Los aires sevillanos de José de la Tomasa y Segundo Falcón

Segundo Falcón, José de la Tomasa y Manolo Franco en pie en el bis./Óscar Cubillo
Segundo Falcón, José de la Tomasa y Manolo Franco en pie en el bis. / Óscar Cubillo

Poca gente hubo en la sala grande del Teatro Barakaldo, en el ciclo Viernes Flamencos, para catar a dos cantaores de Sevilla: el sobrado de facultades Falcón y el gitano con salero De la Tomasa. Y mención especial al acariciador tocaor, Manolo Franco

ÓSCAR CUBILLOEL BAFLE

Menos público del esperado hubo en la cuarta jornada de las siete programadas en el 22º ciclo de Viernes Flamencos del Teatro Barakaldo: había menos de 150 personas, o sea que habríamos cabido todos en el pequeño e íntimo anfiteatro del sótano. Entre los espectadores abundaban los provectos y beneméritos inmigrantes andaluces, que atendieron con delectación y nostalgia lo que en esta gala de cante nominada ‘Aires de Sevilla’ nos sirvieron el tridente conformado por el jondo gitano José de La Tomasa (Sevilla, 1951), el reclamo principal, más dos premios giraldillos payos: a la voz Segundo Falcón (El Viso del Alcor, Sevilla, 1970), y al toque el profesor Manolo Franco (Sevilla, 1960), que se salió de la tabla: «ole los que acarician» y «ole Lolito» le animó en su intervención el veterano José Georgio Soto. El repertorio se apartó en parte del flamenco jerezano hoy en boga, ese de bulerías y fandangos a tope, y los tres oficiaron compenetrados, pues suelen compartir programaciones por doquier.

Sonaron una docena de piezas en 84 minutos, y se puede decir que fueron dos conciertos consecutivos y diferentes. Aunque en el prólogo mostraron sus cartas a solas los tres participantes: por tonás los cantaores, y en un instrumental delicadísimo y sentido el tocaor Franco, magistral como Andrés Segovia. Y en las dos últimas piezas oficiaron los tres juntos: primero sentados y en el bis en pie.

Abrió plaza el más joven, Segundo Falcón (El Viso del Alcor, Sevilla, 1970), elegantísimo de gris, con su corbata cuadriculada en los mismos tonos, que se entregó en cuatro palos atacados con sostenidos tímbricos tan afilados que a veces crepitaban los oídos. Pulcro, canónico, respetuoso y conocedor, escoltado por el infalible, clásico y cálido Manolo Franco, Segundo jugó con sus manos en la caña, por peteneras deletreó sin levantar la voz a pesar de lo trágico de la letra («sentenciado estoy a muerte si me ven hablar contigo»), en la seguiriya se reveló rotundo y con una facilidad innata, y los tangos los modeló por la minería, antes de los cuales nos habló: «Encantado de estar en este teatro flamenco. Es un honor cantar con el maestro José de la Tomasa, al que admiro y adoro. Voy a poner todo el corazón en agradecimiento».

Le sucedió también a dúo con Manolo Franco para otras cuatro sucesiones de cante el estelar José de La Tomasa (Sevilla, 1951), vestido con camisa roja y sin corbata, con pinta vampírica en plan la Familia Munster. Sin repetir palos cantados por Segundo, José abrió con lo que llamó «un ramillete de soleás, pasando por Alcalá, Cádiz… Para todos ustedes, salud y libertad», y sonó creciente hasta romperlos pero sin aspavientos (después dijo que «lo bueno del flamenco respecto a otras músicas es que si tienes resfriado puedes sustituir la voz por el corazón»). Por alegrías llegó a visitar a la Pilarica y también nos hizo reír por bulerías («el hortelano cogiendo berza pone el culo más alto que la cabeza», y «había una gallina, a ver quién se resiste siendo gitano»). La cita un tanto dilatada y quizá fría por el escaso respetable se cerró en trío al completo sentado y alineado, por fandangos en los que De la Tomasa recitó como El Barrio y donde Falcón atravesó el aire sevillano con sus sostenidos como si no quiere la cosa, antes del bis en pie a modo de fin de fiesta.

José de La Tomasa y Manolo Franco en el Circulo Flamenco de Madrid por soleás:

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