Horacio Castellanos regresa a la violencia de El Salvador con 'Moronga'

El escritor hondureño Horacio Castellanos, en una imagen de archivo./EFE
El escritor hondureño Horacio Castellanos, en una imagen de archivo. / EFE

«Las utopías han traído más carnicerías que avances», dice el autor, miembro destacado de la generación literaria que encabezó Bolaño

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

La guerra civil de El Salvador duró más de una década, entre 1980 y 1992, y marcó «a dos o tres generaciones», asegura Horacio Castellanos Moya (1957). Desde luego marcó la obra de este escritor nacido en Tegucigalpa, la capital de Honduras, pero que se trasladó a San Salvador, el país de su padre, con cuatro años. Castellanos, que deslumbró en 1997 con la publicación de 'El asco. Thomas Bernhard en San Salvador', publica ahora en España 'Moronga' (Literatura Random House), en la que ahonda en el conflicto de su país, pero en este caso desde la perspectiva de unos emigrantes que viven en Estados Unidos y que se ven involucrados otra vez, mucho tiempo después, en asuntos turbios.

«Si uno ha sufrido la violencia, siempre le quedará el dolor, eso no lo podrá olvidar. Pero las personas sí se pueden despegar de la violencia, no hay un estigma que marque para siempre. Y más si se marcha a un país en donde funcionan las leyes: allí tendrá que contenerse o acabará preso. Eso sí, mis personajes están marcados psíquica y emocionalmente por haberse formado en condiciones de extrema violencia y en un caldo de cultivo de pobreza», cuenta el escritor.

Él mismo fue amenazado de muerte cuando publicó 'El asco' y aunque reside en Iowa (Estados Unidos), donde da clase en la universidad local, regresa a El Salvador. «No quiero saber quién me amenazó. No fue alguien de la droga ni de las pandillas. Fue la política, de izquierda o de derecha, no lo sé, porque El Salvador es un país en el que se amenaza de muerte muy fácilmente», explica Castellanos, que también ha metido el bisturí en las maras, los grupos de jóvenes armados que controlan las ciudades. «La mara se ha convertido en una institución, del crimen y la delincuencia, sí, pero una institución, que ha suplantado al Estado, la escuela, la familia. La mara da sentido de pertenencia e identidad a unos chicos que no la encuentran en otro lado. Es un fenómeno terrible porque saca a la luz Estados fracasados, y no hablo de este gobierno, sino de muchos años atrás».

«No quiero saber quién me amenazó. No fue alguien de la droga ni de las pandillas. Fue la política, de izquierda o de derecha, no lo sé, porque El Salvador es un país en el que se amenaza de muerte muy fácilmente»

Fue 'El asco' una obra revolucionaria, un cambio en el paradigma que se había establecido en los años 90 en la literatura latinoamericana. «'El asco' surgió como un ejercicio de estilo, como una liberación, y su publicación significó ganarme buenos lectores, pero también la enemistad de otros, que no supieron ver que era una obra de ficción. Las sociedades estaban intoxicadas por el género del testimonio. Cada cual que escribía, que había estado en un bando o en otro, contaba la verdad, 'su verdad'. Y por eso, cuando salió mi obra de ficción, la gente pensó que todo lo que decía el personaje de 'El asco' era mi opinión. Habíamos perdido la capacidad para la ficción», reflexiona.

Los sueños políticos que provocaron los conflictos latinoamericanos le producen a Castellanos, como mínimo, prevención. «Las utopías han traído más carnicerías que avances. Cambian la naturaleza humana, nuestro entorno, la tecnología y la ciencia, pero las sociedades y la naturaleza humana no cambian. Los que ganan una guerra civil siguen creyendo en las utopías y los que pierden, no. En cualquier caso, el final negociado del conflicto en El Salvador coincidió con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del comunismo europeo, así que fue una época de fin de las utopías», agrega.

Dice Castellanos que alguna vez ha escrito desde la rabia, entendida la rabia como una lucha «contra la injusticia, contra el ejercicio de la violencia impune de los poderosos, pero también una rabia existencial». ¿Rabia existencial? «La de saber que estoy en un planeta rodeado de gente que me quiere, pero desconectado de todo. Si miro hacia arriba, o cuando leo las noticias de astronomía, me pregunto cómo es posible estar solo aquí. Eso me da rabia», asevera.

«Las utopías han traído más carnicerías que avances. Cambian la naturaleza humana, nuestro entorno, la tecnología y la ciencia, pero las sociedades y la naturaleza humana no cambian»

También le da rabia la situación de los emigrantes en Estados Unidos, tanta que, bromea, no lee las noticias para que no se le agrie en el estómago el zumo del desayuno. «Igual que Zeledón, el protagonista de la novela, hay 200.000 salvadoreños acogidos al estatuto de residencia temporal, y eso lo ha quitado Trump. Durante 20 años, estos salvadoreños han vivido de manera legal y han creado empresas y familias y han tenido hijos. Y ahora les dicen que se acabó. Eso es bastante duro».

Castellanos es uno de los grandes nombres de una generación que, encabezada por el chileno Roberto Bolaño, se ha dado en llamar 'el segundo boom latinoamericano', un término que el salvadoreño acoge con cautela porque suena «a frase promocional o a frase de críticos de otras culturas que tratan de entender la estructura de la literatura latinoamericana». «Pero es cierto que con el primer boom, la literatura latinoamericana accedió a la mayoría de edad, y lo que ha venido después han sido olas que se pueden llamar de diferentes formas. En Estados Unidos, después de Bolaño, se publicó mucha literatura latinoamericana», explica el autor, que contactó con Bolaño en el año 2000, tras quedarse maravillado por 'Los detectives salvajes'. «Era un escritor tremendo. Un continente como Latinoamérica, que produce pasiones encontradas y violencia, tiene que generar una literatura intensa. Bolaño fue el abanderado de esas erupciones. Las sociedades planas son mucho mejores para el ser humano, pero en ellas, la literatura pierde».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos