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‘El duende del norte’ de J. M. Fernández Urbina

‘El duende del norte’ de J. M. Fernández Urbina

Un revolucionario de pacotilla muy venido a menos llega a Bilbao, donde conoce a una mujer aburrida de la vida

César Coca
CÉSAR COCA

‘El duende del norte’ se publicó hace ahora un cuarto de siglo. Reaparece en una nueva edición algo retocada pero que mantiene intacto el espíritu gamberro, la ironía y también, por qué no, una visión nostálgica por un Bilbao que ya no existe. Por fortuna, dirán muchos, aunque no se puede ignorar que aquella ciudad gris, envuelta con frecuencia en el humo de unas industrias desaparecidas y con una conflictividad social grande a consecuencia de la reconversión, tenía un atractivo especial como escenario literario. Porque no es lo mismo la vida que la literatura, de manera que las ciudades que más juego han dado para esta con frecuencia son aquellas en las que más dura resulta la existencia cotidiana. Sobran los ejemplos.

Lo que Fernández Urbina cuenta en esta novela es básicamente la historia de un día. Una jornada que comienza cuando el expreso en el que llega el protagonista, procedente de Madrid, hace su entrada en la estación de Abando, a las ocho de la mañana. Damián llega a Bilbao para trabajar con la izquierda abertzale, con la que se ha puesto en contacto gracias a un pasado antifranquista más bien cutre pero que le valió una condena a muerte –su delito más grave fue ser el pardillo más pardillo de un grupo de conspiradores carentes de la menor formación– que pronto quedó en nada. Se trata de un tipo desastrado, sin oficio ni beneficio, que presume de escritor de panfletos cuando nunca ha redactado una línea y que a los 40 años está aún por entrar en ese período de la vida que se llama madurez.

Durante horas camina perdido por una ciudad en la que apenas deja de llover, se ve envuelto en manifestaciones, corre delante de la Policía... y conoce a María Eugenia, dueña de un ruinoso estudio fotográfico pero que vive gracias a una jugosa renta heredada de sus padres. Ella ha perdido toda esperanza de encontrar a alguien con quien compartir su vida cuando tropieza con el más inverosímil aspirante a ese puesto.

El relato, que tiene mucho de caricatura –por momentos, recuerda a un Juan Bas un poco menos radical en su lenguaje y más recatado en el sexo–, es en el fondo una historia cargada de ternura sobre dos perdedores que saben unirse en la derrota para recuperar al menos una parte de su vida.

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