BIME: los tres mejores del viernes

Ride crearon reconfortantes bolas eléctricas y armónicas./Óscar Cubillo
Ride crearon reconfortantes bolas eléctricas y armónicas. / Óscar Cubillo

Los alemanes Einstürzende Neubauten, los ingleses Ride y el californiano Mark Eitzel coparon el pódium musical de la primera jornada de la quinta edición del festival en el BEC

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Atrevámonos a elegir los tres mejores conciertos del viernes en la primera jornada del 5º BIME Live. En el BEC no había demasiada gente, se estaba muy cómodo, se accedía rápidamente a las primeras filas de los conciertos y encontrabas sin dificultad a los amigos. La cifra oficial de asistentes indica que había 8.000 personas, pero estuvo chupado llegar a la primera fila, incluso antes las estrellas. Respecto a los bolos, los cabezas de cartel Royal Blood pronto se tornaron repetitivos y efectistas, Bill Callahan a dúo no ofreció todo lo que se esperaba de él, Anari se atascó en el reiterativo melisma tremolante vocal, Meute nos dejaron con ganas de catar más de su vistosa actualización de las brass band de Nueva Orleans, Orbital resultaron efectivos en su rave, y el que suscribe no vio nada de Metronomy ni de Kiasmos Live.

Pero estos son los tres mejores conciertos, opinión contrastada con varios aficionados. Colocaríamos los primeros a los alemanes Einstürzende Neubauten (Berlín, 1980) por sorprendentes y caros de ver (su fan Carlos Benito nunca se había cruzado en sus giras, su fan Corcobado acudió temprano a su sesión para conseguir buen sitio en las gradas del Antzerkia, o sea el teatro –por cierto, a Corcobado también le vimos en el BIME City, este miércoles en el bolo velvetiano de los galos The Limiñanas albergado en el Kafe Antzokia-). Al grano: en el BEC, ante un graderío a tope, atento y expectante, el líder del proyecto vanguardista teutón, Blixa Bargeld (58 años, alto, actor, también ex miembro de los Bad Seeds de Nick Cave), focalizó las 12 piezas que sonaron en 81 minutos, piezas minimales, cinemáticas, oscuras, muy David Lynch, bastante Jim Jarmusch, algo Nick Cave, ocasionalmente cabareteras pero de refilón, esporádicamente industriales (no sólo por los ruidos experimentales y chatarreros: golpes a tapacubos, hierros en caída libre, además de tubos y bidones de plástico), aunque, paradójicamente, si uno se fija, evolucionaron sobre una base sonora bastante clásica, tradicional.

Como un Tom Waits peligroso (‘Haus der Lüge’ y su sinfonía de percusiones orates tan bluseras, una de las pocas piezas antiguas que siguen tocando), recitando mejor que Ute Lemper (la onírica ‘Unvollständigkeit’) y recordando a veces al tono vocal de Ian Dury (por ejemplo en ‘Die Befindlichkeit des Landes’ y en ‘Sabrina’), el muy teatral Blixa Bargeld gritó luciferino, mostró una erguida postura de decadente atemporal con su traje con chaleco y brillos, y dio un bis valorable, abierto con industrialismos que enloquecerían a Rammstein (‘Let’s Do It a Dada’, con referencias a los futuristas italianos y con anclaje rítmico en su éxito ‘Yü-Gung’, que han versionado desde Pussy Galore hasta de tapadillo Triángulo de Amor Bizarro, nos comentó Carlos Benito) y cerrado con aires también de cabaré / Cave / Lynch, aquí con una turbina que tenían en el centro del tablado percutida como si fuera un xilófono (‘Total Eclipse of The Sun’). Muy bueno, nada artie, y ciertamente valorable y memorable el show de Einstürzende Neubauten en este 5 BIME Live.

Compartiendo las chulerías de Oasis

Casi a la par andaría el concierto redondo que elaboraron Ride (Oxford, 1988-1996, 2001, 2014 en adelante). Sobre el segundo escenario, el Heineken, con buenas luces y un sonido diáfano que no se suele disfrutar en los pabellones del BIME, Andy Bell (ex Oasis) y Mark Gardener, ambos a las voces y las guitarras, crearon muros de sonido eléctricos crepitantemente melódicos y burbujas de armonías vocales psicodélicas de efectos balsámicos, siempre en gradaciones absorbentes que mejoraban las sensaciones en cada sucesión de compases. Tocaron unas 12 piezas en 69 minutos, y nada más verlos pensamos que Ocean Colour Scene a pesar de sus similitudes no pueden resistir la comparación con Ride, ni siquiera Kula Shaker (‘Charm Assault’, el título de su nuevo álbum, luego ‘Cali’), y si nos apuran tampoco Teenage Fanclub. Compartiendo la chulería de Oasis, adaptando con clase el sonido Manchester, en varias ocasiones inspirándose en New Order (en ciertas introducciones) en incluso en los Status Quo de los matchstick men (la última, ‘Drive Blind’), Ride rularon muy bien, muy reconfortantes y grandiosos, y seguramente muy por encima incluso de lo que esperaban sus fans.

Y el tercer bolo de la terna óptima del viernes en el 5º BIME Live lo aportaría Mark Eitzel (Walnut Creek, California, 1959), líder de American Music Club, en el espacio Antzerkia, con poco público a esa hora de la tarde. En cuarteto íntimo y veterano, con el respetable lógicamente predispuesto, Eitzel en 53 minutos destiló una decena de canciones. Fue un repertorio romántico y vulnerable, a veces algo folk cuando se colgaba la guitarra acústica (‘Nothing And Everything’), a veces de filo tan british y de orfebre que nos remitía a The Divine Comedy. Pero superlativo y emocionante cuando se desfondaba en baladas con el sentimentalismo de Antony, ora a lo crooner tipo Gregory Porter con el piano presente, ora en plan soulman con conocimientos de Tim Buckley (‘Why Won't You Stay’ de AMC). Muy bonito Eitzel, que supo llenar el amplísimo escenario y atrapar a la concurrencia mayormente sentada.

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Oxford, Bime

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