Voz, cabeza y corazón

Ramoncín en un momento de la actuación./DANIEL PEDRIZA
Ramoncín en un momento de la actuación. / DANIEL PEDRIZA
El Bafle

Un Ramoncín en buena forma pero perjudicado por el sonido abrió el primer festival bajo techo 'Movember Food & Rock' en Santander

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Más de 3000 personas se reunieron el viernes en el Palacio de los Deportes de Santander en la primera de las dos jornadas del primer festival 'Movember Food & Rock'. Ya saben que 'food' significa comida, o sea que había camionetas y tenderetes culinarios aparcados en la explanada exterior. Dentro actuaron cuatro grupos y el que peor sonó fue el primero, el septeto de Ramoncín. También bastante mal sonó otro septeto, el capitaneado por un Loquillo pletórico en su estilo y sus bailes (hoy sábado repite en el Euskalduna de Bilbao y en un próximo texto compararemos ambos shows). El que mejor acústica obtuvo fue Rosendo, en trío fácilmente sonorizable, y en su actuación fue donde La Ballena (así llaman al Palacio de los Deportes del Sardinero santanderino) ya estuvo a tope y entregada. Y también bien sonaron de madrugada los italianos Achtung Babies con sus garantizados calcos de los éxitos de U2 (que hoy sábado repetirán en el Kafe Antzokia de Bilbao).

Ramoncín cantó 13 piezas en 72 minutos y advirtió que hablaría poco para poder tocar más, pues tenía el tiempo limitado. Salió a escena y ante la ovación del respetable reunido, el más maduro en edad media de ese viernes, se le escapó una sonrisa y supo que los elementos estaban de su parte. Y tanto: la gente se sabía todas las canciones y las coreaba a veces casi enteras. Fino y elegante, vestido de oscuro y con un chaleco de lunares en la espalda, Ramoncín abrió fuego con 'Putney Bridge' y, a pesar del sonido descorazonador, se entendió por qué Loquillo llamó luego maestro a Ramón (y a Rosendo en la misma frase). En 'Déjame' no se oía ninguna de las guitarras y 'Tú rompes mi corazón', la de «quema el deseo de tu piel», la sostuvo gracias a su apostura springsteeniana.

'10 segundos', dramática e impostada toda ella, contó con el septeto al completo (tres guitarras, bajo, batería, teclados y un violín que apenas se oyó en el concierto) y por temática remitió a El Drogas, que ese viernes había agotado en Bilbao el taquillaje de la Sala BBK. La macarra 'Reina de la noche' la cantó la peña y bien le quedó el blues progresivo luciferino algo Black Sabbath 'Hola, muñeca'. En 'Como un susurro', cuando pensamos en Aute, Ramoncín cantó sobre un bafle, más allá del escenario, y el respetable filmó el tema y se hizo selfies. Y algo más tarde, en 'Forjas y aceros'4, el madrileño volvió a remitir a El Drogas y explicó que esa canción había pasado ahí en Cantabria hacía años («esta canción está inspirada en los disturbios de Reinosa a causa del cierre de las fábricas», recordó el paisano Pato, al que le chocó que Loquillo y Rosendo tuvieran unos copiosos puestos de merchandising en la entrada, pero Ramoncín no: ni camisetas ni nada puso a la venta).

El el siguiente tema, 'Miedo a soñar', dotado del sotobosque progresivo que sostienen ahora sus canciones, soltó Ramoncín una breve frase en la que sostuvo solemne y sincero: «Os doy lo mejor que tengo, mi voz, mi cabeza y mi corazón». Y ya para el final dejó el rock de 'El límite', con algunos acoples que le molestaron, y el adiós con 'Litros de alcohol' (en realidad titulada 'Hormigón, mujeres y alcohol'), que fue una fiesta con los fieles entonando la letra: «litros de alcohol, corren por mis venas mujer, no tengo problemas de amor lo que me pasa es que estoy loco por privar...».

Mereció la pena el viaje, empero la mala ecualización, el volumen insuficiente y la falta de rodaje de una banda que actúa poco, pero que va soltándose y obteniendo más protagonismo desde que recalara en el frontón de Eibar en diciembre del año pasado. ¡Que traigan a Ramoncín a fiestas de Bilbao, que seguro sería memorable!

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