastante protagonismo metafórico en el encuentro, como se sugirió antes de empezar cuando la sintonizó un operario y como se explicitó cuando la elogió Sergio en su primer parlamento: «Crecí en la calle. Llegaba a casa, cogía la merienda y volvía a salir deprisa. Y no nos preocupábamos si había wifi. Pero éramos felices. No veíamos el momento de volver a casa a cenar. Y nos acompañaba la radio, que salía por los balcones: las telenovelas de la abuela, la canción italiana de las madres…». Y es que Sergio vino presentando 'Vía Dalma 3', número 1 en listas y disco de oro en España, su tercer álbum de adaptaciones de canciones transalpinas, las que interpretó con tanta pasión que pensamos que a Josep Sergi Capdevila Querol (Sabadell, Barcelona, 28 de septiembre de 1964) le deberían conceder la doble nacionalidad: española e italiana.

En esa espectacular velada sabatina sonaron 26 canciones en 109 minutos eminentemente grupales (ofició en septeto, a veces con tres guitarras. Además, el bajista, Joseba Vera, es de Barakaldo, según informó el cantante en las divertidas presentaciones con foto en pantalla para cada componente), invasivamente luminosos (esos focos) y con buen sonido en el Euskalduna (se oyó alto, pero se notó que contuvieron el volumen para que no rebotara en lo que también se convirtió en una caja mágica).

Sergio abrió pisando fuerte con 'Toda la vida' de Lucio Dalla y su final soul-rock cool a lo Zucchero, enlazó con la romántica 'Necesito un amigo' de Antonello Venditti, acertó otra diana con el suavito 'Solo tú' de Matía Bazar, elevó el nivel en la balada con coros góspel y guitarra slide 'Mía' (Donna donna mia) de Toto Cotugno e hizo cantar al Euskalduna en pleno en 'Te amo' de Umberto Tozzi, y prosiguió con un tridente epidérmico y arrebatador, con una trinidad encarnada por la trágica 'El mundo' de Jimmy Fontana (ascendente, con ambiente de comunión entre el respetable entregado), la teatralizada 'Bella sin alma' de Ricardo Cocciante (a Sergio le perseguía el foco de la luz e insistimos: ¡qué le otorguen la doble nacionalidad!) y la festiva 'Tú' de Umberto Tozzi (con toda la gente en pie, con Sergio bajando del escenario para estrechar manos de las primeras filas y con el gentío coreando nananás). Increíble, oigan.

Entrevista con el cantante

Tras tal tridente apasionado nunca se llegó otra vez a semejantes cimas, pero el show continuó por las alturas y vivimos momentos adictivos y diversos: el dramatismo melódico de 'Yo que no vivo sin ti' de Pino Donaggio (la del estribillo de «te quierooo…», la que Elvis Presley asumió y retituló 'You Don't Have To Say You Love Me' –aquí va un vivo- de Domenico Modugno que empezó en plan musical y siguió vía swing, o 'Amores', en cuya introducción Sergio honró a su autor Toto Cutugno (recordó que le conoció en 1991, cuando le presentó en Eurovisión) y él hizo de crooner itálico entre haces de luces verde-azuladas.

Sergio Dalma durante un momento de su concierto en el Euskalduna.
Sergio Dalma durante un momento de su concierto en el Euskalduna. / Unai Nuño

Sergio, soulman hispánico-itálico en cuyas canciones abunda la expresión 'hacer el amor', sin apenas hablar y moviéndose por todo el tablado logró la fiesta coral televisiva con 'Este amor no se toca' de Gianni Bella, y medró con más fiesta y subidón de alegría y coros en 'Será porque te amo' de Ricchi e Poveri. Al de una hora de vaivén emocional el cantante hizo mutis dejando a la corista (y percusionista y tercera guitarrista) Alicia Araque protagonizar ella sola 'Solo para ti', y regresó Dalma ya sin chaqueta para seguir explotando el éxito de esa noche con sus éxitos intergeneracionales: una acústica 'Esta chica es mía' y un buen 'Bailar pegados' con aire de jazz after hours brasileiro («Sergio, Sergio, Sergio», coreó el Palacio Euskalduna al acabarla).

Y ya por el final alternó canciones más pop ('A buena hora', 'Recuerdo crónico', la adolescente y saltarina 'La vida empieza hoy') con ampulosas y acertadas canciones melódicas ('Tú y yo'… somos el mundo entero) y alguna italianada colada ('Gloria', la tercera de Umberto Tozzi, a tres guitarras, con el público cantando la letra entera), hasta alcanzar el bis triple rematado con el alegre 'Yo no te pido la luna' de Fiordaliso y el adiós con una intensa 'Galilea', cuando el muy dinámico cantante bajó por tercera vez para estrechar las manos a la gente entregada, satisfecha. Este Sergio Dalma no falla. Otra vez que entrará en nuestra lista de mejores conciertos de 2018, si lo acabamos, claro. Actúa en Burgos el sábado 3 de marzo y a mitad de ese mes vuela a Argentina.

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