«Solo tenemos una vida y podría haber sido diferente»

El escritor Paul Auster con Lourdes Fernández, directora de Azkuna Zentroa/BORJA AGUDO
El escritor Paul Auster con Lourdes Fernández, directora de Azkuna Zentroa / BORJA AGUDO

Paul Auster deslumbró a las 500 personas que abarrotaron Azkuna Zentroa en la presentación de su última novela ‘4 3 2 1’

Iñaki Esteban
IÑAKI ESTEBAN

Bilbao recibió ayer a Paul Auster, maestro de la literatura posmoderna, con una estampa costumbrista: lluvia del sirimiri al aguacero y vuelta a empezar. Tampoco tuvo mucho tiempo para contemplar la paleta de grises bilbaína. Llegó pasado el mediodía de Madrid y antes había presentado su última novela, ‘4 3 2 1’, en Escocia, Suecia, Dinamarca y Finlandia. Hoy a primera hora de la mañana habrá cogido el avión.

Una gira sin apenas minutos para divertirse que agradece porque recuerda todos los rechazos editoriales cuando empezaba, dijo en Azkuna Zentroa antes de la conversación en su auditorio con el periodista Pablo Guimón. En todo caso, y como es de rigor, pasó por el Guggenheim -«recuerdo imborrable»- y comió en su bistrot. Tampoco despreció las costumbres locales en su mejor versión, una pequeña siesta.

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En el encuentro con la prensa antes que con las 500 personas que abarrotaron el auditorio y la sala contigua de Azkuna Zentroa, Auster recordó las veces que había estado en San Sebastián. Bilbao le pareció a vista de pájaro «mucho más grande». Algo le habría contado su mujer, Siri Hustvedt, que estuvo en el festival Gutun Zuria en abril. Precisamente la directora del centro, Lourdes Fernández, encuadró la presencia de Auster dentro de ese certamen, reveló que siempre habían deseado tenerle y agradeció el apoyo de Seix Barral.

Su novela se ramifica en las cuatro posibles vidas de su personaje, Ferguson, nacido como él en Newark (Nueva Jersey) el 3 de marzo de 1947. La realidad, avisó, no permite tantas variaciones. «Solo tenemos una vida, y podría haber sido muy diferente. ¿Qué habría pasado si hubiera nacido rico o pobre, en una ciudad o en otra, si me hubiera partido una pierna en un momento crítico, si hubiera tomado el camino de la derecha en vez del de la izquierda?».

Ferguson es un reportero en la época de la contracultura, un niño prodigio que muere pronto, un bohemio enamorado de la cultura europea, un escritor en busca de su gran novela. Como es obvio, Auster fue, quiso o se imaginó ser alguno de estos Ferguson o la mezcla de todos. «Es una narración sobre la familia como leyenda, como un ser legendario, un gran relato más que una novela», incidió el autor.

Del cuaderno a la máquina

Es la primera vez, añadió, que busca en su infancia para alimentar su escritura. Tardó tres años en escribir ‘4 3 2 1’. Poco si se considera que el volumen casi llega a las mil páginas. Y también si se tiene en cuenta su método, peculiar cuando menos. «Escribo y reescribo un párrafo en un cuaderno, y hasta que no lo doy por válido no paso al siguiente. Puedo tardar una hora o menos, o una semana o un mes. Luego lo escribo a máquina, lo corrijo y lo dejo reposar. Así me he pasado 50 años».

Como la vida, agregó, no se comprende el sentido de una novela hasta que prácticamente está acabada. Si acaso, mirando una y otra vez por el retrovisor, se puede entender algo. No cree en la suerte, pero sí en los acontecimientos no previstos. Como los que ocurren cuando escribe o como los huracanes que amenazan Puerto Rico. «Si estás allí en el momento equivocado, puede acabar contigo y con todo lo que te rodea. La vida es así».

Habló, cómo no, de Trump, pero también del atentado de Barcelona, y se refirió a la Rambla como «una de las calles con más vida del mundo». «Cada vez que paso por el lugar de las Torres Gemelas me acuerdo de los muertos. Es bueno mantener ese recuerdo, pero también dejar que la vida siga, levantarte por las mañanas, ir al trabajo y cuidar de tus hijos». Nueva York se recuperó enseguida y está seguro de que lo mismo ocurrirá en Barcelona.

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