Berri Txarrak: tres horas de Malas Noticias

El vocalista de la banda, Gorka Urbizu./CARLOS G. AZPIAZU
El vocalista de la banda, Gorka Urbizu. / CARLOS G. AZPIAZU

Agradecidos a las más de 10.000 personas que agotaron el BEC y motivados por la ocasión especial, los vasconavarros Berri Txarrak dilataron su show hasta las 3 horas con una cuarentena de canciones, un pasaje acústico central muy moroso y la sensación general del rock de estadio

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El sábado se notaba que la jornada era especial desde que cualquiera se montaba en los metros, que iban repletos de jubilados de la manifestación y de jóvenes, estos a menudo hablando euskera. Los jóvenes mixtos trufaban los vagones de las unidades que se dirigían hacia Kabiezes, los de la Margen Izquierda. Al descargar en el andén de Ansio muchos musiqueros no sabían por qué salida acercarse al BEC y se recomendaban entre sí: «Sigue a la gente». Subiendo por las escaleras mecánicas de la estación dijo uno asombrado: «¡Si ese es de mi pueblo! Me lo puedo imaginar viajando para una carrera en el monte, pero nunca yendo a un concierto», impresión que daba fe del carácter especial y en gran parte transversal del concierto de ese sábado noche, el de unos Berri Txarrak (Malas Noticias; Lecumberri, 1994) que estrenaban en Euskadi su disco 'Infrasoinuak', que ya han presentado en gira por Asia y Oceanía.

Ya dentro del BEC, cuando ya estaba tocando a volumen excesivo y atronador el grupo telonero sueco The Baboon Show, las colas eran enormes y se dejaba pasar a la gente por tramos para ser registrados; más que por seguridad, para que no se introdujeran bebidas. Y es que la chavalería estaba haciendo botellón en el interior del BEC. ¡Y dentro del pabellón se fumaría sin recato durante todo el encuentro! Nosotros acabamos sentados arriba, enfrente del escenario, cerca del cañón de luz, y hasta ahí subía el humo de tabaco y de drogas varias hasta provocar mal cuerpo, no es exageración. Había un montón de seguratas que controlaban que nadie se parara en un pasillo o se sentara en las escaleras, pero permitían fumar. Ah, La Reina rubísima se sentía como en su pueblo, Ondarroa, y vio y saludó a mucha gente, caso de la hermana del central del Athletic Iñigo Martínez.

Eso del sábado noche era un macroconcierto y se notaba en las colas de las barras, a veces disuasorias. «Por esto no me molan los conciertos grandes», manifestó uno que vio la cola y se largó sin paliar su sed. Entre grupo y grupo, como en los grandes festivales, las dos pantallas laterales emitían anuncios de todo tipo: comerciales (del Azkena Rock Festival), institucionales (contra los ataques sexistas) y hasta políticos (un largo documental de la izquierda abertzale y su idea de la creación de país). En teoría había en el BEC 10.503 personas. 10.000 entradas de pago, 300 de prensa e invitados, 200 currelas, más los tres músicos: el batería guipuzcoano Galder Izagirre (ex Dut), el bajista vizcaíno David González (ex PiLT) y el líder navarro Gorka Urbizu (voz y guitarra). Los tres salieron puntualísimos a escena y lo primero que hicieron, en vez de agarrar sus instrumentos, fue acercarse a la parte delantera para saludar contentos, emocionados y sinceramente agradecidos a la masa milenaria.

BTX abrieron fuego desgranando en orden las 10 canciones de su nuevo disco, 'Infrasoinuak'. Con decisión, empuje y la electricidad de los 25.000 watios disponibles, los tres metieron caña y Gorka cantó a menudo a lo Fermin Muguruza. El escenario era muy sobrio y oscuro, con la misma disposición para ellos que si estuvieran tocando en una sala, y a la tercera canción cayó un telón donde ponía 'INFRA' y que seguramente podrán usar en grandes festivales estivales al aire libre. Gorka saludó diciendo «gabon, Barakaldo. Gabon, Ezkerraldea. Gabon, Euskal Herria», y avisó de que «la noche será larga y no tenemos tiempo que esperar» (buf, al final fueron tres horas exactas para una cuarentena de piezas en tres capítulos, en cuatro si desgajamos el bis). Siempre en euskera, Gorka contó que ellos vienen de tocar en garitos y lo suyo es «euskal kultura», y de ese prólogo con el disco nuevo destacaron dos grandes hitos, dos andanadas unidas: la explosión hardcore 'Hozkia' y 'Sed Lex'.

Llevaban 36 minutos en escena cuando hicieron mutis y cayó el telón para reordenar el escenario para la segunda parte, la acústica y en quinteto (aquí uno de sus dos refuerzos fue el mandolinista Arkaitz Miner). Berri Txarrak aseguran que no les gustan los macroconciertos ni los actos masivos, y quizá por eso, por el prurito de negar el tamaño XXXL de lo que habían organizado ellos, redujeron el escenario y se apretaron los cinco en escena buscando un difícil intimismo para una parte central suave de unos 40 minutos que fue un poco tostón, bastante turre, que nadie se moleste por la impresión.

En este pasaje acústico BTX oscilaron entre el post-rock noctívago con poco desarrollo y los temas en tono menor del alt co como podrían hacer Anari o los Walkabouts. En esta parte demasiado larga hubo guiños al difunto Iñigo Cabacas, la letra de Sarrionaindia 'Aspaldian utzitako zelda' («nos acordamos de la gente que falta», dijo Gorka en la presentación), autoafirmación («luego dicen que la poesía no sirve para nada», soltó al acabar una canción el líder del trío), varios estribillos para que coreara la chavalería en plan Ken Zazpi ('Poligrafo bakarra', un 'Makuluak' descargado de la agresividad del disco original), y el cierre buscando la participación coral de la masa mediante oooh-ooohhhs a lo Mumford & Sons.

Acabó la parte acústica, intimista, e hicieron mutis y se volvió a retocar el escenario. La tercera parte dispuso de otro telón de fondo levemente más luminoso y Berri Txarrak reiniciaron con la bocanada de aire fresco de 'Ikasten', desplegando una electricidad apabullante bien sonorizada por el bueno de Mikel Santos. Y BTX siguieron acertando en dianas superlativas como las de 'Jaio.Musika.Hil' (con caña fluida mejor que la de Gatibu y los coros de la peña, comulgando con la parte de la oveja negra), 'Gezur Bat Mila Aldiz' (frondosa), 'Ez dut nahi' (subrayada por las luces estroboscópicas), 'Faq' (qué sonido más limpio), 'Libre' (con rapeado a lo Negu Gorriak incluido) e 'Iparra galdu: hegora joan' (hirviendo la sangre algo a lo RATM).

Pero, debido a la dilatación temporal y a la imposibilidad física de esprintar durante tanta distancia, fue aplanándose el repertorio y amortiguándose la pegada. Ellos cedieron coros a la peña como si fueran Ken Zazpi, se ralentizaron con ritmos stoner para dosificar… Gorka dijo que estaban orgullosos de que una banda euskaldun llenara el BEC, preguntó si había alguien que les veía por primera vez (alguno levantó la mano) y agradeció los que les siguen desde el principio, desde 1994, y lograron un par de hitos más antes del bis, sendos rocanroles en la onda de Governors: 'Zerbait asmatuko dugu' y 'Denak ez du balio'.

La cuarta parte, la del bis de veinte minutos, la abrió a solas Gorka Urbizu con una guitarra acústica para entonar a solas 'Maravillas', cosechando coros a lo Ken Zazpi y utilizando un recurso muy del rock de estadio que en principio rechaza: el de pedir a la gente que encendiera las luces de sus móviles (y de estadio eran las imágenes de las pantallas con él de espaldas y la masa iluminada ante él). Y el final definitivo fue eléctrico y se remató con buenos golpes, caso de 'Oihu', en plan Etsaiak para que cantara la chavalería. Y al de tres horas exactas los tres miembros de BTX se pusieron de nuevo a saludar delante del tablado, como al empezar. Misión cumplida si deseaban marcar un hito memorable en su trayectoria, pero que el próximo sea un poco más corto, por favor.

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