1968 castigó en Santutxu los oídos del respetable

1968 con su logotipo en la pantalla de La Nube/A. M.
1968 con su logotipo en la pantalla de La Nube / A. M.

El cuarteto inglés de stoner rock psicodélico abrió en La Nube electrizada su gira hispano-portuguesa de seis conciertos seguidos con un bolo que hizo aullar a la peña, a la que le crepitaron los tímpanos

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

En lo que resultó su debut en vivo en España, como no se cansó de recordar su cantante, este martes el cuarteto británico de stoner rock 1968 arrancó en La Nube electrizada de Santutxu su gira hispano-lusa de seis conciertos seguidos y sin descanso hasta el domingo. Una gira ibérica (esta sí) cuya hoja de ruta marca como hitos Bilbao, Barcelona, Ciudad Real, Sevilla, Viana do Castelo y Cangas do Morrazo. Por cierto: en La Nube esta semana habrá dos jornadas de conciertos internacionales y buenísima pinta tiene el bolo de blues-rock modernista a cargo del guitarrista inglés Troy Redfern programado para este jueves (21 h, 5-7 €).

Vayamos al lío. 1968 (Cheshire), autodefinidos en su Facebook como «una mezcla de Black Babbath, Thin Lizzy, Queens Of The Stone Age y Red Fang», dieron un bolo de 12 pepinazos en 68 minutos en los que no hubo ninguna novedad estilística ni sónica, pues su onda está copiada de lo brotado en el rock guitarrero y herido entre 1968, año en el que se fundaron Black Sabbath (algunas fuentes apuntan que su apelativo artístico se debe al verano del amor hippie, pero éste se data en 1967, y es que la voz del cantante inglés del martes a Pato le evocaba a éstos. Y es que 1968 se tiraron todo el rato amasando un rock poderoso y sulfuroso con influjo de los Black Sabbath más litúrgicos, lisérgicos e incluso luciferinos, de las murgas aindiadas y ofuscadas de The Cult, y del estirado sufrir guitarrero del grunge. No inventaron nada, pero ni falta que hace.

Los cuatro tíos oficiaron liderados por su cantante, Jimi Ray, un melenas con camiseta de Desert Storm (este es su Bandcamp) y tatuajes por doquier (en el brazo diestro uno de Black Sabbath, que quede claro que son devotos). Su hora pasadita de forja rock ruló más moderada por su ecuador, más árida, donde pareció que Jimi se iba quedando sin bofe, pero no llegó la sangre al río. 1968 abrieron epatando mediante bufidos de los amplificadores y en un ambiente extraño pues aún entraba la luz solar de la calle ('McQueen', con su coda agitada a lo Horisont), la voz se hundió en el heavy metal primigenio a lo Deep Purple ('Duchess'), resonaron a Black Hendrix o Jimi Sabbath ('War Dogs'), insistieron en un subestilo stoner tan retro, fiel y canónico que les serviría para telonear algún festival Kristonfest ('Marauder'), por la mentada mitad se ralentizaron con los parámetros del stoner esquemático de los teutones Colour Haze (por ejemplo en 'Screaming Sun', aunque 1968 ni se atascan ni llegan a aburrir), y por el epílogo volvieron a atrapar con vigor: 'Fortuna Havana', con cencerro del baterista, y el bis con 'Vorpal' y su sustrato cabalgador.

1968, que también resonaron a Kyuss o Nebula, lograron que el respetable de La Nube, muy masculino, melenas y metaleramente enlutado, ovacionara, rugiera, gritara 'Metallica', 'Black Sabbath' o 'aúpa zuek', exigiera para el bis una canción de veinte minutos y se tapara los tímpanos en ciertos finales de canciones en los que los amplificadores funcionaron a volumen insano y distorsionado (como cuentan en su Facebook, entre los intereses personales de estos ingleses también está el tinitus). Al final vendieron su material en el puesto de merchan, pues viajarán con sus discos (dos EPs y el reciente CD 'Ballads of the Godless / Baladas de los impíos', aún no disponible en vinilo) y sus camisetas (desafortunado el diseño que reza 'Más fuerte que la mierda', a ver cuántas venden de ésta).

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