Apostando por el brillo

James Carter sobre el fondo azul del Bizkaia Aretoa./Carlos G. Azpiazu
James Carter sobre el fondo azul del Bizkaia Aretoa. / Carlos G. Azpiazu

El afrocuarteto virtuoso, efectista y fulgurante James Carter’s Elektrik Outlet amalgamó fusión y funk a alto volumen en el ciclo 365 Jazz Bilbao

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

La quinta de las siete sesiones previstas en esta temporada otoño-invierno del ciclo municipal 365 Jazz Bilbao (cuyo subtítulo reza: ‘todo el año, todo el jazz’) la protagonizó el sábado en el Bizkaia Aretoa, un edificio perteneciente a la UPV, el saxofonista James Carter (Detroit, 48 años), primo de la violinista Regina Carter, que vino con el cuarteto no tan electrónico como se barruntaba Elektrik Outlet. Lo que pasa es que mediante pedales y electrónica Carter muta el sonido de sus saxos tenor y soprano, lo que se evidenció al estirar como la plastilina o reflejar en espejos cóncavos valleninclanescos la adaptación del ‘’Round Midnight’ en el centenario del nacimiento de Thelonius Monk, como indicó en la presentación.

Desenfadado y en el fondo ufano, descarado y gracioso (las presentaciones de las canciones, la complicidad con sus tres músicos, ese bajar por un lateral del escenario para dar la vuelta al patio de butacas y entrar por el otro lado sin dejar de soplar un solo de saxo), virtuoso y renovador de su instrumento (hum… pero quizá no tan virtuoso como el pianista mágico Gerard Gibbs y el bajista vacilón y gordinflón Ralphe Armstrong; «vaya crack, ¿eh?», elogió el fotógrafo Azpiazu tras un solo de cuatro cuerdas por el mástil sin trastes), James Carter capitaneó a su cuarteto cien por cien afroamericano durante un set de 7 piezas en 104 minutos brillantes, restallantes y efectistas, eléctricos y a alto volumen (en la primera pieza un señor de la primera fila se retiró hacia una butaca más lejana, en la tercera fila el señor de mi derecha ponía cara de desagrado y se tapaba un oído), con mucho de jazz fusión y por el epílogo cierta progresividad en un repertorio que pareció un coctel muy principesco, funkadélico y ghostbusters, ustedes ya entienden.

Los del Elektrik Outlet (toma de corriente eléctrica, es una de sus traducciones) abrieron dándole duro, muy percusivos (no olvidemos mencionar al baterista Alex White) en un funk ochentero que arrasó la hojarasca sintética que sin gracia nos derramó en verano en el 41º Getxo Jazz el vanidoso y buenista trompetista Christian Scott (‘Fire Eater’, de Rusty Bryant), se serenaron en una balada sube y baja (ritmo reggae, pasajes bailones…) de cariz ochentero y sonido cromado, brillante hasta cegar (‘Sexy Mama’), tributaron a los Jazz Crusaders sobre un sotobosque electrónicamente emborronado en plan trip-hop a lo Jay Jay Johanson (‘Free As The Wind’, largo, primero con suavidad, después con rupturas abruptas y efectistas…), y se marcaron otra balada con teclas expertas y aire de fusión (‘Samia’, ovacionadísima, con el público ya totalmente atrapado).

Voz y saxo trucados

Jugando con la voz y el saxo trucados (éste hasta sonar a guitarra eléctrica), y zambulléndose en la progresividad, James Carter y su combo eléctrico sugirieron el blues incisivo en el ‘Listen Here’ de Eddie Harris, transformaron a su capricho efectista el mentado ‘’Round Midnight’ de Monk (antes de tocarla el líder preguntó en castellano si queríamos «¿algo bueno?»), y cerraron con ‘J. C. On The Set’, aplastando otra vez bajo su funk al vanidoso Christian Scott (el de Getxo, sí), presentando a los músicos una vez más y logrando que el público incluso chasqueara los dedos.

Ciertamente triunfó con este proyecto lúdico y renovador pero sin olvidar las raíces el jazzman profesional Carter, que se maneja en varias facetas, unas más serias que otras. En los festivales de verano montaría unas fiestas en las que el público se arrancaría a bailar.

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