El Guggenheim expone a Henri Michaux, el artista alucinado

Una mujer, frente a tres de las obras de Henri Michaux expuestas en el Guggenheim./Ignacio Pérez
Una mujer, frente a tres de las obras de Henri Michaux expuestas en el Guggenheim. / Ignacio Pérez

Fue el creador de un movimiento, el fantasmismo, un arte de apariciones y espectros con un solo miembro: él mismo

IÑAKI ESTEBAN

Empezó a tomar mescalina y otras drogas cuando tenía más cincuenta años. No era un adolescente rebelde sin conciencia de los riesgos. Lo hacía bajo la vigilancia de un equipo médicos entre los que estuvo Julián de Ajuriaguerra, neurólogo bilbaíno de prestigio internacional. Su objetivo consistía en constatar las alteraciones en el cerebro debido a las sustancias. Para ello, se oponía delante de una papel y dibujaba palabras y manchas que contorneaba. Hizo miles de experimentos de esa clase y al Guggenheim han llegado unas 200, contando con otro tipo de trabajos, para una exposición que se abrirá mañana al público.

Comisariada por Manuel Ciraqui, la muestra ha contado con la colaboración de los Archivos Henri Michaux, donde reposan buena parte de las obras de este artista inclasificable, asociado a los surrealistas pero que se mantuvo a distancia de ellos. Creó un movimiento, el fantasmismo, un arte de apariciones y espectros con un solo miembro: él mismo.

Como dijo el director general del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, Michaux vivió prácticamente todo el siglo XX. Nació en 1899 en un pueblo de Bélgica y murió en París en 1984. Bajo el título de 'Henri Michaux: el otro lado', la muestra incluye objetos de otras civilizaciones distintas a la occidental y un conjunto de instrumentos de su colección personal.

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