«Estoy dispuesto a partirme la cara para que se pueda votar, pero no sin democracia»

El exportavoz de Catalunya Sí Que Es Pot Joan Coscubiela, que acaba de publicar el libro 'Empantanados'./EFE
El exportavoz de Catalunya Sí Que Es Pot Joan Coscubiela, que acaba de publicar el libro 'Empantanados'. / EFE
Joan Coscubiela

El exdiputado de Catalunya Sí que es Pot en la pasada legislatura del Parlament aborda la situación política de Cataluña en el libro 'Empantanados'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El pasado 7 de septiembre, en un pleno del Parlamento catalán en el que la mayoría secesionista iba a aprobar la ley de transitoriedad que permitiría el referéndum del 1 de octubre, el portavoz de Catalunya Sí que es Pot, Joan Coscubiela (Barcelona, 1954), dijo basta. Él, defensor de un referéndum pactado, subió a la tribuna, llamó 'hooligan' a Puigdemont y clamó en la defensa de los derechos de la minoría. Los diputados de Ciudadanos, PSC y PP se levantaron de su asiento y aplaudieron a rabiar la intervención de Coscubiela, algo que no hicieron algunos de sus compañeros de la rama de Podemos en Cataluña. "Estoy dispuesto a partirme la cara para que se pueda votar, pero no sin democracia", asegura el veterano político, recién jubilado. Aquella dura sesión parlamentaria fue el punto de partida de 'Empantanados' (editorial Península), un análisis sobre la situación catalana.

"El error del independentismo es creer que estamos en un conflicto del siglo XIX, entre Cataluña y España. Pero no, ahora hay, como mínimo, cuatro actores: Cataluña, España, la Unión Europea y los mercados. Yo creo que el independentismo no es la solución para el reforzamiento de la democracia y para que los ciudadanos recuperen la soberanía perdida a manos de los mercados. No, porque cada frontera es una oportunidad para el el 'dumping', con más poder para los estados y menos para los mercados", explica.

Coscubiela no solo no reniega del término "equidistante", sino que lo utiliza como bandera de sus ideas políticas, en contraposición al pensamiento "inquisitorial" que detecta tanto entre los secesionistas como en los constitucionalistas. "Mucha gente se identifica con la equidistancia y cuando descubren que no están solos, se sienten aliviados", apunta Coscubiela.

Pese a su trayectoria vinculada al comunismo, como líder de Comisiones Obreras en Cataluña durante 13 años y como diputado de Iniciativa per Catalunya en el Congreso de los Diputados durante la legislatura 2011-2015, Coscubiela no rechaza que los diputados del PP en Cataluña le aplaudieran aquel 7 de septiembre. "Me he confrontado con esta gente en todo, fui el primero que denunció su corrupción y el primero que pidió un referéndum pactado, y tampoco les di la razón. Pero sí hice una defensa de los valores democráticos", recuerda el expolítico.

Una defensa que le granjeó duras críticas desde su propio partido, representadas en el exdiputado Albano Dante Fachín, y en algunos independentistas, como Gabriel Rufián, que dijo de Coscubiela: "es como el 'camarada' que iba hace 40 años con las manos sin callos a las casas de los obreros a decirles que mejor no hacer huelgas". Coscubiela, cuyo padre fue detenido por la policía franquista cuando él tenía once años, no se altera por las palabras de Rufián. "Dicen más del que insulta que del insultado. Rufián es un héroe del tuit, él cree que la batalla se tiene que dar en Twitter, pero no se da cuenta de que su fama dura menos que la de los cantantes de Eurovisión. No me duele. Yo lo que necesito es que mi gente, básicamente la de Comisiones Obreras, está bien conmigo, y de esa manera yo me voy a dormir muy tranquilo y me puedo mirar en el espejo".

"Lo otro es incómodo, pero nada más. El lenguaje de los héroes, los mártires, los traidores y los cobardes está bien para las series, pero no para la vida", agrega Coscubiela, que en cambio, reconoce que es duro ir por la calle y que le insulten "personas que solo me conocen por la Brunete mediática o por la Itaca mediática", en referencia a los grupos de comunicación extremos de ambos lados.

Coscubiela, corredor de maratones y hasta de ultramaratones, se considera un 'xava' de La Barceloneta, su barrio ("mi patria", dice él), y cuenta que estudiar desde pequeño le salvó de la delincuencia y de las drogas, donde cayeron muchos de sus compañeros.

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