'El ministerio de la felicidad suprema', de Arundhati Roy

'El ministerio de la felicidad suprema', de Arundhati Roy

Una novela coral sobre los problemas de la India actual contada con un estilo próximo al realismo mágico

César Coca
CÉSAR COCA

Arundhati Roy ganó el premio Booker, uno de los más importantes –quizá el más importante– para una novela escrita en inglés con ‘El dios de las pequeñas cosas’. Hace bien poco, esta escritora india, que justo hoy cumple hoy 56 años, publicó la segunda:_‘El ministerio de la felicidad suprema’. En los veinte años transcurridos entre ambas, ha sido una importante activista política galardonada por su tarea en favor de la paz y la igualdad, ha escrito algunos guiones y ha viajado por el mundo llevando un mensaje que le ha costado ser objeto de las iras del Gobierno de Nueva Delhi.

Explicar el argumento de ‘El ministerio de la felicidad suprema’ es muy difícil porque a partir de un hilo conductor la autora va tejiendo distintas historias. Ahí radica el encanto de la novela, no tanto en su línea central –sinuosa y compleja– como en los relatos que va trazando cada vez que un nuevo personaje aparece en escena. Entre todos componen un tapiz tan variado como el país en el que está ambientada la obra.

Por estas páginas pasan los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes, la lucha por Cachemira, la guerrilla y la guerra sucia del ejército, los intocables y la clase media del país, la pobreza y la opulencia, el drama y la esperanza. Hay personajes que viven en el cementerio y otros que matan vacas y las arrojan a las casas de los hindúes más radicales, mujeres en el cuerpo de hombres, animales con los que los humanos mantienen conversaciones profundas, canciones, poemas y chistes populares. Todo ello, escrito con un estilo torrencial que en no pocos momentos está emparentado con el realismo mágico.

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