El apocalipsis del Anticristo de Therion en la Santana 26

Christofer Johnsson a la guitarra durante el concierto en la Santana 26./Antonio Refoyo
Christofer Johnsson a la guitarra durante el concierto en la Santana 26. / Antonio Refoyo

Nada sutiles y con tendencia al alarde constante, los efectistas Therion no acabaron de cuajar su metal sinfónico en la presentación en Bilbao de su ópera 'Beloved Antichrist'. Fue un híbrido sin tino de guitarras heavies y voces líricas atendido por 250 fans predispuestos a las palmas

ÓSCAR CUBILLO

Cinco horas de metal con cuatro bandas internacionales con participación notable femenina oficiaron el martes en la sala Santana 27 y atrajeron solamente a unas 250 personas. Actuaron en este orden una formación yanqui (Midnight Eternal, metal sinfónico neoyorquino y comercial con chica guapa al micro), otra teutona (Null Positiv, metal alternativo alemán con fémina enfadada al frente), otra rusa (Imperial Age, sexteto mixto moscovita que estrenó su ópera-metal 'The Legacy Of Atlantis' con tres voces sinfónicas ampulosas y simultáneas), más la multinacional sueca Therion, cabeza de cartel del tinglado que, en este 2018 que cumple 30 años, vino presentando su disco 'Beloved Antichrist / Amado Anticristo', y que dio un concierto insatisfactorio, moroso y levemente ascendente, menos mal. De regreso a casa, esperando al ascensor del último metro, nos comentó con cara de circunstancias un espectador argentino: «Les he visto tres veces y esta ha sido la más floja, sí».

El concierto de Therion en la Santana 26 tuvo tres partes: una primera que no acabó de arrancar no solo debido al volumen insuficiente, la central tediosa por culpa de la linealidad de las composiciones, y la tercera, con las canciones más animadas, donde afortunadamente trasladaron otra imagen. Aparte, su líder Christofer Johnsson nos prometió un show teatralizado, pero lo único destacable en ese sentido fueron las luces a tope, las vestimentas (la del cantante tan maquillado, la del líder con traje y chistera), y quizá las tres voces (una roquera masculina y dos líricas femeninas) que se alternaban para hilar las historietas. A pesar de todo lo escrito, el público, muy predispuesto, respondió feliz y contento a todas las peticiones de palmas, de gritar 'hey', etc.

El espectaculito de Therion duró 105 minutos (hora y tres cuartos) para 20 piezas en septeto multinacional: elementos de Suecia, Argentina (el guitarrista solista), USA e Italia (las dos sopranos). En todas las canciones hubo alardes de todo tipo (especialmente con voces operísticas), en bastantes tramos se usaron pregrabados orquestales (que parecieron de bandas sonoras épicas), y pretendieron colar tantos efectismos por minuto como en el film de terror 'El expediente Warren'. Lo malo es que no acabó de fusionarse con acierto ni credibilidad su aleación entre heavy metal y sinfonismo (a veces se caía en lo grotesco), ni de despegar el repertorio por mor de ese volumen que le restaba pegada (así se difuminaron algunas piezas progresivas), ni de desprenderse de una sospechosa raíz folk en los pasajes más corales y participativos (por momentos eso parecía más folk-metal que opera-metal)

Como realizando un trabajo y seguramente levemente desanimados ante la escasa asistencia a la Santana 27, Therion abrieron sin romper la pana con un cabaretero 'Theme of Antichrist', arañaron por primera vez en 'Din' gracias a la colaboración de la poderosa Eli Berlin, la vocalista de Null Positiv (el segundo grupo del cartel cuádruple, recuerden), prosiguieron sin acabar de cuajar ('Night Reborn'), y sin miedo al ridículo usaron cajas de música y gorgoritos ('Nifelheim').

Pero la cosa no acababa de despegar. Los ritmos marciales no pisaban fuerte y mucho menos daban taconazos. El concierto se atascó, se convirtió en un pastiche lineal: hubo aires de musical ('Temple Of New Jerusalem'), tempos cansinos y retardadores ('An Arrow From The Sun'), ensoñaciones medievales que podría fabular Mike Oldfield ('Lemuria'), exotismos morunos de teclados pregrabados que remitían a Camela (no es broma: los de 'Cults Of The Shadow'), citas a Rasputín ('The Khlysti Evangelist')…

Eso era un infierno. El apocalipsis, sí. Y subrepticiamente subió el nivel en el epílogo. Hasta dio la sensación de que sonó mejor y a más volumen. Todo sucedió a partir de la 15º canción, 'My Voyage Carries On', una cabalgada heavy metal. Después hubo momentos paladeables (al menos por contraste con lo precedente) como los riffs heavy metal de 'Der Mitternachtslöwe' o el último título de la noche, el híbrido de voces folk y guitarras heavies 'To Mega Therion', que cerró el bis, todo esto contrastado con pasajes bizarros como los zíngaros a lo Camela de la primera del bis, 'The Rise Of Sodom And Gomorrah' (no es broma ni exageración) o los aires de villancico de 'Son of the Staves of Time'.

Vaya, fue un concierto nada sutil, una opereta grotesca y a la postre insatisfactoria en la que el líder, el compositor y limitado guitarrista Christofer Johnsson, sólo nos habló una vez, antes de la última canción. Y donde el guitarrista argentino ni nos dirigió la palabra.

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